Nosotros, el pueblo. Anomia e identidad

Dr Roberto Antonio Punte *

1. El pueblo, sustento humano de la nación, puede ser mirado desde muchos ángulos, pero, normalmente, el primer significado es material o demográfico y por eso, la convocatoria epopéyica a "la gran masa del pueblo" viene a decir algo mucho más amplio que aquéllos grasitas o descamisados del 45, y puede ser leída hoy, desde la perspectiva de los Bicentenarios, para toda su realidad dinámica y en constante modificación, sujeto a enormes transformaciones desde los inicios de nuestro país hasta este transitorio presente. A la vez fuente de soberanía y actor, autor y destinatario de la organización nacional, tal como es citado en el artículo 33 y en el Preámbulo de la Constitución.-

 

Es el pueblo invocado ante el Cabildo el 25 de mayo, que, según la consigna histórica, quería saber de qué se trataba... el reiteradamente invocado en 1816, en los pactos de paz y de imperfecta unión de la etapa confederal, en fin, en casi todos los documentos patrios de relevancia.-

 

De ahí que, cuando se asienta la noción jurídico política de estado como organización social del pueblo y de su representación, debemos advertir cuanto ha habido en este correlato de tensiones cambiantes, alrededor de un eje inestable, una tendencia a repetir momentos de inadecuación entre la realidad social y su comprensión institucional, entre la vitalidad del pueblo, sus energías, sus aspiraciones, y los cursos o caminos que resultan de los liderazgos e instituciones políticas. La larga lucha de definición entre unitarios y federales no es sino el debate profundo sobre dos maneras de encauzar la vida del pueblo y las guerras civiles son el testimonio de los desacuerdos profundos que han existido en la sociedad y, como reflejo, en sus políticos.-

 

2. Estas situaciones se han repetido en el tiempo, y muchas veces se habló de la constitución como "un pedazo de papel", proponiéndole reformas, como respuesta al diagnóstico de inadecuación ante la distancia existente entre la vida del pueblo, y las estructuras políticas que pretendían encauzarla.-

 

Esto no excluye que en determinadas etapas se haya producido una concordia y espontáneo encolumnamiento de la mayoría, un aplacamiento de los debates y los enfrentamientos. No ha sido lo habitual, pero hay consenso sobre esas décadas en que así fue y, en tales momentos, la energía social debidamente encauzada puso de manifiesto una extraordinaria vitalidad nacional, que hoy es mirada con nostalgia.-

 

De ahí que probablemente una de las posibles conclusiones sea que hay esperanza de que ese tiempo de concordia entre las necesidades del pueblo y su energía, y las instituciones que los encaminen puede no estar tan lejano y pueda repetirse. Hay esta esperanza.-

 

Muchos dicen que esta oportunidad de los bicentenarios no da lugar a festejo alguno, y pienso que esta amarga crítica se funda en el error de confundir festejo con conmemoración. No estamos de fiesta, sino de ceremonia. Estas ceremonias patrióticas de recordación de nuestros muertos y del pasado, de homenaje a los héroes, deben ser tanto para los comunes que nos miran desde sus bronces, pero muchos más sobre nuestras trayectorias personales y familiares; un debido homenaje a las generaciones que están dentro nuestro y nos dieron sus mandatos, los lares cercanos, los familiares, nuestros padres, abuelos y antepasados, tanto los de sangre como los adquiridos por la adopción de la pertenencia a una historia y a una tradición, -o su "relato" como se quiere hoy decir para lo que viene a designar esto mismo – presente y viva, aún desde su negación. No consiste en soplar velitas, sino asumir el ritual de pasaje de un tiempo al otro; en nuestro caso rechazar la decadencia resignada, por replanteo y conversión, apoyándonos en nuestra irremediable verdad, lo que somos, para la iluminación de nuevos senderos. Muchos países han resurgido de enormes y terribles derrotas por este camino.-

 

Si trazáramos un paralelo entre las instituciones y el pueblo, veríamos pues momentos de acercamiento y otros de distancia.-

 

Por tanto, la revisión que se intenta no es para reinterpretar la misma realidad antigua y conocida, reescribiendo el relato para que reacomode al estar de ahora, sino para circunscribir el momento, para encontrar el tema de nuestro tiempo, de modo de poder construir el portal que nos permita salir al futuro.-

 

3. Hecha esta introducción, entraré al repaso de los cambios gigantescos sufrido por nosotros como pueblo, y aportar algún análisis sobre sus consecuencias.-

 

Ese pueblo moral es, en su esencia, población, casas, hogares, familias... por lo que un enfoque imprescindible para cualquier reflexión política lleva a analizar su realidad material o demográfica, sin la cual la unidad moral de "destino común en lo universal" no podría jamás llegar a existir.. Desde la perspectiva de los bicentenarios, es preciso mirar su conformación plural y dinámica y las enormes transformaciones sufridas. Esto, admitiendo que el concepto también a tratar abarca su unidad moral o cultural, que no se trata de uniformidad, sino de coincidencias, puesto que es válido pensar en una vasta pluralidad de individualidades y personas- recordemos cuando las poblaciones se contaban por almas -y esto significa mirar a la vez la disparidad, tanto como los aspectos de amalgama social que constituyen la red de contención y unión. Como dice el lema norteamericano e pluribus unum, de muchos, uno.-

 

Resulta inevitable invocar a Juan Bautista Alberdi, por su extraordinaria percepción de que, entre nosotros, "gobernar es poblar" (Bases- Cap. XXII). El eje conceptual de las Bases consiste en que no podía haber constitución sin población, pues no podría un desierto tener constitución. "Qué nombre le merece a este territorio de 200.000 leguas cuadradas donde un poco más de un millón de habitantes se deslíe como una gota de carmín en el Río Paraná… (Cap.XI). Que sería entonces la constitución, sino la constitución de un desierto… la mejor constitución para la República Argentina es aquella que hace que deje de ser un desierto (Cap.XXI)".-

 

Esto, no de cualquier modo. Decía entonces "la cuestión argentina de hoy, es la cuestión de la América del Sur, a saber: buscar un sistema de organización conveniente para obtener la población de sus desiertos con pobladores capaces de industria y libertad, para educar sus pueblos, no en las ciencias, no en la astronomía-esto sería ridículo por anticipado y prematuro- sino en la industria y en la libertad práctica". (Cap.XXIII).-

 

La elección de las normas adecuadas para esto no fue fácil, y tampoco lo es hoy, en que los problemas poblacionales siguen siendo una cuestión central de toda política razonable para nuestro país.-

 

En nuestra Constitución, el preámbulo asegura los beneficios del orden público y la libertad que ese mismo orden público hace posible, a todos los que quieran habitar en suelo argentino, siendo éste verbo de sentido equivalente a " poblar", esto es establecerse, con vivienda, negocios y familia. No es por tanto, una mera residencia, sino mucho más, la participación de la aventura nacional. Ya la primera ley de fomento 817, distinguía el inmigrante que venía a establecerse, respecto de los simples viajeros.-

 

Como en estos días está en debate precisamente en Europa la cuestión de las raíces, es oportuno aclarar que esto significaba enraizarnos en la cultura europea, en su modo de civilización de fundamento cristiano, no necesariamente católica, y de ahí la paralela apertura a la libertad de cultos. Esta era pues la inmigración preferida del constituyente, y esto se mantuvo largamente en el tiempo como política central. Debe tenerse presente que el ideal de progreso de la generación ilustrada se asentaba en el paradigma de la cultura francesa y la industria anglosajona.-

 

Pero, desde el mismo inicio, la realidad se apartó del referido paradigma pensado por Alberdi. Es cierto que nuestra inmigración fue preferentemente europea y mayormente cristiana, pero de países no sajones, en la que se insertaron otros, como ha sido la corriente de judíos centro europeos y luego los sefaradíes, así como los levantinos de raíz mahometana. Durante la segunda mitad del siglo veinte la migración ha venido desde países limítrofes y hubo también una fuerte emigración de nacionales.-

 

Favorecido por la explosión demográfica europea del siglo XIX, secuela de la revolución industrial, (Holanda se cuadruplico, España e Italia se duplicaron) se produjo entonces un fabuloso movimiento inmigratorio que representó el ingreso de más de 14 millones de personas en los próximos 70 años. Entre 1800 y 1935 se calcula que unos 70 millones europeos emigraron, fijándose fuera unos 47 millones y de estos las tres cuartas partes en América. Por ejemplo, de Italia salieron entre 1876 y 1940,9.600.000 personas de las cuales el 56% fueron a los Estados Unidos, el 26% a la Argentina y el 14% a Brasil. Estos extranjeros se concentraron principalmente en el litoral y en las ciudades. De modo que por más de 60 años los extranjeros en las edades adultas fueron casi el 70% en la ciudad de Buenos Aires, que concentraba casi el 25% de los habitantes y llegaba al 50% junto con las provincias litoraleñas de más peso demográfico y económico.-

 

La inmigración fue, entre nosotros, el resultado de un esfuerzo consciente de sustitución de la estructura colonial y de modificación sustancial de la composición de la población. El programa entonces políticamente correcto de la "organización nacional" pretendía de esta manera romper la "barbarie", y las formas tradicionales heredadas de España cambiando no sólo la estructura sino el elemento humano. Estaban de moda en aquel momento ideas de tipo racial en la tipificación del carácter nacional. No se trataba pues sólo de crear un estado moderno según el modelo norteamericano o europeo, sino de transformar la sociedad y sus hombres. El éxito coronó los esfuerzos -parcialmente- pero con un cúmulo de consecuencias no previstas. Las principales, de ruptura cultural y excesiva concentración demográfica en las ciudades del litoral.-

 

Para comparar: de los 90 años que van de 1870 a 1960, Estados Unidos creció cuatro veces, Brasil seis veces, Chile y Perú cuatro veces, y la Argentina diez.-

 

Por otra parte, el proceso de inculturación produjo un terrible choque en la población precedente. Ingresaron unas 14 millones de personas con un saldo de 6.400.000 entre 1852 y 1932. Este acto masivo de inmigración fue sobre una población local relativamente muy escasa. En Estados Unidos donde inmigraron en la misma época 32 millones de personas la proporción nunca pasó del 14% de extranjeros porque había ya unos 40 millones de ciudadanos. Aquí se superó el 30%. Esto es, la población de base que tenía que recibir a los inmigrantes era débil en la Argentina y mucho más poderosa en Estados Unidos, lo que explica que las secuelas de crisis cultural que esto trajo entre nosotros fueran mucho mayores. La base materiales de nuestra cultura y sociedad fueron alteradas por el cambio poblacional masivo, con una grave fractura de la tradición dentro del canal habitual de las familias. Este impacto además se relacionó con otros elementos de fractura cultural y de las normas de valores y conducta, tales como la educación pública, la urbanización y cambios técnicos así como ideologías en el siglo 20. Pero estos factores fueron comunes a muchos países, y lo diferente aquí fue el gran shock del cambio poblacional.-

 

Una reflexión que no debe perderse de vista, es que probablemente estén por producirse nuevas corrientes migratorias fuertes, equiparables a las de fines del siglo XIX. En consecuencia, no se debiera gobernar desaprensivamente, sin tener en cuenta la necesidad de determinar nuestra política demográfica, porque no basta con crecer, sino que es necesario hacerlo con la necesaria previsión sobre las consecuencias de los crecimientos. En una etapa en la cual una parte importante de la población está desempleada, y existen graves desequilibrios, la calidad del inmigrante esperado reviste una importancia fundamental y no puede ser dejada al azar de las corrientes migratorias, sin que al menos se piense en su contralor y canalización.-

 

Es que, hoy "poblar" como eje del gobierno requiere una relectura profunda del mencionado concepto. En el contexto de la constitución "poblar" se vincula con la directiva de asegurar el desarrollo humano con igualdad de oportunidades del art. 75 inc. 19., o sea el deber del Congreso de gobernar para el desarrollo humano, el desarrollo económico con justicia social, la productividad, la generación de empleo, la formación profesional, todo ello en un crecimiento armónico de la Nación para el poblamiento del territorio. Su obligación de establecer políticas diferenciadas que tiendan a equilibrar el nivel relativo de provincias y regiones.-

 

4. Considero inescindible este cambio poblacional, respecto de nuestra endémica crisis cultural en sus síntomas de incoherencia y anomia social, que sostengo es un emergente de estos sucesivos impactos en nuestra estructura poblacional, que se fueron reflejando en la ruptura de las escalas valorativas que regulan la convivencia.-

 

La población precedente, que había diseñado las instituciones y las vivía como propias pues eran el resultado de cuarenta años de luchas y enfrentamientos no pudo transmitir demasiado, por el agobio de las nuevas masas. Ya bastante fue lograr que los hijos de inmigrantes asumieran y se consideraran nacionales argentinos, lo que todos coinciden se debe a la férrea voluntad nacional de los vencedores y vencidos en Caseros, y las sucesivas combinación de la educación primaria obligatoria y el servicio militar, a lo que se sumó de modo más tardío la influencia unificadora de la Iglesia. Nicolás Shumway , escribió un libro –Invención de la Argentina , 1991 -en que, usando los conceptos posmodernos de construcción de la personalidad, señala que la identidad argentina es una construcción deliberada, un diseño inteligente, como política del Estado prolongada en el tiempo y exitosa, por la que, los descendientes de inmigrantes se sintieron parte integral del proceso, y adquirieron una identidad nacional, que no les era propia.-

 

Sin embargo, el ideal inmigrante era "hacer la América" y volver al terruño. De ahí que muchos efectivamente se volvieron; y los que quedaron mantuvieron ese objetivo de enriquecimiento rápido y ascenso social ("mi hijo el doctor").-

 

Pero así como la sociedad previa tuvo grandes dificultades en transmitir valores, tampoco pudieron los padres inmigrantes pasarlos a sus hijos, porque venían de otro mundo, y su experiencia vital no servía para la sobrevivencia en las nuevas tierras.-

 

Además quien deja su lar, lleva en sí un germen de fracaso y una frustración, y los hijos que aquí crecieron debieron formular sus propias reglas, o no tenerlas...Y esto es también válido para la segunda ola, la migración interna desde las provincias a la Capital; y para la tercera, desde los países limítrofes hacia aquí.-

 

De ahí nuestra anomia, terrible dificultad para lograr asentar pautas comunes de convivencia, que no sean perpetuamente invalidadas por la escapada individual, fruto de nuestra "viveza"... De ahí el asombro ante personas individualmente inteligentes y capaces, que resultan absolutamente incapacitadas para generar acciones en común que se prolonguen en el tiempo. Y por este camino es que se advierte que cualquier decisión de política es trascendente por su incidencia y repercusión en la cultura -entendida como regla y modos de convivencia- en los valores que la nutren y en definitiva, en el comportamiento cívico y político.-

 

Son muchas las reflexiones que han puesto de manifiesto que nuestra inestabilidad política y económica, la desconfianza y el cuestionamiento de las instituciones fundamentales, los prorrogados conflictos entre sectores sociales a veces en aguda disfunción (empresarios - sindicatos, centro o barrio, industria o campo, interior o capital), son manifestaciones de algo más profundo, quiebres, choques y contradicciones dentro de la cultura del convivir en la Argentina, y que existe una despareja y desenfocada identidad nacional, que aparece muy pocas veces, más ligada a los éxitos deportivos que a otras motivaciones.-

 

En toda civilización y cultura hay una base de tipo espiritual y ético. Un motor que impulsa a sus miembros a actuar, una explicación para la vida y para la muerte, escalas de valores, de amores y de fobias. En última instancia el saber cultural humano es que permite en cada tiempo distinguir lo importante de lo que no lo es, aprovechar lo que se piensa bueno, lo que sirve y mejora y discriminar y desechar lo negativo, lo inútil o dañino. Este trasfondo común de creencias y valores, el lenguaje mismo, son por su naturaleza misma algo comunicable y transmisible. Por tanto toda cultura es algo que se comunica, adquiere y trasmite de una generación a otra, como una tradición de saber, un acumulado capital de conocimientos, una comunidad de modos de ser en que cada individuo se inicia. De ahí que la cultura sea inseparable de las familias que lo trasmiten, de la educación en su sentido más amplio, esto es el proceso por el cual un modo de vivir es dado por la sociedad y adquirido por cada persona. Abarca la educación en sentido formal pero también lo que se trasmite de modo social por la convivencia con otros, por los medios de comunicación. La más elemental institución social introductoria, son las familias, donde se adquiere el lenguaje que es el primer modo de inserción en la cultura.-

 

Por tanto, cuando hablamos de crisis o decadencia, estamos sobre todo hablando de dificultades de identidad y sentido. Se trata de un daño, un pecado de origen en nuestro estilo de vida, en nuestro modo de relacionarlos, de comunicarnos e interactuar social y políticamente. Si nuestra crisis es a la vez política, en cuanto afecta los sistemas jurídicos y sociales, que regulan la convivencia, esta tiene en su fondo esta matriz cultural.-

 

Dado que vivir es convivir esto implica compartir valores, aunque sea en repertorios mínimos y otros vínculos que mantienen unida la sociedad. Sin ello se produce la anarquía, por pérdida de cualquier regla compartida y de gobierno comúnmente consentido; o sino la secesión, esto es la separación de un grupo respecto de otros. De ahí que ante una crisis global que afecta todas las manifestaciones de la vida argentina, sea de interés encontrar una trabazón o razón profunda que explique este hecho. Las explicaciones son siempre valiosas, para empezar a buscar el remedio de las rupturas.-

 

Muchos han constatado esta pérdida o rompimiento, total o sectorial, en el sentido de la comunidad de fines y valores. Esto ha sido achacado a una variedad de chivos expiatorios, la política y los políticos, el agotamiento de los proyectos del '53 o del '80, al golpe del 30 y restantes golpes militares, al modelo neoliberal o a la globalización, al deterioro de los términos de intercambio o a la dependencia, antes a la CEPAL, después al consenso de Washington o al FMI, a los Noventa, a la corrupción generalizada de los estamentos dirigentes y aún de la misma población.-

 

En definitiva como una multitud de causas que, analizadas cada una de ellas en sí mismas y por sectores aparecen como razonables, pero que son insatisfactorias y no guardan coherencia con otros aspectos de la historia. Un gran esfuerzo de comprensión fue hecho a través del proceso de revisión histórica, como búsqueda de la religación del presente con el pasado, tomando a la historia como "maestra de la vida", y procurando modificar los mitos de la historia liberal, y estigmatizando la extranjerización (afrancesamiento, anglofilia, yanquísmo, tercermundismo, globalización, según las épocas) por otros mitos que se pensaba fortalecerían el sentido de pertenencia, por adscripción a valores que se consideran mejores.-

 

No obstante esta explicación requiere otra previa y anterior, esto es, cual sea la razón de esta inestabilidad o ilegitimidad. Ahí se contesta que la ilegitimidad fundamental de las instituciones es que no se adecuan a la idiosincrasia nacional, por haber sido copiadas del extranjero. Pero este argumento merece la crítica de que las referidas instituciones tuvieron un periodo de validez y éxito, y además aún se reputan mayoritariamente como vallas o resguardos frente a la arbitrariedad y la tiranía.-

 

Cabe hacer una segunda acotación y es que la noción misma de crisis debe ser puesta en tela de juicio. Es insuficiente hablar de crisis, pues una crisis implica la alteración de una situación de estabilidad pre-existente seguida por una etapa de cambios que es vivida como compleja y difícil, y esto resulta claramente insuficiente, y por eso muchos hoy prefieren hablar simplemente de decadencia social e institucional.-

 

Puede aceptarse como hipótesis que hubo una gran continuidad institucional entre 1860-1930, que es valorada y vista como único proceso de crecimiento a pesar de estar sembrada de episodios conflictivos. Sin embargo es notorio que, con posterioridad a 1930, todas las situaciones se tomaron definitivamente inestables y transitorias. En el orden político, debe pensarse que ya desde La revolución de 1890 existía un cuestionamiento sustancial al régimen establecido en 1860 y solo los cambios en 1912 al sistema electoral, con el sufragio secreto y obligatorio, permitió que se prolongara el sistema hasta 1930. Pero no cabe duda que a partir de ese año- por mas que se tome en cuenta el impacto aquí de las crisis económica y política mundiales, que habían provocado graves y profundas transformaciones, en la mayoría de los países "modernos" de esa época- se produjo una ruptura nunca más arreglada, inaugurando etapas de progresivo divorcio entre la vida política y las normas que deben regirla.-

 

A partir de esa década, salvo cortos momentos de fortuna debidos a ventajas momentáneas en el comercio exterior agropecuario, se entró en un proceso doble de deterioro, en que en épocas lo económico se ponía peor que lo social, y en otras viceversa. Entramos al subdesarrollo que se intentó contrarrestar con planes económicos propios -el desarrollismo inspirado en la CEPAL, o claramente ajenos como las recetas del FMI o el monetarismo de la escuela de Chicago- o con procesos de revolución o reorganización que intentaban congelar la política, mientras se procuraba reconstruir lo económico social. Todos estos intentos concluyeron en resultados calamitosos, tanto económicos, como sociales y políticos. Cada plan de reconstrucción decayó rápidamente en espirales de estancamiento productivo, fuga de capitales, inflación, desempleo, aumento de la pobreza y la marginación. En el orden social, si no hubiera mediado una crisis tan grave, no hubiera sido posible ni el fenómeno subversivo- aunque esto admite una salvedad en cuanto tampoco hubiera ocurrido sin el factor exógeno, consistente en la "guerra fría" entre USA y la URSS­- ni la "guerra sucia" que la siguió. Hoy por hoy, la inestabilidad subsistente en la precaria normatividad restaurada, nos indica la permanencia de la crisis y del curso de la decadencia.-

 

Correlacionando estos cambios poblacionales con nuestra historia política, puede decirse que hubo una Republica originaria entre 1853 y 1916, en donde lo fundadores, de origen criollo principalmente, mantuvieron su hegemonía, y construyeron el proyecto nacional argentino. Pero, a diferencia del caso norteamericano, en que los grupos fundadores mantuvieron el control de la situación, aquí esto sufrió una súbita fractura, como consecuencia del fracaso de la manipulación política intentada a través de la ley Sáenz Peña. Esta ley, tan positiva en muchos aspectos, pues configura el eje de una revolución pacífica en la historia argentina, y la incorporación de tres millones de hijos de inmigrantes a la nueva identidad, como protagonistas políticos, fracasó en lo referente a la incorporación gradual y progresiva de estos a la clase gobernante-como era el plan- en la medida de su asimilación a la cultura previa dominante, y no el corte abrupto que resultó. No cabe duda que la ruptura del anterior proceso generado bajo el antiguo régimen; que se agravó en los años subsiguientes por los fracasados intentos de retomar el poder, por vías torcidas como el golpe militar de 1930 o el subsiguiente fraude patriótico- para colmo dentro de la ola de pobreza y desocupación generada por la crisis de 1929- contribuyeron al definitivo desprestigio y decadencia final de la clase política anterior.-

 

Ubico pues las raíces la inestabilidad política y económica, la desconfianza y el cuestionamiento de las instituciones fundamentales, tales como la educación, la administración de justicia, o la misma los prolongados conflictos entre sectores sociales; empresarios y sindicatos/agro e industria/campo y ciudad/interior vs. Capital; etc. en una crisis previa de la cultura argentina, en su sentido antropológico de modo de vida de un pueblo y valores que lo sustentan. Y que esta crisis tiene un fuerte contenido de anomia, con causal particulares, emergentes de una doble fuente, por una lado las secuelas del shock inmigratorio; y por otro una falta de respuesta política e institucional al mismo, entre otras razones, por errores de diagnostico e incomprensión de lo que estaba realmente pasando.-

 

5. La anomia es un síndrome cultural, y la cultura resulta algo inseparable de la educación, tomada esta en su sentido más amplio, en el sentido que los antropólogos llaman también "enculturación", esto es el proceso en que la cultura es dada por la sociedad y adquirida por el individuo. Esto abarca mucho más que la educación en sentido formal, pues se trata de como se reciben e incorporan el lenguaje, los conocimientos, actitudes y modos de conducta. La primera institución social que introduce al hombre en la cultura es la familia, que en nuestras sociedades se continua en forma organizada a través de sistemas, que van desde los jardines infantiles hasta la universidad.-

 

En "Un país al margen de la ley-estudio de la anomia como componente del subdesarrollo argentino"(1992), Carlos Santiago Nino , analiza el tema a partir de la fenomenología y categorización de la cuestión, en un libro sumamente valioso, que ubica su raíz en la tradición española de rebeldía, trasladada a las Indias a través del argumento de "se acata, pero no se cumple", sucedido luego por una inalterada tradición de violación institucional desleal y chicanera. Verifica un orden jurídico despedazado en un mosaico de regímenes de privilegio-al amparo del híper presidencialismo, la corporación de los empresarios-amigos, los privilegios sindicales, eclesiásticos o sectoriales etcétera.-, para concluir que toda nuestra tendencia a la ilegalidad o a la anomia tiene ejemplo e inspiración en el manejo del poder público. La insuficiencia de esta explicación invalida y vuelve carentes de atractivo a las recetas curativas, porque no convencen y esto ocurre, porque se advierte claramente el hecho que tanto autores como víctimas de la anomia son los mismos personajes, e integran la misma sociedad. O sea que hay algo común a ellos, que no se ha observado y dilucidado adecuadamente.-

 

El argumento que defiendo es que la raíz de la anomia y la dificultad de crear instituciones, es porque nuestra comunidad argentina ha sufrido la fractura enorme a través del cambio poblacional que quebró esa forma natural de comunicación, que es la tradición, sin que esto alcanzara a ser suplido por la educación formal. La perduración y reiteración de esto ha llevado en la actualidad a hablar más de decadencia que de crisis. Decadencia y amenaza de disgregación, de seguir los pasos de los estados "fallidos".-

 

El resultado de esta enorme inmigración no fue sólo como ingenuamente se dice a título de lugar común, la asimilación de los extranjeros al país, sino la marginación del nativo y su estructura social y su reemplazo por una nueva, aun en formación.-Ya en el "Martín Fierro", el "Santos Vega" y el "Fausto’ criollo" se advierte esto que los años posteriores vieron confirmar. Es cierto que desde el punto de vista económico esta gigantesca invasión de capital humano, unido al crecimiento del territorio (…conquista del desierto) y la introducción del alambrado, el ferrocarril y el buque frigorífico, implicó las bases de un enorme desarrollo, primero ganadero, luego también agrícola, y a partir de 1890 -especialmente con las guerras europeas- de carácter industrial. Durante toda la época de inmigración masiva que llega hasta 1930, es notoria la falta de participación política del inmigrante, por el muy bajo índice de ciudadanías adquiridas. Esto en razón que la Constitución daba derechos iguales, e incluso ventajas, al conservar la ciudadanía de origen. Se trataba por otra parte de inmigrantes que tampoco tomaban participación activa en la política de sus países y no la tomaron después aquí. Existía también, una ambivalencia en la elite gobernante que deseaba integrar a los inmigrantes, pero no coparticipar el poder. Si bien el extranjero podía votar en las municipalidades, debla nacionalizarse para las elecciones provinciales y nacionales, lo que no hacía.-

 

Lo cierto es que, según lo señalara Gino Germani, la participación política fue una parte del problema más general de la fusión de los componentes argentinos y extranjeros en una unidad nacional relativamente integrada. No cabe duda que es a partir de estas circunstancias que se generan las raíces más profundas de la crisis de la cultura nacional, que precisamente tiene como característica principal el de tener confuso el sistema de valores básico al que se adhiere. Esta enorme masa de inmigrantes tuvo efectos no solo económicos, o en la composición social de la población. También influyó en los aspectos materiales de la cultura, tales como los hábitos alimenticios sustituyendo en gran parte las costumbres criollas por la mesa italiana o española, incluso en sus horarios-, afectó la vivienda, el vestido, los hábitos de higiene, en los que tuvo importancia el período de conscripción, siendo que el Ejército, contó en su origen moderno y por muchos años con instructores alemanes, debido al prestigio de dicho país después de la victoria sobre Francia en 1870. Pero no solo esto, se ha señalado que nuestro castellano tiene acento italiano.-

 

A pesar que en su aspecto externo y más aparente, el país asimiló la inmigración, principalmente a través de dos instrumentos importantísimos, la escuela primarla obligatoria y el servicio de conscripción, haciendo de todos "argentinos", y logró esto sin -según algunos autores- "sufrir un cambio notable en el perfil de su escala formal de valores", lo cierto es que el impacto ha sido muy grande y produjo cambios cuyas consecuencias aún estamos sintiendo.-

 

Teniendo en común la cultura europea el lanzamiento de los inmigrantes a la nueva situación significó para cada uno la ruptura con la validez de sus pautas heredadas, que se vieron sometidas a las extremas tensiones de la lucha por la vida en un medio ajeno y relativamente hostil. Quienes inmigraron fueron muchas veces personas de baja extracción cultural, analfabetas, que en sus países de origen hablan vivido habitualmente dentro de sus contornos sociales y de acuerdo con pautas de valores que le venían dadas desde siglos. Al trasladarse a las nuevas tierras en forma tan masiva, esas pautas se fueron desdibujando y, si, de algún modo se mantuvieron en los padres, de ninguna manera pudieron ya transmitirse a los hijos.- La regla de oro fue enriquecerse lo más rápidamente posible, en un marco de prosperidad aparentemente ilimitada.- " hacer la américa", lo que da lugar a una intensa lucha por la vida, al desplazamiento de los que estaban, la frustración de los que fracasaron, el resentimiento en muchos.-

 

En el brusco corte generacional, la experiencia paterna resultaba absolutamente inútil para el hijo que debía enfrentarse con la realidad- del gran crecimiento, donde el afán e lucro y enriquecimiento rápido estaban dentro de las principales motivaciones.- Desgraciadamente este inmigrante así desarraigado, y desprovisto de pautas de conducta por esas varias razones, 'es decir, primero, porque la sociedad que los recibía no se las podía dar fácilmente por encontrarse bajo el enorme sacudón de la irrupción migratoria; en segundo lugar, por la inutilidad de las pautas paternas añadido al analfabetismo de los padres; se agrega cierto déficit de la educación liberal planeada por la Argentina para recibirlo. En efecto, la tradición educativa argentina, fundada por Sarmiento, tenía por principal objetivo una educación de tipo formal fundada en la instrucción y alfabetización de las masas pero sin dar contenido profundo, sin abrir, o mejor dicho, sin contestar los interrogantes fundamentales de orden cultural y de sentido que, como hemos visto más arriba, deben infundir toda tarea de enculturación y educación. Estas consideraciones también incluyen a la migración interna, del campo a las ciudades, o de los países limítrofes, pues en distinto grado se ven afectados por factores análogos. Es decir que: la tradición de pautas culturales por vía familiar quedó trunca. No se transmiten ni las antiguas del país ni las de la tierra natal. La educación laica y avalorativa, pensada para facilitar la inserción, completó esta fractura. No alcanzó con la "educación patriótica", sobre figuras de cartulina e imágenes de viejas glorias y hazañas para fundar un sistema de conductas para la vida cotidiana.-

 

El resultado ha sido la exacerbación de las tendencias individualistas que, en cierto modo, ya preexistían También de este se sigue un estado de confusión o incertidumbre en cuanto a las pautas y valores que deben regir. La conducta, pues si bien cada individuo participaba de los principios del cristianismo, que ha recibido de la familia, de la Iglesia y de la escuela, lo hace sin convicción sobre la validez de su aplicación a las circunstancias concretas de la vida, pues está desprovisto del habito que da la costumbre en la repetición de los actos virtuosos, y carece de fundamentos sólidos para sostenerlas racionalmente.- De ahí la versatilidad de las opiniones, la inestabilidad familiar, la tendencia a no cumplir los compromisos, siendo que antes era sagrada la palabra que se daba.- Esto se complementa con poco afecto o sentido de la responsabilidad, en particular respecto de las cosas comunes, que se viven como siendo cuestión de otros o ajenas.- Aquí se acentúa el aspecto de anomia en orden a la ética de la vida, distinguiéndose una moral pública de otra para uso privado, y siendo todavía más laxa la primera.- No se considera inmoral el contrabando, ni evadir los impuestos, ni ciertos negocios que pueden resultar posibles desde la función pública.-

 

6. En resumen, en la Argentina moderna sobresalen dos pautas culturales que son correlativas, el individualismo que se aísla y correlativamente se desliga de lazos delegando todos los poderes en un impersonal "estado" que no es tan anónimo, pues pasa a llevar los nombres y apellidos de la clase política oligárquica que lo coloniza. Estos rasgos estaban de algún modo en la cultura anterior al aluvión inmigratorio, pero no cabe duda que han venido a reforzarse y fijarse configurando la esencia de la dificultad nacional pare superar su situación y entrar en una nueva etapa, caracterizada por la creatividad, a integración y el crecimiento armónico.-

 

El resultado somos nosotros siempre con angustia por el riesgo de la división y el enfrentamiento……viviendo al borde de la disgregación y en pugna entre todos. Así ha quedado una sociedad compuesta de individuos, no dispuestos a tomar como propias las cosas comunes, y si a pensar que "otros", y principalmente el anónimo "Estado" - provisto de cambiantes nombres propios, a través de los "gobiernos", sujetos a rápidos ciclos de esplendor y caída-son los responsables de su situación actual, y como es obvio, de su progreso o malestar.- Con pocos valores compartidos, con falta de relaciones comprometidas en donde campea la "viveza", el "primerear" o el "ningunear" al otro por posible beneficio propio, mas aun si es a costa del anónimo y ajeno "Estado". El "no te metás", "yo, argentino", son y han sido lemas reconocidos como propios.- Este individualismo es por lo tanto irresponsable respecto del destino común del que pretende vivir.-

 

Tal se ve en la alienación del consumismo de los sectores ricos de las grandes ciudades, el deporte como espectáculo de masas, y no como ejercicio del juego concreto, la actitud de "irse del país", o la creencia mítica de que a último momento otro arreglará lo que se abandona a la ventura o se arreglara solo ("Este es un gran país", "Dios es criollo", "Acá nunca pasa nada"). También integran este espectro, las rea­cciones anárquicas de quienes dicen "Hay que tocar fondo" o "que se vayan todos". Una consecuencia constante es la dificultad permanente de mantener asociaciones voluntarias, que si no son amparadas por subsidios, tienden a disgregarse y desaparecer.- En suma, en este panorama de desinterés por las cosas comunes, priman los más fuertes, y sufre el conjunto.-

 

Así se da la constante puja entre grupos y sectores y muchas veces el comportamiento del Estado como un sector más.- Esto facilita la preponderancia de los grupos de interés, en las diferentes etapas de la vida pública. La imagen de la Argentina es la de un gran far-west donde febriles buscadores de oro, están a la espera del salvador sheriff armado, que los proteja a los unos de los otros. De ahí la coherencia de este individualismo con el hiperpresidencialismo y la dictadura.-

 

Dos caras de la anomia son pues tanto el individualismo como el gran estatismo desarrollado por la acentuada intervención del Estado en la vida social y personal...- Por supuesto el Estado no existe en abstracto sino que es compuesto por los mismos individuos que integran la sociedad o sea individuos ávidos de logar su riqueza personal en el más breve tiempo posible. El Estado es en la práctica una burocracia oligárquica y rentista; ampliada a todos los sectores estado-dependientes, que son los que dependen de franquicias o patentes para su vida, o sea antes los militares, hoy los sindicatos; siempre los contratistas públicos de cualquier servicio sean, transportes, radios, estaciones de TV o constructores de caminos o diques. De este modo toda esta inmensa maquinarla no es ya un instrumento del bien común, sino de las presiones de grandes y también, ¿por qué no? los más chicos y mezquinos intereses sectoriales.-

 

Considero que las bases materiales de nuestra cultura fueron alteradas por el cambio poblacional masivo y así se generó una fractura en la tradición de los valores dentro del canal de transmisión de las familias. De este modo se puede hablar de anomia y desinstitucionalización, manifestada en la incapacidad de autogobierno sectorial y global y en el caso de la sociedad política, la recurrencia reiterada al gobierno en emergencia, remedo de dictadura hoy denominada hiperpresidencialismo.-

 

Quiero que quede claro que al remarcar esta relación entre el cambio poblacional y la crisis de valores que afecta a nuestra sociedad, y por ende a nuestras instituciones, no pretendo -por vía implícita o por contraste- que quede la falsa impresión que nos hubiera ido mejor sin inmigración, sino advertir sobre estos hechos, para acentuar la necesidad de que toda superación del problema tenga nece­sariamente en cuenta la importancia de este aspecto.-

 

Pero esto obliga a respetar por secuencia lógica la consiguiente conclusión de que la revitalización en valores fundamentales que sean vividos y compartidos por todos como propios es una condición sine qua non para quebrar la tendencia declínate. Ni un milagro económico, ni la reunión de los juristas más aptos pueden salvar su ausencia; y, en cambio, a partir de ese consenso la autoridad que los represente se revestirá de los caracteres de la legitimidad cualquiera sea la forma política que adopte, y la vida social transcurrirá por carriles fluidos.-

 

Esto puede resumirse en la noción de que tan importante como las estructuras son los móviles que inspiran las conciencias de los hombres. Otro objetivo de este planteo es impugnar la interpretación lineal de la historia política argentina, basada en un pendularismo dicotómico, entre tesis y antítesis: unitarios o federales, civilización o barbarie, ilustración o caudillismo, foráneo o nacional, conservador o progresista radical, peronista o antiperonista, liberal o antiliberal; civiles o militares, democráticos o antidemocráticos, subversivos o represores. No se trata simplemente de formas, esto es curar la democracia con mas democracia, ni del triunfo de unos sobre otros, ni de un difícil sincretismo, ni de un pluralismo conviviente, sino de una nueva síntesis nacional, a través de la adhesión a valores compartidos que nos permitan admitir una cultura común, y a partir de ahí, un orden político común.-

 

En el campo de las conciencias no cabe duda que el primer paso es la comprensión de que formamos una nueva tradición, al ser una síntesis mestiza, a la vez europeos y americanos pero, por sobre todas las cosas, libres pero responsables de nuestras conductas. La materia del Estado está dada: el idioma, el espíritu, el territorio. La formalidad de las instituciones requiere una comunidad viva que las genere y sostenga. A su vez estas requieren un sistema político viable que las proyecte en la historia. Pueblo e instituciones se necesitan mutuamente, pero solo pueden consustanciarse en la unidad que dan los valores compartidos. El aporte de este análisis es pues llamar la atención sobre un ángulo conocido pero no suficientemente evaluado para la comprensión del problema del "estancamiento" o decadencia argentina. Es importante la noción de que no es la falta de virtud en los argentinos o su corrupción, lo que ha alimentado esta frustración y crisis continua.-

 

Conocimos un gran crecimiento que parecía incesante. Luego vino el tiempo de la confusión, y ahora entramos en la etapa de la síntesis entre los valores mantenidos y la nueva población: los neo-argentinos que somos nosotros. Podría decirse, como cierre, que hubo Argentina dejó de ser y está volviendo a ser, no "lo que fue" si no el "nosotros mismos" que el tiempo de hoy requiere.-

 

El siglo XXI nos enfrenta con estos problemas. En la etapa de la globalización, las búsquedas de identidad y pertenencia resultan más marcadas, y si falta una identidad argentina, cada sector buscará su propia identidad barrial, y hasta tribal, como se ve en mucho de los movimientos jóvenes. Mirando al pueblo de frente, en la conformación de los pueblos que lo integran, surge la gama posible de una sociedad extremadamente plural, y además, como se ha dicho marcadamente individualista. Cada individuo que toma posiciones de poder, va a estar movido también por esa codicia primordial, que lo lleva a la búsqueda de la fortuna transitando por las banquinas, al margen de las reglas. Todos tenemos adentro al Dr. Jekill y a Mr. Hide, como brillantemente lo noveló Stevenson. Esto no se reforma con cambios institucionales, como afiebradamente piensan algunos. Por el contrario, se trata sin duda de hacer funcionar las existentes, puesto que cuanto más cambios se hagan más se afianza la anomia. El exceso de reglamentarismo, obliga a la ruptura de las normas, de manera más corriente. Esto ya lo veía Alberdi, y tiene extensos párrafos en las bases dedicados a la maldad de legislar excesivamente.-

 

De ahí que la prudencia política hoy aconseja no innovar legislativamente, sino reforzar las instituciones existentes y hacerlas aplicar. Trabajar sobre los valores, y los liderazgos con conductas ejemplares que convoquen a su vez conductas seguimiento.-

 

Tenemos en la realidad del pueblo, una enorme masa de excluidos marginados, que han sido definidos como una bomba de tiempo, y cuya única educación ha surgido de las canchas, los piquetes y las patotas, de denostar al adversario y de usar la violencia en grupo. Por tanto partiendo de la regla de que la primera inclusión es el hogar, la familia, el trabajo, todas las políticas debieran orientarse en tal sentido. Cabe citar una vez aquellas estrofas del Martín Fierro, que a mi modo de ver sintetizan todas las políticas, la de seguridad, la de inclusión, la de desarrollo humano. Y dicen: debe el gaucho tener casa, escuela, iglesia y derechos. Esta será la única forma de que concluyan algún día estos enriedos malditos.-

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 


* Abogado - Egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Católica Argentina en 1966.-
Traductor Público Nacional (idioma inglés) - Egresado de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires en 1965.-
Mediador.

Director del Suplemento de Derecho Constitucional de elDial.com (www.eldial.com
  

 



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