No
todos están de acuerdo en que el 25 de Mayo se quiso
forjar la emancipación e independencia de nuestra Patria,
protagonizando así una genuina revolución que nos sacara
de las instituciones y el oscurantismo colonial para
constituir un Estado moderno que creara
la República
sobre la base del reconocimiento de la soberanía del
pueblo en la elección de sus representantes para la gestión
de Gobierno.-
Hasta
lo critican, señalando que fue producto de un grupo de
vecinos inspirados en la preservación de sus privilegios
que quisieron conservar estas tierras para la corona española,
jaqueada por la invasión napoleónica y las propuestas
del iluminismo.-
Pocos
son los que se acuerdan de las ideas y las actitudes de
Belgrano, Moreno, Castelli, Paso y demás patriotas que a
pesar de las dificultades internas y externas quisieron
instalar
la Primera Junta
en un escalonamiento de objetivos que nos llevara a la
declaración de la independencia formal de
la Metrópoli
, constituyendo un sistema de derecho para preservar los
bienes jurídicos y realizar el valor justicia, con políticas
y objetivos claros en beneficios de toda la sociedad.-
No
obstante, cabe recordar que es allí donde se comenzaron a
pergeñar las normas de derecho concebidas como garantías
para los ciudadanos, limitando las prerrogativas de los
gobernantes y aceptando las restricciones a la libertad de
los seres humanos conocidos como iguales con parámetros
de racionalidad, dentro un esquema donde la pérdida de
derechos es admitida para permitir la convivencia.-
Por
eso hubo también la decisión de recomendar la separación
de poderes, la libertad de prensa, la renovación periódica
de los mandatos de los gobernantes y una preocupación por
garantizar el ejercicio de la coerción y la fuerza a través
de órganos judiciales independientes e imparciales, al
menos en la configuración de los documentos que
administraba el nuevo orden institucional y pretendían
alcanzar vigencia real en la vida cotidiana.-
Es
bueno verificar entonces si durante la proyección de
estos 200 años los argentinos hemos aprovechado el tiempo
para profundizar esa visión embrionaria del Estado de
Derecho que hiciera realidad los anhelos de todo un
pueblo, sin exclusiones ni marginaciones, en un marco de
encuentro y compromiso de todos los sectores, sin
distinciones partidarias, sociales o de riqueza.-
Lo
esencial sería poder ponderar que ese ideario de mayo
cristalizó en
la República Democrática
, que como crisol de razas y con un progreso económico
constante fue ejemplo del mundo en su crecimiento
sostenido a fines del Siglo XIX y comienzos del XX.-
Sin
embargo, en vez de ello y como una paradoja del destino,
la calidad institucional ha disminuido al extremo insólito,
so pretexto de conseguir una acumulación constante de
poder, vacía de contenido progresista y, para beneficiar
a unos pocos, en desmedro de quienes son adversarios o no
se someten a los poderosos de turno.-
Hoy
nadie duda de la hegemonía del Poder Ejecutivo por sobre
los Poderes Legislativos y Judicial, lo cual rompe la base
del régimen republicano y evita el clima de diálogo, las
discusiones fructíferas en ámbitos habilitados para la
construcción duradera de los objetivos y de las medidas
que trasciendan a los que las dicten y se proyecten a las
generaciones futuras.-
Muchos
dudan de la justicia independiente, impartida e imparcial
a partir de casos glamorosos donde la actividad de
investigación disminuye o se acelera en la medida que los
destinatarios de las mismas están en el poder o son
desalojados del mismo. Se ve a algunos jueces y fiscales
como punta de lanza de oposiciones destinadas al
desprestigio de los opositores de turno.-
El
descreimiento ciudadano se incrementa porque se posterga
el dictado de leyes esenciales sin haber razón para no
estudiarlas y sancionarlas, a la vez que rige a partir de
la Nueva Constitución
de 1994 para
la Nación
y de las otras constituciones provinciales reformadas un
esquema de restricción de las posibilidades de avanzar
por los funcionarios estatales sobre los derechos y
libertades de las personas, con una constelación de
garantías reconocidas para ser evitado, pero que en
concreto se tornan abstractos para la mayoría de la
población que no dispone de medios a fin de hacerlos
realidad y lograr los beneficios de
la Democracia
liberal y de una Administración de Justicia rápida,
eficiente y que se pronuncie con equidad en los conflictos
sometidos a su consideración sin posiciones
distorsionantes.-
Por
lo tanto, el panorama no es aragüeño y de no revertirse
esta tendencia nefasta, los años sucesivos hasta el
Tricentenario futuro nos encontrará divididos en disputas
intrascendentes, empeorando la situación y ahondando los
problemas de las mayorías empobrecidas, las desigualdades
sociales y la carencia de una identidad nacional orientada
a la consecución de objetivos básicos que sean
considerados como relevantes para todos.-
Precisamente
estas reflexiones tienden a aportar con optimismo
constructivo, tratando así de revertir esas tendencias
autoritarias y despóticas, en medio de los hálitos de
festejos sin contenido y donde hay una suerte de
competencia conmemorativa vacía, que debe reemplazarse
por actos concretos y contundentes, tratando de consolidar
esfuerzos solidarios y superar las crisis con altivez y
respeto a los principios básicos del Estado de Derecho a
fin de hacer honor al sentimiento de nuestros próceres.-