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Un
club sumamente exclusivo de los Estados Unidos invitó a
hacerse socio al notable cómico Groucho Marx, honor
infrecuente porque el acceso a ese club era muy restringido. A
raíz de ese episodio surgió de la mente del cómico uno de
los chistes más graciosos de su vasto arsenal porque, en la
misma nota en donde se le enviaba la distinción, les contestó:
"Que no aceptaba la membresía porque nunca entraría a
un club que tuviera tan poca categoría que lo quisiera a él
como socio". Parafraseando a tan ingenioso personaje podríamos
decir que nunca confiaríamos en una institución como el
Fondo Monetario Internacional que esta manejada por ineptos de
tal jaez que le prestaron a la Argentina la monumental cifra
del 15% de su activo debiendo saber quiénes estaban en el
Poder y las luces y conocimientos de los economistas y
supuestos expertos que los asesoraron y aclamaron. El Fondo
Monetario Internacional ignora lo que debe saber el aspirante
a cajero de un Banco en una modesta localidad: Solamente se
puede prestar dinero en una pequeña porción del activo a
cada cliente de manera de dispersar entre muchos el riesgo de
no cobrar. El FMI que le prestara el 15% de su activo,
porcentaje realmente descomunal, a la Argentina (ver La Nación
del 6 de Marzo del corriente que reproduce un artículo de The
Economist) violó elementales normas bancarias, que en cambio
debe conocer el modesto empleado del ejemplo, porque el
prestatario no puede quedar nunca frente a un Banco en una
posición tal que se encuentre en condiciones de ponerle
condiciones a la Institución prestamista como ha quedado la
Argentina. Un banco bien manejado nunca puede prestar más que
un pequeño porcentaje de su activo a cada deudor, por la
sencilla razón que en caso en que éste no honrara su deuda,
estaría en condiciones de causar a aquella un descalabro muy
grande en su solvencia y liquidez. Si la Argentina no le paga
al Fondo Monetario dejaría a tan importante organismo
financieramente en una situación comprometida precisamente
por la magnitud de la deuda impaga en porcentaje de su activo
total. Pero, lo que es mas grave, su prestigio sufriría,
asimismo, enormemente porque QUEDARÍA CLARO ANTE EL MUNDO QUE
PRESTÓ MAL LOS FONDOS QUE LE APORTARON LOS PAISES SOCIOS
CONFIANDO EN SU IDONEIDAD. Quedaría también exhibido ala faz
de la Tierra que cuando era mas que evidente que la Argentina
no utilizaba los fondos que obtenía para solventar
circunstanciales caídas en sus ingresos por exportaciones, el
Fondo le seguía prestando, ayudando a mantener un tipo de
cambio disparatado como era un dólar igual un peso y, en el año
2001, financiando en perjuicio del interés argentino y de su
propio interés, la corrida bancaria mas grande de la Historia
nacional. La Sra. Ana Krueger, su actual Director General en
ejercicio, ha dado hace poco una clase de
marxismo-leninismo-fidelismo de alta calidad cuando presionó
a la Argentina para que obligara a los acreedores de los
bancos a aceptar por sus depósitos impagos, títulos de la
deuda pública nacional que estaba en "default", con
lo cual no sólo se aumentaba la colosal deuda externa
argentina sino que hasta el mas humilde de los habitantes de
nuestro país debía asumir la deuda privada de los bancos,
amen de burlar a sus depositantes. Con ese motivo denunciamos
con otras personas a la Sra. Krueger a las Naciones Unidas por
violar la Carta de esa Institución Internacional que
garantiza la propiedad privada.
El
Fondo Monetario Internacional no tiene autoridad moral para
imponer nada a nadie porque engañó a los mercados mundiales
respecto de la verdadera situación argentina y debe hacerse
cargo económicamente de las consecuencias de ese engaño del
cuál son víctimas millones de argentinos, italianos,
alemanes, japoneses, etc. etc.
Decididamente
Groucho Marx nunca se hubiera vinculado al Fondo Monetario
Internacional sencillamente porque no aceptaría pertenecer a
una Institución que fuera tan incompetente que le prestó el
15% de su activo a la Argentina, nación cuyos dirigentes y
economistas mas consultados ignoraban, al parecer, que no se
puede endeudar a un país sino para utilizar los fondos
obtenidos en obras que generen recursos que permitan
devolverlos. El supuesto primer auditor del mundo, el auditor
de países, tampoco pudo, o no supo o no quiso, darse cuenta
que la Argentina tenia un sistema bancario tan frágil que no
estaba en condiciones de devolver los dólares que había
tomado del público porque los prestó tan mal que no podía
cobrarlos a sus propios deudores.
(*)
Juan José Guaresti
(nieto), exProfesor de Análisis Económico de la
U.B.A.
y ex Director del Banco Central de la República Argentina-
www.guaresti.com
Tel. 4-3223720-7741
Prensa:
15-49742901
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