Suplemento Doctrina

Resumen de la Doctrina

Populismo y Teoría Económica

Por Enrique A. Bour

“Hace tiempo, los trabajos sobre el populismo parecían, de hecho, una "expedición de pesca sin redes adecuadas". Incluían diversos fenómenos de regímenes no democráticos, como las autocracias de posguerra de América Latina (el peronismo, por ejemplo); los movimientos campesinos de entreguerras en Europa del Este y los Balcanes; y movimientos anticapitalistas y anticoloniales en África.”

“Una segunda ola comenzó a analizar, en los años 70' y 80', los determinantes socio-económicos de los movimientos masivos de los estratos de población de menores recursos asociados a la modernización. Para quienes hicieron énfasis sobre una teoría de la moderniza-ción, el populismo fue un medio de incorporar a la política el trabajo urbano y a la clase media recién movilizados, que surgieron después del colapso de la política oligárquica y la transición de esos países al capitalismo y la modernidad (Collier, 1979, Drake, 1982; Germani, Di Tella &Ianni, 1973). El problema con esta ola de estudios sobre el populismo ha sido su falta de comparabilidad. En otras palabras, sólo podría usarse para explicar los movimientos populis-tas autoritarios que caen dentro del contexto socio-económico específico de América Latina durante la estrategia de sustitución de importaciones. Como todos los casos estudiados han sido regímenes autoritarios o dictaduras, esta percepción del populismo podría no ser aplica-ble más allá de estos casos particulares. Entonces, el argumento de que el populismo "a me-nudo se convierte en un movimiento de masas sólo en sociedades donde las típicas ideologías izquierdistas de la clase obrera occidentales no logran convertirse en partidos de masas" (Ger-mani, 1978) sugiere abiertamente que las lecciones del populismo clásico de América Latina no pueden aplicarse al populismo en contextos democráticos liberales.”

“Hacia principios de los 90', surgió una nueva forma de populismo, que intentó aplicar princi-pios de la economía liberal, y fue denominado neopopulismo. Los casos más destacados fue-ron los de Alan García y, posteriormente, Alberto Fujimori en Perú; Carlos Menem en Argentina; Collor de Mello en Brasil; y Carlos Salinas de Gortari en México. En todos esos casos, el po-pulismo disfrutó de una segunda epifanía política, que se distinguió del populismo clásico en dos aspectos: primero, su base social, que ahora consistía en miembros del sector informal urbano y pobres rurales, en oposición a los organizados de la clase obrera; y, segundo, su implementación de políticas “neoliberales” en lugar de la sustitución de importaciones y el cor-porativismo estatal.”



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Publicado el 09/11/2018

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Texto Completo

Populismo y Teoría Económica

 

Por Enrique A. Bour(*)

 

 

1. Clarificación

 

Hace tiempo, los trabajos sobre el populismo parecían, de hecho, una "expedición de pesca sin redes adecuadas". Incluían diversos fenómenos de regímenes no democráticos, como las autocracias de posguerra de América Latina (el peronismo, porejemplo); los movimientos campesinos de entreguerras en Europa del Este y los Balcanes; y movimientos anticapitalistas y anticoloniales en África.

 

Una segunda ola comenzó a analizar, en los años 70' y 80', los determinantes socio-económicos de los movimientos masivos de los estratos de población de menores recursos asociados a la modernización. Para quienes hicieron énfasis sobre una teoría de la modernización, el populismo fue un medio de incorporar a la política el trabajo urbano y a la clase media recién movilizados, que surgieron después del colapso de la política oligárquica y la transición de esos países al capitalismo y la modernidad (Collier, 1979, Drake, 1982; Germani, Di Tella &Ianni, 1973). El problema con esta ola de estudios sobre el populismo ha sido su falta de comparabilidad. En otras palabras, sólo podría usarse para explicar los movimientos populistas autoritarios que caen dentro del contexto socio-económico específico de América Latina durante la estrategia de sustitución de importaciones. Como todos los casos estudiados han sido regímenes autoritarios o dictaduras, esta percepción del populismo podría no ser aplicable más allá de estos casos particulares. Entonces, el argumento de que el populismo "a menudo se convierte en un movimiento de masas sólo en sociedades donde las típicas ideologías izquierdistas de la clase obrera occidentales no logran convertirse en partidos de masas" (Germani, 1978) sugiere abiertamente que las lecciones del populismo clásico de América Latina no pueden aplicarse al populismo en contextos democráticos liberales.

 

Hacia principios de los 90', surgió una nueva forma de populismo, que intentó aplicar principios de la economía liberal, y fue denominado neopopulismo. Los casos más destacados fueron los de Alan García y, posteriormente, Alberto Fujimori en Perú; Carlos Menem en Argentina; Collor de Mello en Brasil; y Carlos Salinas de Gortari en México. En todos esos casos, el populismo disfrutó de una segunda epifanía política, que se distinguió del populismo clásico en dos aspectos: primero, su base social, que ahora consistía en miembros del sector informal urbano y pobres rurales, en oposición a los organizados de la clase obrera; y, segundo, su implementación de políticas “neoliberales” en lugar de la sustitución de importaciones y el corporativismo estatal.

 

Pappas (2016) ha ofrecido diversas caracterizaciones de este fenómeno desde distintos puntos de vista:

(1) Populismo como movimiento: “El populismo es un movimiento político que goza del apoyo de la masa de la clase trabajadora urbana y/o del campesinado, pero que no resulta del poder organizativo autónomo de ninguno de estos dos sectores. También, cuenta con el apoyo de sectores no pertenecientes a la clase trabajadora que defienden una ideología anti-status quo”.

(2) Populismo como estilo: “El populismo connota un estilo político que implica un estrecho vínculo entre los líderes políticos y los liderados.”

(3) Populismo como ideología: “Cualquier credo o movimiento basado en la siguiente premisa principal: la virtud reside en las personas simples, que son la abrumadora mayoría, y en sus tradiciones colectivas.”

(4) Populismo como discurso:“El populismo consiste en la presentación de las interpelaciones democrático-populares como un complejo sintético-antagónico con respecto a la ideología dominante.”(Ernesto Laclau, inspirador de Cristina Kirchner).

(5) Populismo como estrategia: “Una estrategia política a través de la cual un líder personalista busca o ejerce el poder del gobierno basado en el apoyo directo, no mediado, ni institucionalizado, de un gran número de seguidores en su mayoría no organizados.” (Weyland, 2001).

(6) Populismo como cultura política:El populismo es "la proposición de que la política del gobierno debe ser lo que la gente quiere y que la gente es libre cuando sus deseos son ley." (Riker, 1982).

 

En nuestro documento adoptaremos este enfoque: El tema que trataré se refiere al comportamiento de los grupos que toman decisiones, en cuyo campo hay bellos y “sorprendentes” resultados cualitativos, como la inexistencia de procesos ideales de votación de Kenneth J. Arrow, y el teorema de Gibbard-Satterthwaite sobre manipulación de las elecciones. Estos teoremas clásicos han tenido un impacto considerable sobre el campo de la elección social. En forma previa, introduciré algo de la reciente literatura macroeconómica sobre populismo, que es también relevante para la apreciación de las dimensiones económica y política.

 

2. Populismo, en versión macroeconómica

 

Dornbusch y Edwards (1982) han escrito sobre el fenómeno conocido como populismo, haciendo énfasis en algunos aspectos macroeconómicos, que, por ser más conocidos en América Latina, conviene plantear en primer término: los autores hacen hincapié en la macroeconomía del populismo no porque piensen que carecen de interés otros aspectos del fenómeno, sino porque creen que en la esfera macroeconómica, son particularmente débiles las experiencias populistas. Dicen: "Una y otra vez, en un país como en otro, los gobernantes han aplicado programas económicos que recurren en gran medida al uso de políticas fiscales y crediticias expansivas y a la sobrevaluación de la moneda para acelerar el crecimiento y redistribuir el ingreso. Al aplicar estas políticas, por lo general no ha habido preocupación por la existencia de restricciones fiscales y cambiarias. Después de un breve periodo de crecimiento y recuperación económicos, surgen cuellos de botella que provocan presiones macroeconómicas insostenibles y que finalmente conducen al derrumbe de los salarios reales y a graves dificultades de la balanza de pagos."

 

Drake (1982) ha destacado tres elementos de una definición provisional: el populismo usa “la movilización política, la retórica recurrente y los símbolos destinados a inspirar al pueblo”; se basa en una coalición heterogénea donde predomina la clase trabajadora pero que incluye sectores importantes de los estratos medios y altos que la dirigen; por último, el populismo “implica un conjunto de políticas reformistas que intentan promover el desarrollo sin provocar un conflicto clasista explosivo”. Los programas responden normalmente a los problemas del subdesarrollo al expandir el activismo estatal para incorporar a los trabajadores en un proceso de industrialización acelerada, mediante medidas de mejoramiento de la distribución.

 

Conniff (1982, p.5) ha sostenido que “los programas populistas se traslapan frecuentemente con los del socialismo”. Se destaca aquí que el objetivo de la redistribución es la parte central del paradigma. Para Dornbusch y Edwards, populismo económico es un enfoque de la economía que destaca el crecimiento y la redistribución del ingreso y menosprecia los riesgos de la inflación y el financiamiento deficitario, las restricciones externas y la reacción de los agentes económicos ante políticas agresivas ajenas al mercado (Dornbusch y Edwards, 1982). Federico Sturzenegger, por su parte, señala que “el paradigma populista rechaza el pensamiento conservador dejando de lado la idea de que hay restricciones de recursos. El trabajo desempleado y la capacidad de capital no utilizada son vistos como evidencia de una carencia de demanda y de la necesidad de políticas expansivas. Las reservas existentes dan lugar a relajar las restricciones externas, sobrevaluar el tipo de cambio, y consiguientemente generar un incremento del salario real. No se considera que la expansión de la demanda sea inflacionaria” (Sturzenegger, 1991). Sturzenegger demuestra luego la carencia de sustento empírico de seguir estas políticas inconsistentes. Pero ¿Por qué se siguen políticas populistas" Una posibilidad que él menciona es la corrupción (si el gobierno representa a cierto factor de producción). El problema de esta hipótesis es que las políticas implementadas terminaron perjudicando eventualmente a su representado. Con todo, concluye Sturzenegger, “esta explicación debe aproximarse mucho a la verdad”.

 

Los análisis previos presuponen que existe un marco de toma de decisiones sociales que permite llevar adelante las políticas en cuestión. Para analizarlo, se requiere realizar el correspondiente análisis político.

 

3. Los teoremas de la “dictadura

 

Arrow buscaba una respuesta a la pregunta: ¿Es posible agregar los órdenes de preferencia individuales entre estados sociales de tal forma de generar un orden social que satisfaga condiciones de racionalidad semejantes a las características de los órdenes individuales" Arrow comenzó dentro de la tradición de la economía del bienestar teórica. Con la desaparición del utilitarismo a manos de Lionel Robbins, los economistas habían redescubierto a Pareto, pero el enfoque clasificatorio paretiano no facilitaba un medio de seleccionar entre distintas posiciones que satisficieran el criterio de optimalidad de Pareto. Utilizando instrumentos de la lógica simbólica, Arrow llegó a la dramática conclusión de que semejante ordenamiento no puede alcanzarse a menos que se impongan restricciones fuertes sobre los órdenes de preferencia individuales. Arrow publicó posteriormente su ahora famoso libro, Social Choice and Individual Values, que incluye el teorema de imposibilidad, y que a partir de entonces, ha ejercido un impacto profundo sobre el pensamiento de economistas y científicos sociales, estimulando una extensa investigación. Arrow demostró que “no existe un sistema de votación justo en el sentido de producir un ganador preferido a los demás y que al mismo tiempo asegure que la elección sea decisiva”.

 

Lo que Arrow estableció –y con menor énfasis Duncan Black, algunos años antes– es que la democracia, interpretada como equivalente a la elección de las mayorías, puede no funcionar. Ambos científicos habían descubierto –o redescubierto, luego del marqués de Condorcet en el siglo XVIII– el fenómeno de los ciclos de votación mayoritarios, y demostrado de modo riguroso que, con algunos conjuntos de órdenes de preferencia, la votación por mayoría en una sucesión de comparaciones de a pares generará ciclos continuos, sin alcanzar un equilibrio o punto de parada.

 

La dificultad puede ser apreciada con un ejemplo de tres votantes que deben escoger entre tres alternativas. Estos tres votantes componen la Comisión Ministerial de Coordinación y Decisión sobre el Gran Gasoducto del Sur, aunque el ejemplo es válido para cualquier comité o proceso de votación. Según información disponible, el Gran Gasoducto del Sur es un proyecto multiestatal pactado entre Argentina, Brasil y Venezuela. Según un cable, el proyecto tendría una inversión estimada de 20 mil millones de dólares, previéndose que genere un millón de puestos de trabajo y que alcance una extensión mayor a 10 mil kilómetros en tuberías a través de las cuales se podrán distribuir cerca de 150 millones de pies cúbicos del combustible a siete países sudamericanos. En julio de 2007, el presidente venezolano Chávez reconoció que el interés por su construcción se había "congelado". Esta declaración fue posterior a que en junio de ese mismo año el presidente de Petrobras, afirmase que pasarían entre 25 y 30 años antes de que el gasoducto estuviera en funcionamiento. Supóngase ahora que hay 3 opciones de diseño A, B y C entre las cuales deben elegir los miembros de la comisión (las que, por ejemplo, podrían diferir en cuanto a su impacto ecológico).

 

Argentina (J. de Vido)

-1-

Brasil (E. Lobâo)

-2-

 

Venezuela (R. Ramírez) -3-

A

B

C

B

C

A

C

A

B

Tabla. Ejemplo de la Paradoja de Condorcet

 

Los votantes ordenan esas alternativas según la matriz adjunta. Ahora supóngase que cada ministro, indicado mediante (1), (2) y (3), tiene preferencias consistentes sobre las tres opciones de elección. Así, (1) prefiere A respecto a B, pero entre B y C, prefiere B. Luego, se infiere, prefiere A respecto a C. En cambio, (2) prefiere B a C, pero prefiere C respecto a A. Finalmente, el ministro venezolano (3) prefiere C a A y ésta a B. Cada votante, representando un mandato político recibido en sus países, tiene preferencias consistentes dentro de su campo de elección. La consistencia implica dentro de este marco esencialmente transitividad. Ahora, considérese una secuencia de elecciones de a dos por medio de la regla mayoritaria: A derrotará a B (es decir, 1 y 3 derrotarán la postura de 2), B derrotará a C (1 y 2 derrotarán a 3), pero ¡C derrotará a su vez a A (2 y 3 derrotarán a 1)! No existe ninguna alternativa que ostente una mayoría contra todas las otras. Hay un ciclo, y el ganador dependerá de la agenda de votación que se lleve a cabo (la cual, por supuesto, es arbitraria).

 

La dificultad de todos los sistemas de votación radica en que se puede demostrar que no existe un sistema satisfactorio. Esto fue lo demostrado por Kenneth Arrow y es el resultado conocido como “Teorema de Imposibilidad” de Arrow.

 

Repasemos brevemente el enunciado. Arrow establece cuatro condiciones que debería cumplir el sistema de elección social:

1) Condición de Pareto: Si todos los votantes clasifican a alguna opción más alta que otra, también lo debe hacer el esquema “social” de elección.

2) Independencia de alternativas irrelevantes. La clasificación social de dos alternativas depende sólo de la clasificación relativa de esas alternativas, y de ninguna otra.

3) No-dictadura. No hay dictador, es decir, no hay elector cuya clasificación siempre coincida con el resultado social.

4) Dominio universal. Cada votante puede elegir cualquier ordenamiento, en el sentido de que no se excluye a priori ningún ordenamiento.

 

Estas condiciones aparentemente tan leves de razonabilidad no pueden ser satisfechas simultáneamente por ninguna regla de votación: eso dice el teorema de imposibilidad de Arrow. Esta imposibilidad es contraria a la intuición puesto que uno puede pensar que debería haber una forma satisfactoria de agregar los deseos de los individuos en términos de una política de la sociedad en conjunto. Después de todo, nuestra idea de la democracia está basada en este concepto.

 

Economistas como James Buchanan han considerado que este teorema, con la multiplicidad caótica de la democracia refleja un factor de fuerza: “Cualquier logro del equilibrio político mediante la regla de la mayoría equivaldría a la imposición permanente de la voluntad de la mayoría sobre la minoría. Mi preocupación ha sido impedir la discriminación contra las minorías, en lugar de asegurar la estabilidad de los resultados políticos.” Buchanan ve que este teorema de Arrow es una solución a un problema planteado por los “padres fundadores” de Estados Unidos: ¿cómo pueden las democracias evitar la tiranía de la mayoría" Bueno, aquí tenemos una manera, dijo: “Dejen que la democracia se comporte normalmente. Siempre que la gente sea lo suficientemente diversa en sus puntos de vista para que los supuestos de Arrow sean válidos, las facciones en el poder cambiarán con frecuencia: ¿No es preferible garantizar una rotación de resultados, que permita a los miembros de la minoría en una ronda de votación, volver en rondas posteriores y ascender a la situación de mayoría"” (Buchanan, 1954).

 

Como sea, el tenor del teorema de Arrow es una antítesis de los ideales políticos de la Ilustración. La paradoja de Condorcet ilustrada previamente no es de hecho una anomalía aislada, o la falla de un método de votación específico. Más bien, manifiesta un problema mucho más amplio, con la idea de recoger muchas preferencias individuales en una sola; lo que dice el teorema de Arrow es “simplemente” que “no puede haber una voluntad común de todas las personas en relación con las decisiones colectivas, que asimile los gustos y valores de todos los individuos que componen una sociedad. No hay tal cosa como la voluntad general.”

 

Veamos ahora otra dificultad. El voto táctico (llamado también sofisticado) se presenta en elecciones con más de dos candidatos viables, cuando el votante apoya a un candidato que no representa sus preferencias sinceras, a efectos de impedir un resultado indeseado. El teorema de Gibbard-Satterthwaite (1973, 1975) establece que cualquier método de votación exento de manipulación estratégica debe ser o dictatorial o no determinista. Un ejemplo de su aplicación son las elecciones británicas, donde hay tres partidos principales representados en el parlamento: el Laborista, el Conservador y los Demócratas Liberales. Entre ellos, muchos votantes consideran semejantes a los laboristas y a los demócratas liberales. Mucha gente que prefiere a los demócratas liberales vota por un candidato del partido laborista cuando éste es más fuerte, y recíprocamente cuando los demócratas liberales son más fuertes, a efectos de impedir que gane el candidato del partido conservador. En Argentina, es probable que el voto táctico haya sido la estrella en diversas oportunidades; por ejemplo, es posible que los resultados del ballotage entre Horacio Rodríguez Larreta y Martín Lousteau en 2015, hayan sido influidos en gran medida por el voto táctico. Ambos teoremas, el de Arrow y el de Gibbard-Satterthwaite pueden ser amalgamados bajo el rótulo de teoremas de la dictadura.

 

4. Populismo y Public Choice

 

¿Es defectuosa la democracia" No se pregunta si la democracia, tal como se practica en Argentina o en Estados Unidos, es defectuosa, sino si el proceso mismo de la democracia es defectuoso como institución de gobierno. Winston Churchill sugirió que la democracia era la peor forma de gobierno aparte de todo el resto. ¿Es esto realmente lo mejor que se pueda decir"

 

Cuando hablamos de democracia, se piensa inmediatamente en algunos atributos deseables como 1) la participación popular en el gobierno del país; 2) la igualdad de todo ciudadano en cuestiones como las elecciones, la aplicación del derecho, etc. 3) lastbutnotleast, la libertad de elección. Puede apreciarse que la votación es el núcleo de una democracia. En los últimos años, en gran medida como resultado del masivo y creciente cuerpo de la literatura de elección social, los procedimientos democráticos han sido vistos como necesariamente defectuosos. Se ha argumentado que no se puede pensar que las instituciones -tanto de la democracia representativa como de la directa- demuestren legítimamente los verdaderos intereses de los votantes o ciudadanos. Uno de los principales defensores de este punto de vista fue William H. Riker. Su trabajo seminal, Liberalism Against Populism (1982), expuso una nueva y controvertida teoría de la democracia. Utilizó la lógica estratégica para cuestionar la idea de que la democracia conduce a políticas públicas especialmente buenas y representativas, sugiriendo en cambio que tenía poca ventaja sobre otras formas de gobernanza en esa dimensión. La gran ventaja de la democracia radicaba en la facilidad con la que se podía echar a los bribones. Riker hizo una distinción fundamental entre los resultados colectivos en economía y en política. Él veía los resultados colectivos en política como el producto de procesos estratégicos conscientes. Esta es una distinción crucial porque el actor racional en los ámbitos políticos calcula intencionalmente cómo lograr objetivos en un entorno estratégico con otros agentes de actuación estratégica, haciendo de la teoría de los juegos, la herramienta analítica central para modelar procesos políticos.

 

Riker fue un politólogo influyente, fundador de la Escuela de Rochester, compuesta en gran parte por académicos entrenados por él. Riker estaba fascinado por la cuestión de la estabilidad. Pensaba que la ciencia política es la verdadera ciencia triste, ya que se refiere al desequilibrio, mientras que, según él, la economía apunta al equilibrio. La Escuela de Rochester podría definirse por su concentración en las instituciones formadas para poner orden en el mundo social, un mundo que de otro modo sería caótico. Riker popularizó la importancia del teorema de Arrow y la teoría de la elección social para estudiar elecciones, sistemas electorales y procesos de la política en general. Examinó el intercambio de favores (o comercio de votos), llevando el análisis formal a los estudios del Congreso, y promovió el análisis espacial y la teoría de los juegos. Su influencia en todos los campos de la ciencia política fue enorme (Dowding, 2006.).

 

¿Por qué Riker pensaba que la política trata del desequilibrio" Sus puntos de vista se derivan de los resultados de la teoría de la elección social y pueden explicarse más fácilmente considerando el ciclo de Condorcet. Para ciertas preferencias individuales consistentes y transitivas, la preferencia de grupo es intransitiva, como surge en el ejemplo precedente (pág. 4). Cualquier mecanismo de agregación de preferencias que permita que surja este ciclo, asegura que no habrá equilibrio. Todo mecanismo que no le permita emerger produce un resultado arbitrario. Por "arbitrario" Riker no quiere decir aleatorio, o incluso impredecible, sino más bien, que el resultado no puede reflejar la estructura verdadera de las preferencias. Con ciertos perfiles de preferencia, diferentes mecanismos dan diferentes resultados incluso con el mismo conjunto de preferencias individuales. No tenemos intuiciones obvias sobre qué mecanismos son los mejores. Usando los resultados de Arrow, y de Mckelvey y Schofield (que también estudiaron el problema), Riker pensó que ésta era la forma general de la política. Por lo tanto, dedujo, todo resultado electoral es arbitrario.

 

Una de las críticas que se le formuló fue que la Escuela de Rochester, al igual que otra de las grandes escuelas de publicchoice -los virginianos, con J.M. Buchanan a la cabeza- era escéptica sobre las instituciones de la democracia, o inclusive, completamente hostil a ellas. Riker cuestiona el papel del voto en la democracia. ¿Cuál es el propósito del voto" Hay dos puntos de vista principales. Según el primero, -opinión liberal- los ciudadanos votan sólo para controlar (i.e. seleccionar, castigar, reemplazar) a los funcionarios elegidos. Este punto de vista, que podría atribuirse al cuarto presidente de EE UU, James Madison (1751-1836), implica que “la votación genera libertad restringiendo a los funcionarios elegidos” (Riker). Un segundo punto de vista es la visión populista. Puedeatribuirse a Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), y afirma que los ciudadanos votan para establecer la voluntad del electorado. Los funcionarios electos son, en este sentido, una extensión directa de la voluntad del pueblo. Como sugiere el título de su libro, Riker afirma que el punto de vista liberal es el único válido: "el pueblo" no puede gobernar como un cuerpo corporativo. Citando a [Riker, 1982], "La función del voto es controlar a los funcionarios, y no más" (énfasis en el original). Para argumentar por su causa, Riker utiliza argumentos de la teoría de la elección social. La votación como un medio de representación populista, dice, es imprecisa, porque distintos sistemas de votación dan lugar a resultados diferentes partiendo de exactamente el mismo perfil de preferencias de votantes individuales; y sin sentido, pues el resultado de la votación es siempre manipulable por el teorema de Gibbard-Satterthwaite y, además, es imposible distinguir los resultados manipulados de los no manipulados debido al carácter incognoscible de las intenciones privadas que subyacen a las acciones públicas. Riker toma a Rousseau como el ejemplo paradigmático del tipo de populismo que se supone desacreditado por la teoría de la elección social.

 

En resumen, según Riker una democracia populista es incoherente. Y como él mismo señala, la votación es el acto central de una democracia: “Quiero señalar que la coherencia depende del hecho de que todas las ideas democráticas se concentran en el mecanismo de votación. Todos los elementos del método democrático son medios para que el voto sea prácticamente efectivo y políticamente significativo, y todos los elementos del ideal democrático son extensiones morales y elaboraciones de las características del método que hacen que el voto funcione. La votación, por lo tanto, es el acto central de la democracia, y este hecho pone de manifiesto la relevancia inmediata de la teoría de la elección social.” (Riker, 1982, p. 5). Luego, en este sentido, la posición de Riker puede ser vista como antidemocrática. (Feys, 2015) Y más adelante: “El populismo como imperativo moral depende de la existencia de una voluntad popular descubierta por el voto. Pero si el voto no descubre ni revela una voluntad, entonces el imperativo moral se evapora porque no hay nada para ordenar. Si la gente habla en lenguas sin sentido, no pueden pronunciar la ley que los hará libres. El populismo falla, por lo tanto, no porque sea moralmente erróneo, sino simplemente porque está vacío.” (Riker, 1982, p. 239.).

 

La crítica de Riker al populismo hacía eco a las objeciones de Schumpeter, a lo que éste llamaba la concepción "clásica" de la democracia y su preocupación por la voluntad del pueblo (Schumpeter, 1942, p.42.). Schumpeter buscaba demostrar la incoherencia de la voluntad popular estableciendo la indeterminación e incoherencia de las opiniones políticas de los individuos, pero la crítica actualizada de Riker pasaría incluso bajo el supuesto caritativo de que todos los individuos tuvieran opiniones políticas racionales.

 

Riker sostiene que la votación es tan susceptible a ciclos y al comportamiento estratégico que los resultados no pueden ser entendidos como expresando los valores de los votantes. Por lo tanto, "el significado de las opciones sociales es bastante oscuro": las elecciones pueden reflejar los verdaderos valores de los votantes, un comportamiento estratégico exitoso o la "amalgama accidental de lo que los manipuladores (tal vez involuntariamente) produjeron". Según Riker, los resultados no guardan ninguna relación particular con los puntos de vista de los votantes sobre las políticas públicas, y cree que “cualquier pequeño cambio en la situación puede conducir a resultados tremendamente diferentes. La probabilidad de ciclos depende del número de votantes, del número de temas y de la distribución de las preferencias”. Un teorema bien conocido, a veces llamado el “teorema del caos, sugiere que dado un gran número de votantes y cuestiones, y supuestos razonables sobre las preferencias, los ciclos serán casi inevitables e incluirán todos los posibles resultados.” (Riker, 1982, p.186-88.). En tales circunstancias, alguien que controle la agenda puede conducir a la legislatura por la nariz a cualquier resultado deseado. (Id., p. 169-95.).

 

Es importante apreciar el mensaje de Riker. Los fenómenos de free-riding y de ocultamiento estratégico de las preferencias individuales ya habían socavado la legitimidad democrática; los buscadores de renta y los burócratas contribuyeron a su “desgaste”. Estos teoremas son, según la expresión de Dennis Mueller, la lápida sepulcral de la literatura que inició Arrow. El ataque de Riker a la democracia populista – en el sentido de que los procedimientos democráticos puedan agregar las preferencias individuales de modo razonable – trasmite el sabor de toda esta literatura.

 

Un aspecto que ha sido criticado de la aproximación de Riker, es su relevancia empírica. Un ejemplo digno de mención debido a su importancia histórica es la elección en 1860 del presidente Lincoln. En aquel entonces, la mayor controversia en EE. UU. era en qué medida se permitiría la esclavitud en los nuevos territorios, la así llamada "tierra libre". Riker utilizó este ejemplo específico para demostrar que con diferentes reglas de votación habría sido elegido un presidente diferente, y que mediante una elección de Condorcet, (basada en la regla de la mayoría en comparaciones de a dos) se hubiera producido un ciclo. Hay continuas disputas sobre la relevancia empírica. Los investigadores tienen puntos de vista muy diferentes en cuanto a la ocurrencia empírica de la paradoja de Condorcet. Mackie (2003) sostiene que los ciclos son empíricamente improbables; en Democracy Defended, sostiene que la mayoría de las afirmaciones de Riker en contrario, son falsas. Los investigadores de las ciencias sociales, especialmente la psicología, a menudo parecen pensar así, también. Los psicólogos han encontrado poca evidencia empírica para las paradojas de la votación y, hasta ahora, poco apoyo de comportamiento para la incompatibilidad de los métodos de elección social.

 

5. ¿Involucra el teorema de imposibilidad dejar de lado la votación por mayoría"

 

Cuando todo ha sido dicho, ¿cómo lidiar con el teorema de Arrow en la práctica" Eric Maskin (2009) advierte que no cabe ser excesivamente pesimista. Un aspecto clave, señala, es el supuesto de que las reglas de votación satisfacen el axioma de dominio universal. Este axioma indica que todos los ordenamientos están disponibles para los votantes, es decir que no hay limitaciones a la voluntad de los mismos. Resumidamente, Maskin sostiene que ésta es una consideración más teórica que práctica. Una cuestión fundamental es: ¿cómo vota la gente en realidad" En la práctica, puede que sea frecuente que algunas preferencias no sean muy probables. Si una determinada regla de votación no satisface algunas de las propiedades deseables sólo en instancias improbables, "degeneradas", entonces tal vez no deberíamos preocuparnos por la paradoja, después de todo.

 

Maskin da el ejemplo de las elecciones presidenciales de Estados Unidos en el año 2000. Bush y Gore habían estado cabeza a cabeza. Quedaba claro que todo iba a ser decidido en las elecciones de Florida: el candidato (fuera Bush o Gore) que ganara las elecciones de Florida, se convertiría en el nuevo presidente. Sin embargo, el quid de la historia es que en realidad había otro candidato, Nader, que jugó un papel decisivo. De hecho, podemos decir con seguridad que su presencia en las elecciones resultó en que Bush fuera elegido como presidente en lugar de Gore. Sorprendentemente, entre unos 6.000.000 de votos emitidos en Florida, el margen entre el número de votos para Bush y Gore era de sólo 600 votos. Casi 100.000 personas votaron por Nader.

 

De diversas fuentes confiables sabemos que un montón de gente que en realidad votó por Nader, habría votado por Gore en caso de que Nader no hubiera sido candidato en la elección. Como resultado, casi seguramente Gore se habría convertido en presidente si Nader no se hubiera presentado a la elección. Nader era, en palabras de Maskin, un candidato tapón. Éste es un buen ejemplo de una elección en la que la condición de independencia de las alternativas irrelevantes fue fuertemente violada: la alternativa "irrelevante" (Nader) no fue en absoluto irrelevante. Por el contrario, hasta cierto punto fue más relevante para la elección que los candidatos "reales" (Bush y Gore). Cito a Maskin [2009]: "hay un sentido en el cual eso es algo muy antidemocrático, porque, después de todo, Nader obtuvo menos del 2% de los votos en Florida, y sin embargo terminó determinando todo el resultado de la elección."

 

Imaginemos un experimento conceptual en el que los votantes en las elecciones de Florida hubieran emitido una clasificación completa de los candidatos Bush, Gore, Nader.En ese caso, la preferencia de cada votante correspondería a uno de los elementos del siguiente conjunto Ζ=

 

G

N

B

G

N

B

B

G

G

N

B

N

N

B

B

B

G

G

 

La investigación demostró que un gran número de votantes optaron por una de las tres primeras clasificaciones, y entre las dos primeras significativamente más que la última. Por otro lado, hubo muy pocos votantes que seleccionaron una de las dos últimas clasificaciones. Esto no es sorprendente, ya que Bush y Nader estaban en extremos del espectro político: Bush era el candidato más derechista, mientras que Nader era, de estos tres candidatos, claramente el más izquierdista. Por lo tanto, las combinaciones "me gusta más Bush, y en segundo lugar, Nader", así como "me gusta más Nader, y en segundo lugar, Bush" no son plausibles, asumiendo un grado moderado de "consistencia ideológica”. En otras palabras, la gente a la que Nader le gusta más, casi siempre le gusta menos Bush, y la gente a la que le gusta más Bush, casi seguramente le gusta menos Nader. Siguiendo a Maskin, llamamos a estas dos últimas “preferencias ideológicamente inconsistentes”.

 

El punto central del argumento viene ahora: “se deduce de un teorema general (Sen&Maskin, 2014) que, descartando las dos preferencias ideológicamente inconsistentes, la regla de la mayoría (aplicada sobre pares de candidatos) en realidad nunca da lugar a la paradoja de Condorcet. Este es un ejemplo de las llamadas preferencias de punta única” (Blau, 1957): hay un ordenamiento de "izquierda a derecha" sobre las alternativas, de tal manera que cualquier votante prefiere x a y si x está entre yy su alternativa superior con respecto al ordenamiento (Endriss, 2012). En muchas elecciones políticas, es bastante natural asumir punta única. La regla de la mayoría satisface todas las condiciones de Arrow, en ese caso. En la práctica, además de las preferencias de punta única, se pueden encontrar otras restricciones de clases de preferencias que pueden hacer que la regla de la mayoría evite la paradoja de Condorcet. Un ejemplo interesante de esto, dado en Sen y Maskin (2014), es la elección presidencial francesa de 2002:

Por entonces, los tres principales contendientes eran Jospin, Chirac y Le Pen. Según la investigación, Le Pen, del Frente Nacional de extrema derecha, tenía fuertes efectos polarizadores: casi el 100% del electorado lo clasificaba primero o último entre los tres candidatos. Se puede demostrar que tal restricción (es decir, que haya un candidato que no ocupa el segundo lugar de ningún votante) hace que la regla de la mayoría sea decisiva. Dicho esto, algunas investigaciones indican que la mayoría de los electores de la vida real no satisfacen plenamente las restricciones, tales como tener preferencias de punta única (Faliszewski, Hemaspaandra, Hemaspaandra, y Rothe, 2009).

 

Según Maskin, la pregunta de seguimiento natural con respecto al teorema de imposibilidad de Arrow es: dado que el teorema nos dice que ninguna regla de votación satisface todas las propiedades deseables ya mencionadas, ¿qué regla de votación las satisface tan frecuentemente como sea posible" Metafóricamente hablando, sabemos con certeza que no podremos alcanzar la cima de la montaña, pero ¿qué camino nos conducirá al punto más alto alcanzable, proporcionando la vista más agradable"

 

Sin formalizar en exceso la presentación, puede decirse lo siguiente: Consideremos clases de preferencias, es decir subconjuntos de todas las preferencias. Por ejemplo, tomemos las primeras cuatro preferencias del conjunto Ζ y llamemos a ese conjunto Ω. Dada una regla de votación fija y una clase de preferencias, diremos que la regla de votación dada funciona bien para esa clase de preferencias si la regla de votación satisface todas las propiedades deseables (la condición de Pareto, la IAI, la no dictatorialidad, y la capacidad de decisión) del Teorema de Arrow, siempre que las preferencias de los votantes pertenezcan a esa clase de preferencias. Por ejemplo, la regla de la mayoría funciona bien para la clase Ω. Nuestro objetivo, entonces, es buscar reglas de votación que "funcionen bien" para el mayor número posible de clases de preferencias. Sorprendentemente, este objetivo puede lograrse en cierto sentido. La respuesta la da elsiguiente teorema (Teorema 2 en Sen&Maskin, 2014), que afirma:

Teorema de Dominancia (Sen&Maskin) Sea f una regla de votación y Ω una clase de preferencias. Si f funciona bien en Ω, luego se cumplen las dos condiciones siguientes: 1) La regla de la mayoría también funciona bien en Ω; y 2) Además, existe una clase de preferencias Ω en la cual funciona bien la regla de la mayoría, pero no f.

En otras palabras, siempre que una regla de votación funcione bien, también la regla de la mayoría funcionará bien, pero hay casos donde la regla de la mayoría funciona bien, pero la regla de votación dada, no. De tal manera, podemos decir que la regla de la mayoría domina todas las demás reglas de votación.

Citando a Maskin (Maskin, 2009), "... volvemos a este viejo método, antiguo en cientos de años: la regla de la mayoría. Creo que, en cierto sentido, cabe extraer una conclusión satisfactoria. (...) Él [Arrow] fue llevado a considerar varias alternativas posibles como reglas de votación, pero en un sentido penetrante cabe afirmar que, en última instancia, en realidad no podremos lograr nada mejor que un gobierno de la mayoría después de todo".

 

6. Conclusión

 

Como subraya Pattanaik, (Pattanaik, 1996) a primera vista, los resultados de imposibilidad en la literatura sobre elección social pueden parecer ejercicios puramente intelectuales sin mucho interés práctico. Si el objetivo de estudiar la teoría de la elección social es proporcionar una solución al problema normativo de cómo la sociedad debe elegir una de muchas opciones diferentes disponibles (o, alternativamente, cómo la sociedad debe clasificar estas diferentes opciones), entonces ¿por qué debería alguien interesarse en una proposición que demuestre que ciertas propiedades atractivas de un procedimiento de decisión social son lógicamente incompatibles en el sentido de que ningún procedimiento de decisión social puede satisfacer simultáneamente todas estas propiedades" Esta pregunta retórica tiene un punto a favor. Los teoremas de imposibilidad, por sí mismos, no proporcionan una solución al problema perenne de cómo la sociedad debe elegir una opción del conjunto de opciones disponibles. Sin embargo, también es posible exagerar ese punto. Aunque los teoremas de imposibilidad, de por sí, no proporcionan una solución al problema ético básico de elección social, sí generan ideas valiosas y agudizan nuestra intuición ética de varias maneras. Al demostrar que el procedimiento de decisión social no puede satisfacer simultáneamente ciertas propiedades deseables, un resultado de imposibilidad nos obliga a reexaminar el contenido intuitivo de estas propiedades aparentemente atractivas y enfrentar el problema de las compensaciones que uno puede tener que hacer entre los diferentes valores encarnados por estas diferentes propiedades. El resultado a menudo es una percepción mucho más aguda de lo que está realmente implicado por estas propiedades -una percepción que no podría haber sido alcanzada sin el resultado de imposibilidad considerado-.

 

En este artículo hemos visto cómo el teorema de imposibilidad identifica una dificultad que no puede ser superada por una comunidad que busca tomar decisiones colectivas sobre la base de un gran “acuerdo” social (que satisfaga ciertas premisas básicas enunciadas en las condiciones impuestas por Arrow). Ningún mecanismo de agregación de sus objetivos individuales –ya sean la votación, el mercado, etc.– permitirá expresar los objetivos de esa comunidad de una forma que sea compatible con sus preferencias. Los economistas han analizado el problema investigando cómo es posible levantar algunas de las condiciones arrovianas. Nosotros hemos mostrado cómo Maskin lo logra, y entonces podemos decir que la regla de la mayoría domina todas las demás reglas de votación en un sentido específico. Por su parte, el teorema de Gibbard-Satterthwaite sobrela manipulación de las elecciones también tiene un mensaje negativo, alertando sobre el hecho omnipresente de que cualquier método de votación exento de manipulación estratégica debe ser dictatorial o no determinista. Obviamente, si la dictadura es indeseable, esto deja sólo como posibles las votaciones aleatorias; todas las demás podrían ser manipuladas. Finalmente, hemos repasado los argumentos del politólogo Riker acerca de los enfoques populistas en elección social. Riker enfatizó la gran diferencia entre un enfoque liberal y uno populista, siendo la principal que la manifestación de las voluntades individuales no puede ser captada en el segundo, pero sí en el primero de estos regímenes.Por otro lado, el teorema de Sen&Maskinmuestra que el procedimiento de votación por mayoría es compatible con el teorema de imposibilidad.

 

Lamentablemente, no es raro que un tirano autocrático o un dictador disfruten del apoyo sincero de una gran mayoría. Piensen en las masas de alemanes, desilusionados por la república de Weimar y apoyando sinceramente a Hitler, nos recuerda Kornai (2016). La historia política reciente del siglo XXI subraya la necesidad de poder interpretar fenómenos como los de Trump (USA), Correa (Ecuador), Iglesias (España) o Bolsonaro (Brasil). Considero obvio que una decisión de elección agregada al principio de un período constitucional no puede describir la amplia variedad de opciones a que puede recurrir el poder para llevar a cabo su cometido. La transformación de una democracia en autocracia es tan sólo un ejemplo. Otro igualmente relevante es el grado de dureza o blandura con que el poder es ejercido. Sin duda,la cuestión de traducir los objetivos individuales en un objetivo de la comunidad, introduciendo caracterizaciones adicionales del poder, seguirá siendo un tema de interés teórico y empírico en los próximos años.

 

 

 

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(*) Economista. Traductor-Compilador. Profesor Titular de la Universidad de Buenos Aires – Facultad de Ciencias Económicas. Ha realizado investigaciones durante mucho tiempo en la Fundación FIEL, un grupo de expertos en economía de América Latina. Fue presidente de la Asociación Argentina de Economía Política (1996-1998) y presidente del Comité Organizador del XII Congreso Mundial de la Asociación Económica Internacional (AIE) celebrado en 1999 en Buenos Aires. Además, fue gerente en el Banco Central de Argentina, ocupando cargos en el Ministerio de Economía y el Secretario de Ciencia y Tecnología de su país. Sus investigaciones y publicaciones principales abarcan principalmente la economía teórica, la econometría y el derecho y la economía. Ha publicado varios artículos sobre el sector público argentino, la reforma universitaria y sobre la reforma de la economía. Desde 1995 hasta 2007 (primer trimestre) mantuvo una publicación de FIEL con pronósticos macroeconómicos de Argentina.

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Publicado el 09/11/2018

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