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  Sección del Dr. Sirkin
 
 
SUPLEMENTO DE DERECHO ADMINISTRATIVO  

COMENTARIO BIBLIOGRAFICO

 
     

Comentario a la obra "Mecanismos de control público y argumentaciones de responsabilidad", de la Dra. Miriam Mabel Ivanega, Editorial Abaco, Buenos Aires, 2003, 431 páginas.

Por Julio Rodolfo Comadira

 

Cuando, tiempo atrás, la Dra. Ivanega me contó que estaba trabajando en el libro que ahora tengo el honor de comentar pensé en lo positivo que ello sería para el derecho público, pues se trataba de  una obra destinada a llenar un espacio muy poco cubierto,  es decir, una obra necesaria.

Hoy, con el resultado a la vista, puedo completar la reflexión y afirmar: una obra necesaria y sumamente útil, para todo aquel que se interese en el Derecho Administrativo.

Y digo en el Derecho Administrativo, así, en general, pues el control público debe, a mi juicio, dejar de ser un aspecto de aquél sólo cultivable y cultivado por especialistas de las puntuales materias que le comprenden para, al menos en sus cuestiones  básicas, resultar de interés para todos quienes se vinculen con esta rama del derecho.

Por ello,  considero que son perfectamente extrapolables a nuestra realidad jurídica aquellas reflexiones del profesor español Miguel Sánchez Morón, cuando en su clarificadora obra “Discrecionalidad administrativa y control judicial”, sostuviera que “...es evidente que, a finales del siglo XX y en el marco del Estado social y democrático de derecho, la teoría jurídica  del control de las Administraciones públicas no puede hacerse tomando como única referencia el control judicial. Sin embargo,  esta última concepción, a mi juicio reductiva, es la que ha adoptado la doctrina española más prestigiosa durante los últimos lustros”.

En efecto, tampoco son muchas las obras doctrinarias nacionales dedicadas al control público. Ello es tanto más llamativo, si se advierte que, con la sanción de la Ley Nro. 24156, prácticamente cambió en  su esencia el modelo de control hasta entonces imperante en nuestro país.

Este cambio merece ser aprehendido y explicado desde la doctrina. Como en toda cuestión novedosa, tal explicación exige una dosis de docencia elevada, pues se trata de mostrar y fundamentar las líneas directrices de un nuevo modelo que, además, en muchos aspectos resulta interdisciplinario. Y llegado este punto, debe señalarse, desde ya, una de las  más importantes cualidades de la obra en comentario, pues destacan en ella una claridad expositiva y un método de desarrollo de las ideas que ponen al descubierto la indudable condición docente de la profesora Ivanega.

El libro se distribuye en seis capítulos. En el primero de ellos, la autora traza un esquema de la Administración financiera estatal. Para ello, recurre, en primer lugar, al análisis de los dos principios generales que informan a la Ley Nro. 24156 de Administración financiera y sistemas de control del sector público nacional (LAF), tales son la teoría general de sistemas y la centralización normativa y descentralización operativa. Se parte, así, de los principios fundamentales que sustentan el sistema, para avanzar luego sobre las particularidades de éste.

En tal desarrollo, se analizan los distintos “sistemas” ajenos al de control, que componen el esquema de la Administración financiera, sin que falte, en dicho estudio, el juicio crítico de la autora, acompañado de las posibles medidas que coadyuvarían a mejorarlo (por ejemplo, su propuesta de  creación de un sistema de administración de bienes que actúe coordinadamente con el resto de los sistemas de la LAF).

Destaca en este análisis, asimismo, la muy útil y actualizada cita de normativa complementaria de la LAF, así como la mención de las principales normas que dan sustento jurídico positivo a los sistemas ajenos a dicha Ley, tales como los de contrataciones e inversiones.

El punto no es menor, si se atiende a la profusa reglamentación de estas cuestiones que, muchas veces, dificulta –para el no iniciado- su  hallazgo, cabal entendimiento y comprensión.

Ya en el Capítulo II, el tema central es el control público.

Nuevamente la autora nos propone un camino adecuado para el estudio científico del instituto, pues parte de las ideas centrales que lo animan –el logro de una Administración que actúe conforme con la legalidad y, a la vez, sea eficaz- para, desde ese atril, leer el funcionamiento del sistema de control nacional.

A esta altura, merece ser puesta de relieve otra importante cualidad de la obra. Si lo sustantivamente novedoso del sistema requería una marcada vocación docente para su adecuada explicación; la dinámica propia de la materia –de común ajena a los repertorios jurisprudenciales y a las grandes elaboraciones teóricas- exigía de alguien que, para analizarla, tuviera conocimiento del terreno sobre el que se estaba avanzando.

En otras palabras, para explicar el control público -luego de poco más de diez años del sustancial cambio implementado- se requería de un estudioso capaz de exponer las principales cuestiones que lo informan, sus concretos problemas y sus posibles soluciones. Y para ello, ante la casi orfandad de fuentes doctrinarias y jurisprudenciales, cobra doble valor la experiencia personal.

Experiencia personal con la que Ivanega cuenta sobradamente, pues se ha desempeñado –y se desempeña- en la virtual “cocina”  del control público nacional, como lo revela su trabajo en la Auditoría General y en  la Sindicatura General de la Nación.

Por ello, es dable encontrar, junto a la cita de documentos internacionales de primer orden, la alusión a muy específicos problemas de nuestro sistema de control. A guisa de ejemplo, puede mencionarse el meduloso análisis del muy controvertido alcance de las “recomendaciones” efectuadas en los informes de auditoría; cuestión práctica cuya incidencia en la efectividad del sistema no podía ser soslayada –y no lo fue- por la autora quien, además,  asume clara posición a favor de responsabilizar a quienes hagan caso omiso de dichas recomendaciones. En igual orden de ideas, sus observaciones sobre la imperiosa necesidad de independencia del auditante respecto del auditado; cuestión que, pese a su obviedad, no resulta adecuadamente resuelta en el diseño actualmente en vigencia.

Puede decirse que el tratamiento del control público que Ivanega nos propone, exhibe un meditado equilibrio entre teoría, normas y cuestiones prácticas. La utilidad del enfoque elegido es clara, máxime si a ello se le suma que la autora no se priva de efectuar juicios críticos, con miras a un perfeccionamiento del sistema examinado.

El Capítulo III se ocupa de los organismos de control. El estudio se abre con un análisis del derecho comparado, para adentrarse luego en la estructura y funcionamiento de la SIGEN.  Las facultades del órgano de control interno del Poder Ejecutivo son analizadas con profundidad encomiable y bajo la luz de normativa que, en su nivel de actualización, llega prácticamente hasta nuestros días. Particular énfasis es puesto por la autora en el polémico tema del control previo o meramente posterior, aspecto en el cual, al igual que en otras cuestiones parecidamente opinables, Ivanega sienta posición personal.

Similar análisis guía el desarrollo del órgano de control externo, esto es, la Auditoría General de la Nación, estudiándose particularidades tales como la relativa al alcance de su competencia, asunto que ha generado desacuerdos y cuestionamientos, por ejemplo, en materia de fiscalización de empresas privatizadas prestadoras de servicios públicos.

Los siguientes Capítulos – IV y V- versan sobre cuestiones de responsabilidad de los funcionarios públicos.

El Capítulo IV,   se ocupa de la responsabilidad civil, penal, política y disciplinaria, no sin antes situar al lector en los conceptos de función  y funcionario público, así como en sus notas esenciales.

También en este aspecto el estudio muestra un equilibrio entre el desarrollo teórico doctrinario, la normativa vigente, la jurisprudencia existente (que en estas cuestiones es más prolífica) y los juicios de valor críticos de la autora (vgr. respecto del SINAPA).

A la necesaria fundamentación de los distintos tipos de responsabilidad del funcionario, le sucede un particularizado estudio de la ética en la función pública, en el que quedan abarcados instrumentos normativos de importancia creciente, tales como la Convención Interamericana contra la Corrupción, la Ley de Etica Pública Nro. 25188 y el régimen  de declaraciones juradas de los funcionarios.

Tampoco en este aspecto omitió  la autora un enfoque crítico- valorativo; así lo demuestra, por ejemplo, su reclamo de una ética que exceda el mero rótulo de pública (en el sentido de exigible sólo al agente estatal) para extenderse por igual a la ciudadanía toda, en el entendimiento de que ética pública e individual constituyen el anverso y reverso de una misma moneda.

El Capítulo V centra su mira en la responsabilidad patrimonial de los funcionarios públicos. Ciertamente, no son pocas las novedades que, al respecto, trajo consigo la LAF.

Ellas son estudiadas por la autora en detalle,  analizándose con minuciosidad el tipo de intervención que compete a SIGEN, bajo un plexo normativo cuya exposición sistematizada no es común encontrar en nuestro derecho administrativo.

El Capítulo VI es el que cierra la obra. Ivanega lo reserva para presentar en unidad sus reflexiones, propuestas y conclusiones en las que, corresponde remarcarlo, la autora no escapa a la toma de posición y compromiso con las soluciones que entiende más adecuadas para el mejoramiento del sistema.

Un útil apéndice normativo forma parte de la obra, acompañado de un índice de dictámenes y fallos que facilita la individualización de la jurisprudencia citada, ya que la agrupa por materias.

En síntesis, una obra en la cual la vocación docente de su autora se trasunta desde el primer párrafo y resulta vital para explicar, como se lo hace, con claridad y profundidad el contenido de un sistema de administración financiera –fundamentalmente en su faz de control público- sustancialmente distinto al que rigiera hasta la LAF Nro. 24156. Debe sumársele a ello la experiencia de Ivanega en su desempeño profesional -tanto en SIGEN como en la AGN- y su evidente preocupación por la investigación. Todo ello redunda en un equilibrado libro, en el cual la teoría, realidad jurídico positiva, cuestiones prácticas y juicios de valor, conviven en armonía y necesario complemento. Se trata, según entiendo, de una obra valiosa y por demás recomendable tanto para el especialista en la materia como para el cultor, en general, del derecho administrativo.