1.
El
pueblo, sustento humano de la nación, puede ser mirado
desde muchos ángulos, pero, normalmente, el primer
significado es material o demográfico y por eso, la
convocatoria epopéyica a "la gran masa del pueblo"
viene a decir algo mucho más amplio que aquéllos
grasitas o descamisados del 45, y puede ser leída hoy,
desde la perspectiva de los Bicentenarios, para toda su
realidad dinámica y en constante modificación, sujeto a
enormes transformaciones desde los inicios de nuestro país
hasta este transitorio presente. A
la vez fuente de soberanía y actor, autor y destinatario
de la organización nacional, tal como es citado en el artículo
33 y en el Preámbulo de la Constitución.-
Es
el
pueblo invocado
ante el Cabildo el 25 de mayo, que, según la consigna
histórica, quería saber de qué se trataba... el
reiteradamente invocado en 1816, en los pactos de paz y de
imperfecta unión de la etapa confederal, en fin, en casi
todos los documentos patrios de relevancia.-
De
ahí que, cuando se asienta la noción jurídico política
de estado como organización social del pueblo y de su
representación, debemos advertir cuanto ha habido en este
correlato de tensiones cambiantes, alrededor de un eje
inestable, una tendencia a repetir momentos de inadecuación
entre la realidad social y su comprensión institucional,
entre la vitalidad del pueblo, sus energías, sus
aspiraciones, y los cursos o caminos que resultan de los
liderazgos e instituciones políticas. La larga lucha de
definición entre unitarios y federales no es sino el
debate profundo sobre dos maneras de encauzar la vida del
pueblo y las guerras civiles son el testimonio de los
desacuerdos profundos que han existido en la sociedad y,
como reflejo, en sus políticos.-
2.
Estas situaciones se han repetido en el tiempo, y muchas
veces se habló de la constitución como "un
pedazo de papel", proponiéndole reformas, como
respuesta al diagnóstico de inadecuación ante la
distancia existente entre la vida del pueblo, y las
estructuras políticas que pretendían encauzarla.-
Esto
no excluye que en determinadas etapas se haya producido
una concordia y espontáneo encolumnamiento de la mayoría,
un aplacamiento de los debates y los enfrentamientos. No
ha sido lo habitual, pero hay consenso sobre esas décadas
en que así fue y, en tales momentos, la energía social
debidamente encauzada puso de manifiesto una
extraordinaria vitalidad nacional, que hoy es mirada con
nostalgia.-
De
ahí que probablemente una de las posibles conclusiones
sea que hay esperanza de que ese tiempo de concordia entre
las necesidades del pueblo y su energía, y las
instituciones que los encaminen puede no estar tan lejano
y pueda repetirse. Hay esta esperanza.-
Muchos
dicen que esta oportunidad de los bicentenarios no da
lugar a festejo alguno, y pienso que esta amarga crítica
se funda en el error de confundir festejo con conmemoración.
No estamos de fiesta, sino de ceremonia. Estas ceremonias
patrióticas de recordación de nuestros muertos y del
pasado, de homenaje a los héroes, deben ser tanto para
los comunes que nos miran desde sus bronces, pero muchos más
sobre nuestras trayectorias personales y familiares; un
debido homenaje a las generaciones que están dentro
nuestro y nos dieron sus mandatos, los lares cercanos, los
familiares, nuestros padres, abuelos y antepasados, tanto
los de sangre como los adquiridos por la adopción de la
pertenencia a una historia y a una tradición, -o su
"relato" como se quiere hoy decir para lo que viene a
designar esto mismo – presente y viva, aún desde su
negación. No consiste en soplar velitas, sino asumir el
ritual de pasaje de un tiempo al otro; en nuestro caso
rechazar la decadencia resignada, por replanteo y conversión,
apoyándonos en nuestra irremediable verdad, lo que somos,
para la iluminación de nuevos senderos. Muchos países
han resurgido de enormes y terribles derrotas por este
camino.-
Si
trazáramos un paralelo entre las instituciones y el
pueblo, veríamos pues momentos de acercamiento y otros de
distancia.-
Por
tanto, la revisión que se intenta no es para
reinterpretar la misma realidad antigua y conocida,
reescribiendo el relato para que reacomode al estar de
ahora, sino para circunscribir el momento, para encontrar
el tema de nuestro tiempo, de modo de poder construir el
portal que nos permita salir al futuro.-
3.
Hecha esta introducción, entraré al repaso de los
cambios gigantescos sufrido por nosotros como pueblo, y
aportar algún análisis sobre sus consecuencias.-
Ese
pueblo moral es, en su esencia, población, casas,
hogares, familias... por lo que un enfoque imprescindible
para cualquier reflexión política lleva a analizar su
realidad material o demográfica, sin la cual la unidad
moral de "destino común en lo universal" no podría
jamás llegar a existir.. Desde la perspectiva de los
bicentenarios, es preciso mirar su conformación plural y
dinámica y las enormes transformaciones sufridas. Esto,
admitiendo que el concepto también a tratar abarca su
unidad moral o cultural, que no se trata de uniformidad,
sino de coincidencias, puesto que es válido pensar en una
vasta pluralidad de individualidades y personas-
recordemos cuando las poblaciones se contaban por almas -y
esto significa mirar a la vez la disparidad, tanto como
los aspectos de amalgama social que constituyen la red de
contención y unión. Como dice el lema norteamericano e
pluribus unum, de muchos, uno.-
Resulta
inevitable invocar a Juan Bautista Alberdi, por su
extraordinaria percepción de que, entre nosotros,
"gobernar es poblar" (Bases- Cap. XXII). El eje
conceptual de las Bases consiste en que no podía haber
constitución sin población, pues no podría un desierto
tener constitución. "Qué
nombre le merece a este territorio de 200.000 leguas
cuadradas donde un poco más de un millón de habitantes
se deslíe como una gota de carmín en el Río Paraná…
(Cap.XI). Que sería entonces la constitución, sino la
constitución de un desierto… la mejor constitución
para
la República Argentina
es aquella que hace que deje de ser un desierto
(Cap.XXI)".-
Esto,
no de cualquier modo. Decía entonces "la cuestión
argentina de hoy, es la cuestión de
la América
del Sur, a saber: buscar un sistema de organización
conveniente para obtener la población de sus desiertos
con pobladores capaces de industria y libertad, para
educar sus pueblos, no en las ciencias, no en la astronomía-esto
sería ridículo por anticipado y prematuro- sino en la
industria y en la libertad práctica". (Cap.XXIII).-
La
elección de las normas adecuadas para esto no fue fácil,
y tampoco lo es hoy, en que los problemas poblacionales
siguen siendo una cuestión central de toda política
razonable para nuestro país.-
En
nuestra Constitución, el preámbulo asegura los
beneficios del orden público y la libertad que ese mismo
orden público hace posible, a todos los que quieran
habitar en suelo argentino, siendo éste verbo de sentido
equivalente a " poblar", esto es establecerse,
con vivienda, negocios y familia. No es por tanto, una
mera residencia, sino mucho más, la participación de la
aventura nacional. Ya la primera ley de fomento 817,
distinguía el inmigrante que venía a establecerse,
respecto de los simples viajeros.-
Como
en estos días está en debate precisamente en Europa la
cuestión de las raíces, es oportuno aclarar que esto
significaba enraizarnos en la cultura europea, en su modo
de civilización de fundamento cristiano, no
necesariamente católica, y de ahí la paralela apertura a
la libertad de cultos. Esta era pues la inmigración
preferida del constituyente, y esto se mantuvo largamente
en el tiempo como política central. Debe tenerse presente
que el ideal de progreso de la generación ilustrada se
asentaba en el paradigma de la cultura francesa y la
industria anglosajona.-
Pero,
desde el mismo inicio, la realidad se apartó del referido
paradigma pensado por Alberdi. Es cierto que nuestra
inmigración fue preferentemente europea y mayormente
cristiana, pero de países no sajones, en la que se
insertaron otros, como ha sido la corriente de judíos
centro europeos y luego los sefaradíes, así como los
levantinos de raíz mahometana. Durante la segunda mitad
del siglo veinte la migración ha venido desde países limítrofes
y hubo también una fuerte emigración de nacionales.-
Favorecido
por la explosión demográfica europea del siglo XIX,
secuela de la revolución industrial, (Holanda se
cuadruplico, España e Italia se duplicaron) se produjo
entonces un fabuloso movimiento inmigratorio que representó
el ingreso de más de 14 millones de personas en los próximos
70 años. Entre 1800 y 1935 se calcula que unos 70
millones europeos emigraron, fijándose fuera unos 47
millones y de estos las tres cuartas partes en América.
Por ejemplo, de Italia salieron entre 1876 y
1940,9.600.000 personas de las cuales el 56% fueron a los
Estados Unidos, el 26% a
la Argentina
y el 14% a Brasil. Estos extranjeros se concentraron
principalmente en el litoral y en las ciudades. De modo
que por más de 60 años los extranjeros en las edades
adultas fueron casi el 70% en la ciudad de Buenos Aires,
que concentraba casi el 25% de los habitantes y llegaba al
50% junto con las provincias litoraleñas de más peso
demográfico y económico.-
La
inmigración fue, entre nosotros, el resultado de un
esfuerzo consciente de sustitución de la estructura
colonial y de modificación sustancial de la composición
de
la población. El
programa entonces políticamente correcto de la
"organización nacional" pretendía de esta
manera romper la "barbarie", y las formas
tradicionales heredadas de España cambiando no sólo la
estructura sino el elemento humano. Estaban de moda en
aquel momento ideas de tipo racial en la tipificación del
carácter nacional. No se trataba pues sólo de crear un
estado moderno según el modelo norteamericano o europeo,
sino de transformar la sociedad y sus hombres. El éxito
coronó los esfuerzos -parcialmente- pero con un cúmulo
de consecuencias no previstas. Las principales, de ruptura
cultural y excesiva concentración demográfica en las
ciudades del litoral.-
Para
comparar: de los 90 años que van de
1870 a
1960, Estados Unidos creció cuatro veces, Brasil seis
veces, Chile y Perú cuatro veces, y
la Argentina
diez.-
Por
otra parte, el proceso de inculturación produjo un
terrible choque en la población precedente. Ingresaron
unas 14 millones de personas con un saldo de 6.400.000
entre 1852 y 1932. Este acto masivo de inmigración fue
sobre una población local relativamente muy escasa. En
Estados Unidos donde inmigraron en la misma época 32
millones de personas la proporción nunca pasó del 14% de
extranjeros porque había ya unos 40 millones de
ciudadanos. Aquí se superó el 30%. Esto es, la población
de base que tenía que recibir a los inmigrantes era débil
en
la Argentina
y mucho más poderosa en Estados Unidos, lo que explica
que las secuelas de crisis cultural que esto trajo entre
nosotros fueran mucho mayores. La base materiales de
nuestra cultura y sociedad fueron alteradas por el cambio
poblacional masivo, con una grave fractura de la tradición
dentro del canal habitual de las familias. Este impacto
además se relacionó con otros elementos de fractura
cultural y de las normas de valores y conducta, tales como
la educación pública, la urbanización y cambios técnicos
así como ideologías en el siglo 20. Pero estos factores
fueron comunes a muchos países, y lo diferente aquí fue
el gran shock del cambio poblacional.-
Una
reflexión que no debe perderse de vista, es que
probablemente estén por producirse nuevas corrientes
migratorias fuertes, equiparables a las de fines del siglo
XIX. En consecuencia, no se debiera gobernar
desaprensivamente, sin tener en cuenta la necesidad de
determinar nuestra política demográfica, porque no basta
con crecer, sino que es necesario hacerlo con la necesaria
previsión sobre las consecuencias de los crecimientos. En
una etapa en la cual una parte importante de la población
está desempleada, y existen graves desequilibrios, la
calidad del inmigrante esperado reviste una importancia
fundamental y no puede ser dejada al azar de las
corrientes migratorias, sin que al menos se piense en su
contralor y canalización.-
Es
que, hoy "poblar" como eje del gobierno requiere una
relectura profunda del mencionado concepto. En el contexto
de la constitución "poblar" se vincula con la
directiva de asegurar el desarrollo humano con igualdad de
oportunidades del art. 75 inc. 19., o sea el deber del
Congreso de gobernar para el desarrollo humano, el
desarrollo económico con justicia social, la
productividad, la generación de empleo, la formación
profesional, todo ello en un crecimiento armónico de
la Nación
para el poblamiento del territorio. Su obligación de
establecer políticas diferenciadas que tiendan a
equilibrar el nivel relativo de provincias y regiones.-
4.
Considero inescindible este cambio poblacional, respecto
de nuestra endémica crisis cultural en sus síntomas de
incoherencia y anomia social, que sostengo es un emergente
de estos sucesivos impactos en nuestra estructura
poblacional, que se fueron reflejando en la ruptura de las
escalas valorativas que regulan la convivencia.-
La
población precedente, que había diseñado las
instituciones y las vivía como propias pues eran el
resultado de cuarenta años de luchas y enfrentamientos no
pudo transmitir demasiado, por el agobio de las nuevas
masas. Ya
bastante fue lograr que los hijos de inmigrantes asumieran
y se consideraran nacionales argentinos, lo que todos
coinciden se debe a la férrea voluntad nacional de los
vencedores y vencidos en Caseros, y las sucesivas
combinación de la educación primaria obligatoria y el
servicio militar, a lo que se sumó de modo más tardío
la influencia unificadora de
la Iglesia. Nicolás Shumway
, escribió un libro –Invención
de
la Argentina
, 1991 -en que, usando los conceptos posmodernos de
construcción de la personalidad, señala que la identidad
argentina es una construcción deliberada, un diseño
inteligente, como política del Estado prolongada en el
tiempo y exitosa, por la que, los descendientes de
inmigrantes se sintieron parte integral del proceso, y
adquirieron una identidad nacional, que no les era
propia.-
Sin
embargo, el ideal inmigrante era "hacer la América"
y volver al terruño. De ahí que muchos efectivamente se
volvieron; y los que
quedaron mantuvieron ese objetivo de enriquecimiento rápido
y ascenso social ("mi hijo el doctor").-
Pero
así como la sociedad previa tuvo grandes dificultades en
transmitir valores, tampoco pudieron los padres
inmigrantes pasarlos a sus hijos, porque venían de otro
mundo, y su experiencia vital no servía para la
sobrevivencia en las nuevas tierras.-
Además
quien deja su lar, lleva en sí un germen de fracaso y una
frustración, y
los hijos que aquí crecieron debieron formular sus
propias reglas, o no tenerlas...Y esto es también válido
para la segunda ola, la migración interna desde las
provincias a la Capital; y para la tercera, desde los países
limítrofes hacia aquí.-
De
ahí nuestra anomia, terrible dificultad para lograr
asentar pautas comunes de convivencia, que no sean
perpetuamente invalidadas por la escapada individual,
fruto de nuestra "viveza"... De ahí el asombro
ante personas individualmente inteligentes y capaces, que
resultan absolutamente incapacitadas para generar acciones
en común que se prolonguen en el tiempo. Y por este
camino es que se advierte que cualquier decisión de política
es trascendente por su incidencia y repercusión en la
cultura -entendida como regla y modos de convivencia- en
los valores que la nutren y en definitiva, en el
comportamiento cívico y político.-
Son
muchas las reflexiones que han puesto de manifiesto que
nuestra inestabilidad política y económica, la
desconfianza y el cuestionamiento de las instituciones
fundamentales, los prorrogados conflictos entre sectores
sociales a veces en aguda disfunción (empresarios -
sindicatos, centro o barrio, industria o campo,
interior o capital), son manifestaciones de algo más
profundo, quiebres, choques y contradicciones dentro de la
cultura del convivir en la Argentina, y que existe una
despareja y desenfocada identidad nacional, que aparece
muy pocas veces, más ligada a los éxitos deportivos que
a otras motivaciones.-
En
toda civilización y cultura hay una base de tipo
espiritual y ético. Un motor que impulsa a sus miembros a
actuar, una explicación para la vida y para la muerte,
escalas de valores, de amores y de fobias. En última
instancia el saber cultural humano es que permite en cada
tiempo distinguir lo importante de lo que no lo es,
aprovechar lo que se piensa bueno, lo que sirve y mejora y
discriminar y desechar lo negativo, lo inútil o dañino.
Este trasfondo común de creencias y valores, el lenguaje
mismo, son por su naturaleza misma algo comunicable y
transmisible. Por tanto toda cultura es algo que se
comunica, adquiere y trasmite de una generación a otra,
como una tradición de saber, un acumulado capital de
conocimientos, una comunidad de modos de ser en que cada
individuo se inicia. De ahí que la cultura sea
inseparable de las familias que lo trasmiten, de la
educación en su sentido más amplio, esto es el proceso
por el cual un modo de vivir es dado por la sociedad y
adquirido por cada persona. Abarca la educación en
sentido formal pero también lo que se trasmite de modo
social por la convivencia con otros, por los medios de
comunicación. La más elemental institución social
introductoria, son las familias, donde se adquiere el
lenguaje que es el primer modo de inserción en la
cultura.-
Por
tanto, cuando hablamos de crisis o decadencia, estamos
sobre todo hablando de dificultades de identidad y
sentido. Se trata de un daño, un pecado de origen en
nuestro estilo de vida, en nuestro modo de relacionarlos,
de comunicarnos e interactuar social y políticamente. Si
nuestra crisis es a la vez política, en cuanto afecta los
sistemas jurídicos y sociales, que regulan la
convivencia, esta tiene en su fondo esta matriz cultural.-
Dado
que vivir es
convivir esto implica compartir valores,
aunque sea en repertorios mínimos y otros vínculos que
mantienen unida la sociedad. Sin ello se produce la anarquía,
por pérdida de cualquier regla compartida y de gobierno
comúnmente consentido; o sino la secesión, esto es la
separación de un grupo respecto de otros. De ahí que
ante una crisis global que afecta todas las
manifestaciones de la vida argentina, sea de interés
encontrar una trabazón o razón profunda que explique
este hecho. Las explicaciones son siempre valiosas, para
empezar a buscar el remedio de las rupturas.-
Muchos
han constatado esta pérdida o rompimiento, total o
sectorial, en el sentido de la comunidad de fines y
valores. Esto ha sido achacado a una variedad de chivos
expiatorios, la política y los políticos, el
agotamiento
de los proyectos del '53 o del '80, al golpe del 30 y
restantes golpes militares, al modelo neoliberal o a la
globalización, al deterioro de los términos de
intercambio o a la dependencia, antes a la CEPAL, después
al consenso de Washington o al FMI, a los Noventa, a la
corrupción generalizada de los estamentos dirigentes y aún
de la misma población.-
En
definitiva como una multitud de causas que, analizadas
cada una de ellas en sí mismas y por sectores aparecen
como razonables, pero que son insatisfactorias y no
guardan coherencia con otros aspectos de la historia. Un
gran esfuerzo de comprensión fue hecho a través del
proceso de revisión
histórica, como búsqueda de la religación
del presente con el pasado, tomando a la historia como
"maestra de la vida", y procurando modificar los
mitos de la historia liberal, y estigmatizando la
extranjerización (afrancesamiento, anglofilia, yanquísmo,
tercermundismo, globalización, según las épocas) por
otros mitos que se pensaba fortalecerían el sentido de
pertenencia, por adscripción a valores que se consideran
mejores.-
No
obstante esta explicación requiere otra previa y
anterior, esto es, cual sea la razón de esta
inestabilidad o ilegitimidad. Ahí se contesta que la
ilegitimidad fundamental de las instituciones es que no se
adecuan a la idiosincrasia nacional, por haber sido
copiadas del extranjero. Pero este argumento merece
la crítica de que las referidas instituciones tuvieron un
periodo de validez y éxito, y además aún se reputan
mayoritariamente como vallas o resguardos frente a la
arbitrariedad y la tiranía.-
Cabe
hacer una segunda acotación y es que la noción misma de
crisis debe ser puesta en tela de juicio. Es insuficiente
hablar de crisis, pues una crisis implica la alteración
de una situación de estabilidad pre-existente seguida por
una etapa de cambios que es vivida como compleja y difícil,
y esto resulta claramente insuficiente, y por eso muchos
hoy prefieren hablar simplemente de decadencia social e
institucional.-
Puede
aceptarse como hipótesis que hubo una gran continuidad
institucional entre 1860-1930, que es valorada y vista
como único proceso de crecimiento a pesar de estar
sembrada de episodios conflictivos. Sin embargo es notorio
que, con posterioridad a 1930, todas las situaciones se
tomaron definitivamente inestables y transitorias. En el
orden político, debe pensarse que ya desde La revolución
de 1890 existía un cuestionamiento sustancial al régimen
establecido en 1860 y solo los cambios en 1912 al sistema
electoral, con el sufragio secreto y obligatorio, permitió
que se prolongara el sistema hasta 1930. Pero no cabe duda
que a partir de ese año- por mas que se tome en cuenta el
impacto aquí de las crisis económica y política
mundiales, que habían provocado graves y profundas
transformaciones, en la mayoría de los países
"modernos" de esa época- se produjo una ruptura nunca
más arreglada, inaugurando etapas de progresivo divorcio
entre la vida política y las normas que deben regirla.-
A
partir de esa década, salvo cortos momentos de fortuna
debidos a ventajas momentáneas en el comercio exterior
agropecuario, se entró en un proceso doble de deterioro,
en que en épocas lo económico se ponía peor que lo
social, y en otras viceversa. Entramos al subdesarrollo
que se intentó contrarrestar con planes económicos
propios -el desarrollismo inspirado en la CEPAL, o
claramente ajenos como las recetas del FMI o el
monetarismo de la escuela de Chicago- o con procesos de
revolución o reorganización que intentaban congelar la
política, mientras se procuraba reconstruir lo económico
social. Todos estos intentos concluyeron en resultados
calamitosos, tanto económicos, como sociales y políticos.
Cada plan de reconstrucción decayó rápidamente en
espirales de estancamiento productivo, fuga de capitales,
inflación, desempleo, aumento de la pobreza y
la marginación. En
el orden social, si no hubiera mediado una crisis tan
grave, no hubiera sido posible ni el fenómeno subversivo-
aunque esto admite una salvedad en cuanto tampoco hubiera
ocurrido sin el factor exógeno, consistente en la
"guerra fría" entre USA y la URSS- ni la
"guerra sucia" que la siguió. Hoy por hoy, la
inestabilidad subsistente en la precaria normatividad
restaurada, nos indica la permanencia de la crisis y del
curso de la decadencia.-
Correlacionando
estos cambios poblacionales con nuestra historia política,
puede decirse que hubo una Republica originaria entre 1853
y 1916, en donde lo fundadores, de origen criollo
principalmente, mantuvieron su hegemonía, y construyeron
el proyecto nacional argentino. Pero, a diferencia del
caso norteamericano, en que los grupos fundadores
mantuvieron el control de la situación, aquí esto sufrió
una súbita fractura, como consecuencia del fracaso de la
manipulación política intentada a través de
la ley Sáenz Peña. Esta
ley, tan positiva en muchos aspectos, pues configura el
eje de una revolución pacífica en la historia argentina,
y la incorporación de tres millones de hijos de
inmigrantes a la nueva identidad, como protagonistas políticos,
fracasó en lo referente a la incorporación gradual y
progresiva de estos a la clase gobernante-como era el
plan- en la medida de su asimilación a la cultura previa
dominante, y no el corte abrupto que resultó. No
cabe duda que la ruptura del anterior proceso generado
bajo el antiguo régimen; que se agravó en los años
subsiguientes por los fracasados intentos de retomar el
poder, por vías torcidas como el golpe militar de 1930 o
el subsiguiente fraude patriótico- para colmo dentro de
la ola de pobreza y desocupación generada por la crisis
de 1929- contribuyeron al definitivo desprestigio y
decadencia final de la clase política anterior.-
Ubico
pues las raíces la inestabilidad política y económica,
la desconfianza y el cuestionamiento de las instituciones
fundamentales, tales como la educación, la administración
de justicia, o la misma los prolongados conflictos entre
sectores sociales; empresarios y sindicatos/agro e industria/campo
y ciudad/interior vs. Capital; etc. en una crisis previa
de la cultura argentina, en su sentido antropológico de
modo de vida de un pueblo y valores que lo sustentan. Y
que esta crisis tiene un fuerte contenido de anomia,
con causal particulares, emergentes de una doble
fuente, por una lado las
secuelas del shock inmigratorio; y por otro una falta de
respuesta política e institucional al mismo, entre otras
razones, por errores de diagnostico e incomprensión de lo
que estaba realmente pasando.-
5.
La anomia es un síndrome cultural, y la cultura resulta
algo inseparable de la educación, tomada esta en su
sentido más amplio, en el sentido que los antropólogos
llaman también "enculturación", esto es el
proceso en que la cultura es dada por la sociedad y
adquirida por el individuo. Esto abarca mucho más que la
educación en sentido formal, pues se trata de como se
reciben e incorporan el lenguaje, los conocimientos,
actitudes y modos de conducta. La primera institución
social que introduce al hombre en la cultura es la
familia, que en nuestras sociedades se continua en forma
organizada a través de sistemas, que van desde los
jardines infantiles hasta la universidad.-
En
"Un país al
margen de la ley-estudio de la anomia como componente del
subdesarrollo argentino"(1992),
Carlos Santiago Nino
, analiza el tema a partir de la fenomenología y
categorización de la cuestión, en un libro sumamente
valioso, que ubica su raíz en la tradición española de
rebeldía, trasladada a las Indias a través del argumento
de "se acata, pero no se cumple", sucedido luego
por una inalterada tradición de violación institucional
desleal y chicanera. Verifica un orden jurídico
despedazado en un mosaico de regímenes de privilegio-al
amparo del híper presidencialismo, la corporación de los
empresarios-amigos, los privilegios sindicales, eclesiásticos
o sectoriales etcétera.-, para concluir que toda nuestra
tendencia a la ilegalidad o a la anomia tiene ejemplo e
inspiración en el manejo del poder público. La
insuficiencia de esta explicación invalida y vuelve
carentes de atractivo a las recetas curativas, porque no
convencen y esto ocurre, porque se advierte claramente el
hecho que tanto autores como víctimas de la anomia son
los mismos personajes, e integran la misma sociedad. O sea
que hay algo común a ellos, que no se ha observado y
dilucidado adecuadamente.-
El
argumento que defiendo es que la raíz de la anomia y la
dificultad de crear instituciones, es porque nuestra
comunidad argentina ha sufrido la fractura enorme a través
del cambio poblacional que quebró esa forma natural de
comunicación, que es la tradición, sin que esto
alcanzara a ser suplido por la educación formal. La
perduración y reiteración de esto ha llevado en la
actualidad a hablar más de decadencia que de crisis.
Decadencia y amenaza de disgregación, de seguir los pasos
de los estados "fallidos".-
El
resultado de esta enorme inmigración no fue sólo como
ingenuamente se dice a título de lugar común, la
asimilación de los extranjeros al país, sino la
marginación del nativo y su estructura social y su
reemplazo por una nueva, aun en formación.-Ya en el
"Martín Fierro", el "Santos Vega" y el
"Fausto’ criollo" se advierte esto que los años
posteriores vieron confirmar. Es cierto que desde el punto
de vista económico esta gigantesca invasión de capital
humano, unido al crecimiento del territorio (…conquista
del desierto) y la introducción del alambrado, el
ferrocarril y el buque frigorífico, implicó las bases de
un enorme desarrollo, primero ganadero, luego también agrícola,
y a partir de 1890 -especialmente con las guerras
europeas- de carácter industrial. Durante toda la época
de inmigración masiva que llega hasta 1930, es notoria la
falta de participación política del inmigrante, por el
muy bajo índice de ciudadanías adquiridas. Esto en razón
que la Constitución daba derechos iguales, e incluso
ventajas, al conservar la ciudadanía de origen. Se
trataba por otra parte de inmigrantes que tampoco tomaban
participación activa en la política de sus países y no
la tomaron después aquí. Existía también, una
ambivalencia en la elite gobernante que deseaba integrar
a los inmigrantes, pero no coparticipar el poder. Si bien
el extranjero podía votar en las municipalidades, debla
nacionalizarse para las elecciones provinciales y
nacionales, lo que no hacía.-
Lo
cierto es que, según lo señalara Gino Germani, la
participación política fue una parte del problema más
general de la fusión de los componentes argentinos y
extranjeros en una unidad nacional relativamente
integrada. No cabe duda que es a partir de estas
circunstancias que se generan las raíces más profundas
de la crisis de la cultura nacional, que precisamente
tiene como característica principal el de tener confuso
el sistema de valores básico al que se adhiere. Esta
enorme masa de inmigrantes tuvo efectos no solo económicos,
o en la composición social de
la población. También
influyó en los aspectos materiales de la cultura, tales
como los hábitos alimenticios sustituyendo en gran parte
las costumbres criollas por la mesa italiana o española,
incluso en sus horarios-, afectó la vivienda, el vestido,
los hábitos de higiene, en los que tuvo importancia el
período de conscripción, siendo que el Ejército, contó
en su origen moderno y por muchos años con instructores
alemanes, debido al prestigio de dicho país después de
la victoria sobre Francia en 1870. Pero no solo esto, se
ha señalado que nuestro castellano tiene acento
italiano.-
A
pesar que en su aspecto externo y más aparente, el país
asimiló la inmigración, principalmente a través de dos
instrumentos importantísimos, la escuela primarla
obligatoria y el servicio de conscripción, haciendo de
todos "argentinos", y logró esto sin -según
algunos autores- "sufrir un cambio notable en el
perfil de su escala formal de valores", lo cierto es
que el impacto ha sido muy grande y produjo cambios cuyas
consecuencias aún estamos sintiendo.-
Teniendo
en común la cultura europea el lanzamiento de los
inmigrantes a la nueva situación significó para cada uno
la ruptura con la validez de sus pautas heredadas, que se
vieron sometidas a las extremas tensiones de la lucha por
la vida en un medio ajeno y relativamente hostil. Quienes
inmigraron fueron muchas veces personas de baja extracción
cultural, analfabetas, que en sus países de origen hablan
vivido habitualmente dentro de sus contornos sociales y de
acuerdo con pautas de valores que le venían dadas desde
siglos. Al trasladarse a las nuevas tierras en forma tan
masiva, esas pautas se fueron desdibujando y, si, de algún
modo se mantuvieron en los padres, de ninguna manera
pudieron ya transmitirse a los hijos.- La regla de oro fue
enriquecerse lo más rápidamente posible, en un marco de
prosperidad aparentemente ilimitada.- " hacer la américa",
lo que da lugar a una intensa lucha por la vida, al
desplazamiento de los que estaban, la frustración de los
que fracasaron, el resentimiento en muchos.-
En
el brusco corte generacional, la experiencia paterna
resultaba absolutamente inútil para el hijo que debía enfrentarse
con la realidad- del gran crecimiento, donde el afán e
lucro y enriquecimiento rápido estaban dentro de las
principales motivaciones.- Desgraciadamente este inmigrante
así desarraigado, y desprovisto de pautas de conducta por
esas varias razones, 'es decir, primero, porque la
sociedad que los recibía no se las podía dar fácilmente
por encontrarse bajo el enorme sacudón de la irrupción
migratoria; en segundo lugar, por la inutilidad de las
pautas paternas añadido al analfabetismo de los padres;
se agrega cierto déficit de la educación liberal
planeada por la Argentina para recibirlo. En efecto, la
tradición educativa argentina, fundada por Sarmiento, tenía
por principal objetivo una educación de tipo formal
fundada en la instrucción y alfabetización de las masas
pero sin dar contenido profundo, sin abrir, o mejor dicho,
sin contestar los interrogantes fundamentales de orden
cultural y de sentido que, como hemos visto más arriba, deben infundir toda
tarea de enculturación y educación. Estas
consideraciones también incluyen a la migración interna,
del campo a las ciudades, o de los países limítrofes,
pues en distinto grado se ven afectados por
factores análogos. Es decir que: la tradición de pautas
culturales por vía familiar quedó trunca. No se
transmiten ni las antiguas del país ni las de la tierra
natal. La educación laica y avalorativa, pensada para
facilitar la inserción, completó esta fractura. No
alcanzó con la "educación patriótica", sobre
figuras de cartulina e imágenes de viejas glorias y hazañas
para fundar un sistema de conductas para la vida
cotidiana.-
El
resultado ha sido la exacerbación de las tendencias
individualistas que, en cierto modo, ya preexistían También
de este se sigue un estado de confusión o incertidumbre
en cuanto a las pautas y valores que deben regir. La
conducta, pues si bien cada individuo participaba de los
principios del cristianismo, que ha recibido de la
familia, de la Iglesia y de la escuela, lo hace sin
convicción sobre la validez de su aplicación a las
circunstancias concretas de la vida, pues está
desprovisto del habito que da la costumbre en la
repetición de los actos virtuosos, y carece de
fundamentos sólidos para sostenerlas racionalmente.- De
ahí la versatilidad de las opiniones, la inestabilidad
familiar, la tendencia a no cumplir los
compromisos, siendo que antes era sagrada la palabra que
se daba.- Esto se complementa con poco afecto o sentido de
la responsabilidad, en particular respecto de las cosas
comunes, que se viven como siendo cuestión de otros o
ajenas.- Aquí se acentúa el aspecto de anomia en orden a la ética de la vida,
distinguiéndose una moral pública de otra para uso
privado, y siendo todavía más laxa
la primera.- No
se considera inmoral el contrabando, ni evadir los
impuestos, ni ciertos negocios que pueden resultar
posibles desde la función pública.-
6.
En
resumen, en la Argentina moderna sobresalen dos pautas
culturales que son correlativas, el individualismo que se
aísla y correlativamente se desliga de lazos delegando
todos los poderes en un impersonal "estado" que no es
tan anónimo, pues pasa a llevar los nombres y apellidos
de la clase política oligárquica que lo coloniza. Estos
rasgos estaban de algún modo en la cultura anterior al
aluvión inmigratorio, pero no cabe duda que han venido a
reforzarse y fijarse configurando la esencia de la
dificultad nacional pare superar su situación y entrar en
una nueva etapa, caracterizada por la creatividad, a
integración y el crecimiento armónico.-
El
resultado somos nosotros siempre con angustia por el
riesgo de la división y el enfrentamiento……viviendo
al borde de la disgregación y en pugna entre todos. Así
ha quedado una sociedad compuesta de individuos, no
dispuestos a tomar como propias las cosas comunes, y si a
pensar que "otros", y principalmente el anónimo
"Estado" - provisto de cambiantes nombres
propios, a través de los "gobiernos", sujetos a rápidos
ciclos de esplendor y caída-son los responsables de su
situación actual, y como es obvio, de su progreso o
malestar.-
Con pocos valores compartidos, con falta de relaciones
comprometidas en donde campea la "viveza", el
"primerear" o el "ningunear" al otro
por posible beneficio propio, mas aun si es a costa del anónimo
y ajeno "Estado". El "no te metás",
"yo, argentino", son y han sido lemas reconocidos
como propios.- Este individualismo es por lo tanto
irresponsable respecto del destino común del que pretende
vivir.-
Tal
se ve en la alienación del consumismo de los sectores
ricos de las grandes ciudades, el deporte como espectáculo
de masas, y no como ejercicio del juego concreto, la
actitud de "irse del país", o la creencia mítica
de que a último momento otro arreglará lo que se
abandona a la ventura o se arreglara solo ("Este es
un gran país", "Dios es criollo", "Acá
nunca pasa nada"). También integran este espectro,
las reacciones anárquicas de quienes dicen "Hay
que tocar fondo" o "que se vayan todos". Una
consecuencia constante es la dificultad permanente de
mantener asociaciones voluntarias, que si no son amparadas
por subsidios, tienden a disgregarse y desaparecer.- En
suma, en este panorama de desinterés por las cosas
comunes, priman los más fuertes, y sufre el conjunto.-
Así
se da la constante puja entre grupos y sectores y muchas
veces el comportamiento del Estado como un sector más.-
Esto facilita la preponderancia de los grupos de interés,
en las diferentes etapas de la vida pública.
La imagen de la Argentina es la de un gran far-west donde
febriles buscadores de oro, están a la espera del
salvador sheriff armado, que los proteja a los unos de los
otros. De ahí la coherencia de este individualismo con el
hiperpresidencialismo y la dictadura.-
Dos
caras de la anomia son pues tanto el individualismo como
el gran estatismo desarrollado por la acentuada intervención
del Estado en la vida social y personal...- Por supuesto
el Estado no existe en abstracto sino que es compuesto por
los mismos individuos que integran la sociedad o sea
individuos ávidos de logar su riqueza personal en el más
breve tiempo posible. El Estado es en la práctica una
burocracia oligárquica y rentista; ampliada a todos los
sectores estado-dependientes, que son los que dependen de
franquicias o patentes para su vida, o sea antes los
militares, hoy los sindicatos; siempre los contratistas públicos
de cualquier servicio sean, transportes, radios,
estaciones de TV o constructores de caminos o diques. De
este modo toda esta inmensa maquinarla no es ya un
instrumento del bien común, sino de las presiones de
grandes y también, ¿por qué no? los más chicos y
mezquinos intereses sectoriales.-
Considero
que las bases materiales de nuestra cultura fueron
alteradas por el cambio poblacional masivo y así se generó
una fractura en la tradición de los valores dentro del
canal de transmisión de las familias. De este modo se
puede hablar de anomia y desinstitucionalización,
manifestada en la incapacidad de autogobierno
sectorial y global y en el caso de la sociedad política,
la recurrencia reiterada al gobierno en emergencia, remedo
de dictadura hoy denominada hiperpresidencialismo.-
Quiero
que quede claro que al remarcar esta relación entre el
cambio poblacional y la crisis de valores que afecta a
nuestra sociedad, y por ende a nuestras instituciones, no
pretendo -por vía implícita o por contraste- que quede
la falsa impresión que nos hubiera ido mejor sin
inmigración, sino advertir sobre estos hechos, para
acentuar la necesidad de que toda superación del problema
tenga necesariamente en cuenta la importancia de este
aspecto.-
Pero
esto obliga a respetar por secuencia lógica la
consiguiente conclusión de que la revitalización en
valores fundamentales que sean vividos y compartidos por
todos como propios es una condición sine
qua non para quebrar la tendencia declínate. Ni un
milagro económico, ni la reunión de los juristas más
aptos pueden salvar su ausencia; y, en cambio, a partir de
ese consenso la autoridad que los represente se revestirá
de los caracteres de la legitimidad cualquiera sea la
forma política que adopte, y la vida social transcurrirá
por carriles fluidos.-
Esto
puede resumirse en la noción de que tan importante como
las estructuras son los móviles que inspiran las
conciencias de los hombres. Otro objetivo de este planteo
es impugnar la interpretación lineal de la historia política
argentina, basada en un pendularismo dicotómico, entre
tesis y antítesis: unitarios o federales, civilización o
barbarie, ilustración o caudillismo, foráneo o nacional,
conservador o progresista radical, peronista o
antiperonista, liberal o antiliberal; civiles o militares,
democráticos o antidemocráticos, subversivos o
represores. No se trata simplemente de formas, esto es
curar la democracia con mas democracia, ni del triunfo de
unos sobre otros, ni de un difícil sincretismo, ni de un
pluralismo conviviente, sino de una nueva síntesis
nacional, a través de la adhesión a valores compartidos
que nos permitan admitir una cultura común, y a partir de
ahí, un orden político común.-
En el campo de
las conciencias no cabe duda que el primer paso es la
comprensión de que formamos una nueva tradición, al ser
una síntesis mestiza, a la vez europeos y americanos
pero, por sobre todas las cosas, libres pero responsables
de nuestras conductas. La materia del Estado está dada:
el idioma, el espíritu, el territorio. La formalidad de
las instituciones requiere una comunidad viva que las
genere y sostenga. A su vez estas requieren un sistema político
viable que las proyecte en
la historia. Pueblo
e instituciones se necesitan mutuamente, pero solo pueden
consustanciarse en la unidad que dan los valores
compartidos. El aporte de este análisis es pues llamar la
atención sobre un ángulo conocido pero no
suficientemente evaluado para la comprensión del problema
del "estancamiento" o decadencia argentina. Es
importante la noción de que no es la falta de virtud en
los argentinos o su corrupción, lo que ha alimentado esta
frustración y crisis continua.-
Conocimos
un gran crecimiento que parecía incesante. Luego vino el
tiempo de la confusión, y ahora entramos en la etapa de
la síntesis entre los valores mantenidos y la nueva
población: los neo-argentinos que somos nosotros. Podría
decirse, como cierre, que hubo Argentina dejó de ser y
está volviendo a ser, no "lo que fue" si no el
"nosotros mismos" que el tiempo de hoy
requiere.-
El
siglo XXI nos enfrenta con estos problemas. En la etapa de
la globalización, las búsquedas de identidad y
pertenencia resultan más marcadas, y si falta una
identidad argentina, cada sector buscará su propia
identidad barrial, y hasta tribal, como se ve en mucho de
los movimientos jóvenes. Mirando al pueblo de frente, en
la conformación de los pueblos que lo integran, surge la
gama posible de una sociedad extremadamente plural, y además,
como se ha dicho marcadamente individualista. Cada
individuo que toma posiciones de poder, va a estar movido
también por esa codicia primordial, que lo lleva a la búsqueda
de la fortuna transitando por las banquinas, al margen de
las reglas. Todos tenemos adentro al Dr. Jekill y a Mr.
Hide, como brillantemente lo noveló Stevenson. Esto no se
reforma con cambios institucionales, como afiebradamente
piensan algunos. Por el contrario, se trata sin duda de
hacer funcionar las existentes, puesto que cuanto más
cambios se hagan más se afianza la anomia. El exceso de
reglamentarismo, obliga a la ruptura de las normas, de
manera más corriente.
Esto ya lo veía Alberdi, y tiene extensos párrafos en
las bases dedicados a la maldad de legislar
excesivamente.-
De
ahí que la prudencia política hoy aconseja no innovar
legislativamente, sino reforzar las instituciones
existentes y hacerlas aplicar. Trabajar sobre los valores,
y los liderazgos con conductas ejemplares que convoquen a
su vez conductas seguimiento.-
Tenemos
en la realidad del pueblo, una enorme masa de excluidos
marginados, que han sido definidos como una bomba de
tiempo, y cuya única educación ha surgido de las
canchas, los piquetes y las patotas, de denostar al
adversario y de usar la violencia en grupo. Por tanto
partiendo de la regla de que la primera inclusión es el
hogar, la familia, el trabajo, todas las políticas
debieran orientarse en tal sentido. Cabe citar una vez
aquellas estrofas del Martín Fierro, que a mi modo de ver
sintetizan todas las políticas, la de seguridad, la de
inclusión, la de desarrollo humano. Y dicen: debe el
gaucho tener casa, escuela, iglesia y derechos. Esta
será la única forma de que concluyan
algún día estos enriedos malditos.-