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   EDICION CORDOBA - SUPLEMENTO PENAL - Editoriales   
   

EL "CORRALITO", LA CORTE, LA CRISIS: DESINTEGRACIÓN SOCIAL?

 

 

Finalmente, el Máximo Tribunal de la Nación, declaró la inconstitucionalidad de las restricciones oportunamente dispuestas para el retiro de los depósitos bancarios. El fallo ha sido calificado, por medios periodísticos y hasta por el mismo Poder Ejecutivo, como una suerte de “detonante” de la “bomba” que representa, según expresiones del Presidente, el denominado “corralito”.

 

Intentar un análisis del fallo evidencia, una vez más, que el Derecho no es sólo normas. En efecto, desde una óptica estrictamente jurídica y exenta de valoración económica y social, aparece claramente que las restricciones implementadas conforman una vulneración definitiva de derechos constitucionalmente reconocidos. Más allá de la “emergencia”; más allá de que la “modalidad” impuesta sea la normal y habitual para otros países, denominados “desarrollados”.

 

Es que el fallo no es estrictamente jurídico, entendido el calificativo bajo la ya mentada y perimida visión de la normatividad. El fallo es político; con mayor precisión: agonalmente político. Viene a reflejar una lucha de poderes que hoy, lamentablemente, no está limitada a los Poderes Institucionalizados, sino que está expandida a todo el contexto social y a todos sus integrantes.

 

La Corte se “ajusta” a las “normas”, respondiendo con ello al reclamo de los ahorristas caceroleros y a los políticos que promueven su destitución. Los medios de información y el propio gobierno, otorgan al fallo mayor trascendencia de la que efectivamente tiene: la resolución de un caso concreto y sin importar una modificación de las facultades de las que goza el Banco Central de la República Argentina. Huelga resaltar que, aún después del fallo, en poco o nada se modifica la crisis financiera (en algunos casos económica) por la que atraviesan las entidades bancarias; así como tampoco los ahorristas obtendrán los fondos depositados. Es decir, todo sigue reducido a la etapa agonal de la política, aclarando que agonal debe identificarse con “lucha”, pero que no hace sino reflejar la “agonía”.

 

Es que mientras los operadores políticos (incluyendo a la Corte) disputan “su lucha”, la comunidad argentina está agónica, próxima a la muerte y sin medicamentos para curarla.

La cura no surgirá de una “fórmula mágica”, ni de “apoyo” externo, ni de destituciones o juicios políticos; así como tampoco de cacerolazos. Hoy la comunidad argentina está desintegrada. En una desintegración donde los integrantes y sus representantes se dedican a “luchar” por su porción de poder. En contradicción, enseña Finnis, que “se ha de decir que existe un grupo, en el sentido relevante, trátese de un equipo, un club, una sociedad, una empresa, una corporación o una comunidad, dondequiera que haya, por un lapso de tiempo apreciable, una coordinación de actividad entre un cierto número de personas, bajo formas de interacciones, y con vistas a un objetivo compartido”.[1]

 

La gravedad de la situación sólo está disimulada por su no aceptación. No lo acepta el Gobierno, promoviendo juicios políticos y no proponiendo un plan factible y creíble; no lo acepta la Corte, resolviendo sin valorar los efectos expansivos de su decisión; no lo acepta la “gente”, reclamando soluciones que hoy no son posibles.

 

La “lucha” actual, sólo conducirá a más “lucha”. Para evitarla, es menester que se depongan las actitudes hostiles y se comparta un objetivo, de tal manera que todos los miembros de la comunidad coordinen su actuación hacia al mismo. En tanto ello no ocurra y se mantenga la preferencia por los intereses individuales, continuará la desintegración; de allí a la guerra hay sólo un paso.



[1] “Ley Natural y Derechos Naturales”, p. 182.




 

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