Suplemento Doctrina

Resumen de la Doctrina

Una bomba de tiempo en la economía argentina y como terminar con ella

Por Juan José Guaresti (nieto)

“Si a un título le falta algún dato esencial, no existe como obligación. A estas lebacs les falta lo principal: Su aprobación por el Congreso. En consecuencia, no existen. Sus propietarios lo único que tienen es un derecho aparente creado por funcionarios que debían saber que no tenían facultades para hacer lo que hicieron. (…) Es muy difícil sostener que a los miles de tenedores de lebacs no haya que darles nada porque su título no es válido, cuando a cambio de las lebacs entregaron dinero a quien parecía tener atribuciones para recibir aquel. No puede ser no asumir la deuda… aunque no estaría mal que también se tuviera en cuenta al fijar las nuevas condiciones de la operación que los acreedores sabían o debían saber que la negociación en la cual participaban y de la cual esperaban una ganancia, era ilegal. (…) Parecería lógico que, sustancialmente, el capital de los acreedores sea respetado, que reciban un interés periódicamente y que, en un tiempo razonable, lo que pusieron se les devuelva sustancialmente en las condiciones que el Congreso resuelva, teniendo en cuenta que el nuestro es un país en una pésima situación financiera… Atentas las circunstancias y lo escaso del tiempo disponible no hay más remedio que proponer que el Poder Ejecutivo con la premura del caso, dicte un decreto de necesidad y urgencia, suspenda los pagos, brinde algún marco legal y técnico provisorio sobre el tema y convoque al Congreso a dar la palabra final sobre este asunto. No se puede seguir pagando lo que no se tiene. Ad imposibilia nemo tenetur. (Nadie está obligado a hacer lo imposible).”



Citar: elDial.com - DC2575

Publicado el 13/07/2018

Copyright 2018 - elDial.com - editorial albrematica - Tucumán 1440 (1050) - Ciudad Autónoma de Buenos Aires ? Argentina


Texto Completo

Una bomba de tiempo en la economía argentina y como terminar con ella

 

Por Juan José Guaresti (nieto)(*)

 

La Argentina ha conseguido acumular una deuda colosal -equivalente a unos 53.600 millones de dólares, según cálculos que explicaremos abajo- en obligaciones del Banco Central denominadas “lebac”  cuya creación surge de la Comunicación interna B 7543 del año 2002, de aquella institución. Esos títulos se colocan en plaza en el público en general. Su adquisición la estimulaban los corredores sosteniendo que era muy seguro su cobro porque el interés y el principal los pagaba quien emitía la moneda y además los plazos eran muy cortos y su retribución generosa. No es tan fácil conseguir títulos que paguen intereses en tan corto tiempo y con tal grado de liquidez. Su prestigio y su mercado se agrandó con el tiempo y en las postrimerías del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner sirvió de maravilla para retirar moneda de la plaza, que su Administración emitía a troche y moche para pagar el déficit fiscal en la medida en que los economistas lo miden, o sea,  la cantidad de moneda que ingresa a las arcas oficiales versus la que sale. Según la ecuación de Fischer, si hay más moneda que bienes, los precios suben y aquí ocurría esto, aquel gobierno apeló a una idea que les pareció “genial”:Utilizar en gran escala la emisión de lebacs para colocarlas en el público y retirar circulante de los bolsillos en donde sobraba.  En especial, su propósito era desviar aquel de la ventanilla del dólar y evitar que subiera. Esta estratagema dejaba intactos todas las fuentes de inflación, no corregía nada, pero disimulaba sus efectos.  El costo del “camuflage” era altísimo …pero ello no les importaba en la medida que como había menos circulante, el dólar no alcanzaba su nivel real y no empujaba la suba de precios. Cuando se produjo el cambio de Administración, el 10 de Diciembre de 2015, legaron al Gobierno entrante una deuda de 350.000 millones de lebacs que si tomamos el precio del dólar libre del 30/12/15 de $ 13,43 cada uno, se trataba de un “obsequio” equivalente a 26.061 millones de dólares de deuda a corto plazo. Para poder seguir adelante con el relato de manera que se entienda a donde apuntamos, vamos a hacer una digresión de orden constitucional.

 

EL BANCO CENTRAL NO PUEDE EMITIR DEUDAS. SOLAMENTE EL CONGRESO NACIONAL PUEDE CONTRAERLAS.

 

La República Argentina es tal cosa, porque su Gobierno está dividido en tres poderes según su Constitución y, aún más, esa investidura está a su vez segmentada en los órdenes nacional, provincial y municipal lo que se supone constituye una barrera contra el despotismo.  La prensa libre, asimismo, garantiza el correcto funcionamiento de las instituciones mencionadas. La Constitución de la cual hablábamos establece en su artículo 4to. que el tesoro nacional está formado entre otros ingresos por el producido de los empréstitos y operaciones de crédito que decrete el mismo Congreso.   En esa virtud, le corresponde al Congreso de acuerdo al artículo 75, inciso 4to. “Contraer empréstitos de dinero sobe el crédito de la Nación” y en el artículo 75, inciso 8 “Fijar anualmente, conforme a las pautas establecidas en el tercer párrafo del inciso 2 de este artículo, el presupuesto general de gastos y cálculo de recursos de la administración nacional….”. Está claro que solamente el Congreso puede contraer créditos y disponer gastos, LOS CUALES DEBEN FIGURAR EN EL PRESUPUESTO NACIONAL. El hecho que el Banco Central haya emitido deuda contra el crédito de la Nación emitiendo esas obligaciones denominadas lebacs, implicó una usurpación de las funciones del Congreso incompatible con la Constitución Nacional y con el espíritu republicano que dio origen a nuestra patria, que se sustenta en la división de los poderes del gobierno en Legislativo, Ejecutivo y Judicial y que ninguno de ellos avance sobre los otros.

El origen espúreo de las lebacs decreta su nulidad porque se trata de obligaciones no creadas por el Poder Legislativo. El Banco Central, como la Tesorería Nacional, no tienen facultades para endeudar a la República. Contraer deudas, como crear impuestos, presuponen un amplio debate público y el directorio del Banco Central de controversia pública no tiene nada. El Congreso Nacional estuvo reunido durante esos años en forma normal de manera que no hubo impedimento alguno para que se dictara a su respecto la legislación que avalara dentro del sistema institucional la creación de las lebacs fijándoles monto, tasa de interés y fechas de vencimiento. Está claro que se eludió conscientemente al sistema republicano y se ingresó en un modelo fascista.

 

EL NUEVO GOBIERNO DEBIÓ RECHAZAR ESAS DEUDAS ILEGALES.

 

El Banco Central, integrado por un nuevo directorio, debió advertir al Congreso Nacional -que en parte había renovado su elenco-, la impresionante carga que se le había transferido y su origen ilegal, pero no ocurrió así. Quienes crearon las lebacs habían tratado que no recayera la luz pública sobre la fuente de su creación. La sola mención de su monto traducido a dólares y los intereses que devengan, con pago a corto plazo, demuestran lo gravoso que son estas obligaciones. Estas circunstancias unidas a su insustentable estirpe, obligaban a acudir al Congreso Nacional tal cual este quedó conformado el 10/12/15, para que su situación fuera regularizada. El Banco Central en su nueva integración y constatada la magnitud de ese pasivo, debió reaccionar con total decisión y premura. La deuda era nula porque el órgano que la creó no tenía facultades para contraerla lo que jurídicamente tornaba -por lo menos discutibles- los reclamos en caso en que no fuera pagada. En atención a que después de todo, el Estado Nacional estaba vinculado a ese pasivo, se podría haber presentado al Congreso un proyecto de ley asumiendo su pago en la medida de las posibilidades dado que la Nación al 10/12/15 estaba en quiebra. Se podría haber reducido sus intereses y alargado considerablemente los plazos de pago, y manteniendo de alguna forma creíble, el valor del crédito de los  acreedores,  quiénes alguna responsabilidad tenían en cuanto adquirieron, sabiendo o debiendo saber, que se estaban beneficiando de una  obligación ilegal.

 

EL BANCO CENTRAL EN LUGAR DE TOMAR ALGUNA MEDIDA PARA PRESERVAR EL PATRIMONIO NACIONAL Y LA VIGENCIA DE LAS INSTITUCIONES REPUBLICANAS HIZO SUYA LA IDEA DE LAS LEBACS Y PROSIGUIÓ EMITIÉNDOLAS BAJO LA ACTUAL ADMINISTRACION.

 

En la actualidad (8/6/18) se calcula que en plaza hay un billón 300.000 millones de lebacs emitidos con fechas de vencimiento en su mayor parte a corto plazo. El 15 Mayo pasado vencieron unos 680.000 millones de lebacs (o sea que a 25 $ por dólar, se renovaron el equivalente de 27.200 millones de dólar) de una manera muy poco recomendable porque la tasa de interés llegó al 40% (en algunos casos algo más) y se utilizaron parte de los efectivos mínimos de los bancos sustituyéndolos con lebacs, según informaciones periodísticas. Los efectivos mínimos que son la porción no prestable de los depósitos de los particulares, no están remunerados usualmente, de manera que en la medida en que se utilicen las lebacs en su lugar, el costo para el país será de un 40% anual de las cifras involucradas y un maravilloso ingreso para las instituciones bancarias. Sería importante que esta cifra sea conocida y no ocultada a la población en general y en especial a los sectores de menores ingresos que no saben cómo hacer para pagar la reestructuración tarifaria.

El 19 de Junio próximo vencen unos 660.000 millones de lebacs lo que son el equivalente de 26.400 millones de dólares que probablemente se renueven a la tasa de interés del 40%, dado que el Presidente del Banco Central ha dicho que por un tiempo esa es la tasa a la cual se va a operar. Entendemos que esta tasa alucinante se ha establecido para “calmar” al dólar. Posiblemente lo que ocurra es que si no se les paga esa tasa o algo parecido, los tenedores de las lebacs, exijan sus pesos y compren dólares a $ 25 cada uno o el que resulte del mercado. Claro que en estas cuestiones no se sabe cuál va a ser la reacción final de los operadores, en cuanto a permanecer en pesos o tratar de comprar dólares al precio que fuera.

 

EL COSTO DE LAS LEBACS Y EL COSTO DE PROLONGAR SU VIGENCIA.

 

El costo directo está dado por la tasa de interés que perciben. Si se renovaron en Mayo, el equivalente de 27.200 millones de dólares y en Junio vencen lebacs en pesos equivalentes a 26.400 millones de dólares, la suma total de lebacs da el equivalente de 53.600 millones de dólares si el dólar mantiene el precio actual de 25 pesos por dólar. Si no los pagamos y renovamos el 100 x 100, al 40% anual habría que pagar el equivalente a 21.440 millones de dólares en concepto de intereses.  Si el Banco Central decide devolver el capital de lebacs equivalente a 53.600 millones de dólares, en esa moneda, que son más o menos las reservas disponibles de dólares que dice tener esa Institución, es posible que con una oferta semejante haga bajar algo en dólares el precio de las lebacs.  El inconveniente de una operación de esa índole es que dejaría al país sin reservas. Sería un suicidio. Si en lugar de entregar dólares, se pagaran las lebacs en pesos, la cantidad de moneda que habría en plaza, llevaría el nivel de precios internos a la estratrósfera porque se tendría que entregar a la plaza el equivalente de 53.600 millones de dólares por 25: 1 billon, 300.000 millones de pesos.

Si se renuevan los lebacs y se pagan los intereses al interés del 40% anual sobre el total del equivalente en pesos de 53.600 millones de dólares que valen los lebacs, anualmente habría que pagar 21.440 millones de dólares anuales o sea pesos 536.000 millones  …sin un cobre de amortización. Si en lugar del 40%, la tasa de interés fuera del 27,25 %, se pagaría menos: 14.606 millones de dólares anuales, lo que es igualmente inaceptable. De amortizar parte del capital ni hablar, porque solo se lo podría hacer en pequeña escala y seguiría subsistiendo el problema. Lo malo es que si esta situación se prolonga, las consecuencias se van a agravar y los tenedores de lebacs tampoco van a cobrar nada porque el país se va a tornar inviable: Estos intereses de pago a corto plazo son impagables porque el deudor no sabe si le van a renovar la deuda o no, ni cuanto tendrá que pagar. Esa incertidumbre lastima a la plaza y, además, se trata de una deuda gigantesca que no figura en el presupuesto nacional. El lector deberá tener en cuenta que el pago es a muy corto plazo de manera que cada mes o mes y medio, la plaza estará en vilo no sabiendo que va a pasar con los lebacs. Estos no son solamente malos por sus intereses, sino por su monto y su plazo. No hay que olvidar que cada mes y algo, la plaza se encuentra conmovida porque el Banco Central ha cometido un error grandísimo en cuanto a que los vencimientos son por sumas considerables como las que se renovaron en Mayo pasado y se renovarán en Junio próximo. Los agentes económicos no saben si el 19 de Junio próximo se renovará el 90 o el 50% o qué porcentaje de los 660.000 millones de lebacs que salen al ruedo. El Banco Central tampoco. Los operadores saben dos cosas: Quien no renueve, lo más probable es que se vaya al dólar y éste tienda a subir, y la segunda es no menos grave: La renovación de grandes capitales en una sola fecha aumenta su capacidad de negociación para exigir más altos intereses y plazos más cortos y seguramente intenten obtener mejor tasa. Nuestra Banco Central pareciera que ignorara la doctrina de la dispersión de riesgos que preside el negocio bancario.

Todo esto parece un callejón sin salida.

 

 PODRÍA HABER UNA SOLUCIÓN MEJOR:

 

Si retrocedemos en el tiempo y en este trabajo, veremos que el autor sostiene que el Banco Central no tiene facultades constitucionales para emitir las lebacs que son títulos de deuda y solamente el Congreso puede contraerlas. Todos los títulos que circulan por nuestras Bolsas y Mercados de Valores tuvieron origen en una ley del Congreso …salvo las lebacs. Hemos repasado la Constitución un par de páginas atrás y no hay nada que diga que el Congreso no era necesario para autorizar esta deuda, ni su monto, ni su fecha de vencimiento ni su tasa de interés. Si a un título le falta algún dato esencial, no existe como obligación.  A estas lebacs les falta lo principal: Su aprobación   por el Congreso. En consecuencia, no existen. Sus propietarios lo único que tienen es un derecho aparente creado por funcionarios que debían saber que no tenían facultades para hacer lo que hicieron. Si en un casamiento la novia no se presenta a la ceremonia en el Registro Civil, está claro que esas nupcias no tuvieron lugar. En este asunto de las lebacs es lo mismo:  el oficial público que consagró su existencia no es el que la Constitución estableció para ese acto que son los senadores y diputados que siguiendo el procedimiento que dice la Carta Magna sancionaron una ley creando las lebacs y luego el Poder Ejecutivo que la promulgó. Dado que todos estos funcionarios no están en la génesis de las lebacs, estas nada valen jurídicamente hablando. Hasta aquí el derecho. Pero no podemos olvidar que existen los   tres poderes del gobierno y la política. Es muy difícil sostener que a los miles de tenedores de lebacs no haya que darles nada porque su título no es válido, cuando a cambio de las lebacs entregaron dinero a quien parecía tener atribuciones para recibir aquel. No puede ser no asumir la deuda… aunque no estaría mal que también se tuviera en cuenta al fijar las nuevas condiciones de la operación que los acreedores sabían o debían saber que la negociación en la cual participaban y de la cual esperaban una ganancia, era ilegal. No estaría mal que se les regalara un ejemplar de la Constitución con obligación de leerla y otro tanto a los directores del Banco Central. Parecería lógico que, sustancialmente, el capital de los acreedores sea respetado, que reciban un interés periódicamente y que, en un tiempo razonable, lo que pusieron se les devuelva sustancialmente en las condiciones que el Congreso resuelva, teniendo en cuenta que el nuestro es un país en una pésima situación financiera… Atentas las circunstancias y lo escaso del tiempo disponible no hay más remedio que proponer que el Poder Ejecutivo con la premura del caso,  dicte un decreto de necesidad y urgencia, suspenda  los pagos,  brinde algún marco legal y técnico provisorio sobre el tema y convoque al Congreso a dar la palabra final sobre este  asunto. No se puede seguir pagando lo que no se tiene. Ad imposibilia nemo tenetur. (Nadie está obligado a hacer lo imposible).

 

 

Bibliografía:

Badeni, Gregorio: “Reforma Constitucional e Instituciones Políticas”

Bollini Shaw, Carlos y Boneo Villegas, E: “Manual para operaciones Bancarias y Financieras”

Difrieri, Jorge A: “Moneda y Bancos en la República”.

Gelli, Maria Angélica: “Constitución de la Nación Argentina, comentada y concordada”

Giuliano, Héctor: “Crisis de Deuda del Banco Central” Informe del 19/5/18.

González, Joaquín V.: “Manual de la Constitución Argentina”.

Gonzalez Calderón, Juan Antonio: “Derecho Constitucional Argentino”

Guaresti, Juan Jose (hijo): Economía Política.

Guaresti, Juan José (nieto) “Los tres poderes del Gobierno”.

Samuelson, Paul y Nordhaus, William D.:  Economía.

Sánchez Viamonte, Carlos: “Manual de Derecho Constitucional”



(*) Abogado. Ex Director del Banco Central de la República Argentina (1983-1985). Ex Subsecretario de Gobierno de la Provincia de Corrientes. 1963. Ex Director Encargado Bloque Partido Autonomista de Corrientes, Senado de la Nación 1963/1966. Ex Profesor adjunto de "Análisis Económico Financiero" de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Ex profesor de "Economía Política" en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Ha participado en numerosas conferencias. Miembro Fundador del EEA (Encuentro de Economistas Argentinos)

www.juanjoseguaresti.com.ar

 

Citar: elDial.com - DC2575

Publicado el 13/07/2018

Copyright 2018 - elDial.com - editorial albrematica - Tucumán 1440 (1050) - Ciudad Autónoma de Buenos Aires ? Argentina