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SUPLEMENTO DE DERECHO PENAL - COMENTARIOS BIBLIOGRAFICOS

 

Punishment & Society - The International Journal of Penology.
Número especial sobre el encarcelamiento masivo en Estados Unidos.
Edición de David GARLAND.
Volumen 3, Número 1, enero de 2001. SAGE Publications, Londres, Thousand Oaks

 

 

            

          

En este número especial de la revista Punishment & Society, David GARLAND (New York University, EE.UU.) reúne trece trabajos de varios autores de prestigio internacional, en los que se propone al lector un análisis multifacético del fenómeno de “encarcelamiento masivo” que se registra en la actualidad –y desde hace ya dos décadas– en los Estados Unidos de América.

            Para el editor, quien abre la publicación con un breve capítulo introductorio ("The meaning of mass imprisonment"), este fenómeno se caracteriza por dos elementos principales.

En primer lugar, por las impresionantes cifras que surgen de las estadísticas en torno a la cantidad y la proporción comparativa de población carcelaria norteamericana. GARLAND indica que, según estimaciones del gobierno norteamericano, la población total de personas privadas de la libertad en las cárceles y prisiones de Estados Unidos superaría en el curso del año 2001, por primera vez en la historia, los dos millones. Asimismo, el autor señala que, durante casi todo el siglo XX, la tasa de encarcelamiento de Estados Unidos fluctuó alrededor de 110 detenidos por cada 100 mil habitantes, tasa que comenzó a subir hasta llegar, hoy en día, a una de más de 450 privados de libertad por cada 100 mil habitantes. Pero, además, indica que, si se suman a estas cifras la población privada de libertad en cárceles locales, la tasa llega a la impresionante cifra de 680 detenidos por cada cien mil habitantes, números que –como pone de resalto el autor- son de seis a diez veces más altos que aquellos correspondientes a los países europeos.

El segundo elemento caracterizador sería la constatación de que la privación de la libertad ha dejado de centrarse en un individuo determinado (en el delincuente que es declarado como tal por una sentencia condenatoria), para redirigirse hacia la sistemática punición de un grupo poblacional bien identificado: el de los jóvenes negros de grandes centros urbanos.

            GARLAND pone de resalto que la prisión de hoy en día se ha transformado en una de las instituciones sociales que estructuran la vida y el proceso de socialización de ese grupo, en la medida en que cada familia y cada individuo del sector mantiene contactos directos con la prisión, a través de las vivencias personales o las de los amigos, vecinos o parientes, motivo por el cual aquélla ha dejado de ser el destino de algunas pocas personas aisladas.

            Al respecto, el autor señala que las bibliotecas están llenas de investigaciones criminológicas relacionadas con el efecto que causa la prisión en la persona que ha sufrido su experiencia, pero que falta información sobre los efectos sociales que esta institución proyecta sobre las comunidades y los barrios, y de ahí que sea necesario, según su opinión, ahondar en la búsqueda de respuestas a distintos interrogantes que surgen a poco que el observador se acerca a este tema de tanta trascendencia.

            ¿Qué pasó con una sociedad para la cual, hace treinta años atrás, la prisión era una institución fracasada y destinada a la abolición? ¿Cuáles son los límites de este proceso de encarcelamiento? ¿Cómo puede ser enfrentado y revertido, sabiendo que las demandas sociales de seguridad no se reducirán? ¿Qué efectos producirá en la política criminal de otras latitudes del planeta? Luego de formular estas preguntas y de advertir que recién ahora comienzan a ser conocidos los costos sociales y financieros de este proceso de encarcelamiento masivo, GARLAND cede la palabra a sus colegas e invita a una urgente reflexión sobre esta nueva institución social, que no surgió como herramienta de una política criminal estudiada, debatida y democráticamente acordada, sino como producto incoherente de una serie convergente de decisiones.

El primer trabajo presentado es el de Marc MAUER (The Sentencing Project, EE.UU.), y se llama "The causes and consequences of prison growth in the United State”. En éste, el autor se propone explorar los cambios de política criminal que contribuyeron al actual frenesí de construcción de cárceles, como así también el clima político que acompañó al proceso de transformaciones del sistema penal norteamericano, cuya fisonomía actual era inimaginable a principios de la década de los años setenta.

            MAUER sostiene que el aumento sin precedentes de la población carcelaria en Estados Unidos ha sido determinado fundamentalmente por dos factores bien identificados: por un lado, por la llamada “guerra a las drogas”, iniciada por la administración de Ronald REAGAN en los años ochenta, gracias a la cual durante esa década se multiplicó por dos el nivel de arrestos por delitos relacionados con el consumo y el tráfico de estupefacientes (según MAUER, los fondos presupuestarios federales asignados a la “guerra a las drogas” pasaron de mil quinientos millones de dólares en 1981 a seis mil seiscientos millones en 1989, continuando su ascenso hasta llegar a los 17 mil millones en 1999); y, por otro, por la crisis del modelo rehabilitador y del uso de sentencias indeterminadas (que aseguraban un cierto grado de poder discrecional en manos del juez), en virtud de la cual surgieron las guías federales y estatales para el dictado de sentencias (“sentencing guidelines systems”) y, más recientemente, las leyes denominadas “three strikes and you´re out”, que provocan el aumento desproporcionado del período de encierro efectivo de los condenados, según el delito cometido y los antecedentes condenatorios.

            En el segundo artículo, "Fear and loathing in late modernity. Reflections on the cultural sources of mass imprisonment in the United States", Jonathan SIMON (University of Miami, EE.UU.) se pregunta por qué motivos un cierto problema logra atraer la atención pública en un momento determinado, aun cuando los problemas principales anteriores no han desaparecido. Y, con respecto a la cuestión penal, consecuentemente, SIMON trata de indagar las causas por las cuales el miedo al delito creció tanto en los Estados Unidos a partir de la década de los ochenta, remplazando así a los miedos propios de años anteriores, como, por ejemplo, la polución ambiental.

            En este trabajo, SIMON se centra en los cambios de la cultura política norteamericana y en los factores que provocaron que el miedo al delito se haya convertido en un tema prioritario en la política nacional, y concluye, sobre la base del modelo de análisis de riesgos que idearon DOUGLAS y WILDAVSKY (Risk and Culture, Berkeley, California, University of California Press, 1982), que resulta inadecuado pensar que el miedo es la respuesta natural a una amenaza o que es el resultado de una manipulación proveniente de las elites de poder. Según su posición, el investigador debe comenzar por indagar cuáles son las tradiciones culturales, las influencias ideológicas y los tipos de organización social que aún permanecen intactos en cada sociedad, a pesar de la tendencia común hacia la globalización y la postmodernidad.

            Thomas MATHIESSEN (University of Oslo, Noruega) tiene a su cargo el tercer artículo de la publicación ("Television, public space and prison population. A commentary on Mauer and Simon"). En éste, el autor citado efectúa un comentario con respecto a los trabajos de MAUER y SIMON, y discute acerca de la influencia de la televisión “en” y “sobre” el denominado “espacio público”.

            Fundamentalmente, MATHIESSEN sostiene que la televisión, si bien no puede ser considerada como el único factor de crecimiento de los niveles de encarcelamiento, sí constituye un factor que los facilita, toda vez que corroe valores propios del derecho moderno, como los principios de legalidad y de humanidad.

            En el trabajo se formula un llamado a la construcción de un “espacio público alternativo” para el diseño de la política penal, que se oponga o distinga claramente del concepto de “opinión pública” y contenga tres ingredientes: la liberación del poder de los medios masivos de comunicación; el restablecimiento de la autoestima de los movimientos sociales que, gracias a la televisión, perdieron la fe en sí mismos; y, por último, el restablecimiento del sentimiento de responsabilidad de parte de los intelectuales (artistas, escritores, científicos, etc.), quienes deberían, por ejemplo, rehusarse a participar en el “show business” de la televisión. En definitiva, dice MATHIESSEN, “el punto es precisamente el de tratar de crear un espacio público alternativo donde la argumentación y el pensamiento principista sean valores dominantes, un espacio público que al final pueda competir con el espacio público superficial de los medios masivos de comunicación”.

A continuación se encuentra el artículo "Governing social marginality. Welfare, incarceration, and the transformation of state policy", de Katherine BECKETT (University of Washington, EE.UU.) y Bruce WESTERN (Princeton University, EE.UU.), en el cual se examina el aumento de la población penitenciaria norteamericana en el contexto de la reducción del estado de bienestar social, soslayando así las consideraciones puramente políticas, económicas o penales.

            Estos autores sostienen, sobre la base de las tasas de encarcelamiento del período 1975-1995, que los grandes sistemas penales se hallan en sistemas de bienestar débiles. Principalmente, ambos plantean que en la actualidad se verifica un gran cambio respecto del manejo de la marginalidad social y que el declinante apoyo respecto de las políticas de bienestar social es parte del desarrollo de una política punitiva en la cual el estado cumple un papel sustancial.

            En el trabajo siguiente, "The macho penal economy. Mass incarceration in the United States –a European perspective", David DOWNES (London School of Economics, Reino Unido) señala que en ciertos países europeos se están ensamblando los componentes de una expansión penal considerable: altas tasas de graves delitos contra la propiedad; un cambio en las políticas de “ley y orden”, que ahora se basan en una cultura punitiva populista y la “gobernabilidad a través del delito”; y, por otra parte, la creciente ansiedad con respecto a la inseguridad y los riesgos, en particular en lo que toca a las minorías étnicas.

            Tras delinear los caracteres excepcionales que diferencian la situación de Estados Unidos, e indicar los datos que permiten percibir que, en un futuro, Europa podría experimentar un diagnóstico similar, DOWNES expone tres conclusiones: 1) que es improbable que Europa pueda igualar a Estados Unidos, no obstante lo cual se constata que existen datos de un significativo aumento de población penitenciaria, sobre todo en Gran Bretaña; 2) que Europa no necesita igualar los números de Estados Unidos para experimentar un grave desastre social y político; y 3) que, ciertamente, Europa y otras sociedades deberían resistir el ejemplo penal norteamericano, aunque, en los hechos, internamente, la capacidad de resistencia en estas sociedades tenga elementos comunes a los de Estados Unidos.

            Seguidamente, David F. GREENBERG (New York University, EE.UU.), en "Novus ordo saeclorum? A commentary on Downes, and on Beckett and Western", efectúa comentarios sobre cuestiones metodológicas introducidas en el trabajo presentado por BECKETT y WESTERN, analiza el argumento de DOWNES de que las economías de mercado generan altas tasas de delitos y altos niveles de castigo y, por último, se pregunta si la historia penal europea seguirá los pasos que actualmente marca su par norteamericana. Entre otros puntos, GREENBERG pone en duda que los niveles de encarcelamiento jueguen un papel significativo en la reducción de los niveles de desempleo; piensa que es un tanto erróneo afirmar que la reducción de las políticas de bienestar puede predecir el mayor uso de políticas de encarcelamiento, y viceversa; y critica la suposición de BECKETT y WESTERN de que las políticas de los estados norteamericanos son formuladas en forma independiente una de otra.

Loïc WACQUANT (University of California, Berkeley, EE.UU.) se encarga del séptimo artículo, llamado "Deadly symbiosis. When ghetto and prison meet and mesh", y en éste propone formular un análisis que se aleje del paradigma “delito-castigo”, para explicar por qué la población negra ha sido encarcelada en masa en los Estados Unidos.

            Para WACQUANT, el masivo encarcelamiento de la población negra es sólo un nuevo capítulo en la secuencia histórica de instituciones que han manejado y definido a los grupos desposeídos, secuencia que tuvo comienzo con la esclavitud y que siguió con la aparición del llamado “régimen de Jim Crow” (WACQUANT hace referencia aquí al sistema de segregación racial que surgió en Estados Unidos con posterioridad a la Guerra de Secesión, y que se extendió, por lo menos en los estados del sur, desde 1865 hasta 1965) y, posteriormente, con el gueto urbano. En este orden de ideas, el encarcelamiento masivo de “afro-americanos” no sería sino la indicación de que el gueto ya no sirve como instrumento  de control sobre este grupo poblacional.

            Fundamentalmente, para WACQUANT, la simbiosis resultante de la combinación entre “gueto” y “prisión” no sólo prolonga la marginalidad socioeconómica y el estigma del sub-proletariado negro, sino que también juega un papel principal en la redefinición del concepto de ciudadanía, a través de la producción de una cultura pública racializada de vilipendio hacia los delincuentes y la construcción de un estado post-keynesiano que reemplaza, con el gerenciamiento penal, la respuesta propia de un estado de bienestar.

            El artículo del autor citado finaliza con la siguiente conclusión: “La astronómica sobrerepresentación de negros en casas de confinamiento penal y el engranaje crecientemente fuerte entre el hipergueto con el sistema carcelario sugiere que, debido a la adopción de Estados Unidos del encarcelamiento masivo como extraña política social diseñada para disciplinar a los pobres y contener a los deshonrados, la clase baja de afro-americanos vive, no en una sociedad con prisiones como lo hacen sus compatriotas blancos, sino en la primera genuina sociedad-prisión de la historia”.

            Seguidamente, sin abandonar la cuestión racial, Elijah ANDERSON (University of Pennsylvania, EE.UU.) narra en "Going straight. The story of a young inner-city ex-convict" la historia de un joven ex detenido que logra con éxito vivir una vida alejada del delito en una comunidad negra pobre y urbana, a pesar de tener que enfrentarse en su barrio a “la ley de la calle”, que, comúnmente, suele oponerse a las normas imperantes en la sociedad dominante. Con un estilo casi literario, el autor cuenta la evolución laboral del protagonista de su relato, y se encarga de poner de resalto que el éxito de algunos no debe ser confundido con las posibilidades de éxito de los demás o con la existencia de una estructura ocupacional abierta y justa.

            El autor sostiene que el éxito trae movilidad social para unos pocos afortunados, pero que ese éxito sirve para reproducir o legitimar las estructuras de clase y status racializadas que continúan oprimiendo a aquellos que, o no encuentran las mismas oportunidades, o eligen no “venderse” con el fin de alcanzar el “éxito” en la versión que pretende imponer la sociedad dominante.

            A continuación, Jerome MILLER (National Center on Institutions and Alternatives, EE.UU.) comenta los artículos de WACQUANT y ANDERSON en un trabajo llamado "Bringing the individual back in. A commentary on Wacquant and Anderson", en el que, por otra parte, aprovecha para estudiar las consecuencias no queridas de las metodologías que han caracterizado la investigación criminológica contemporánea.

"Imprisonment rates and the new politics of criminal punishment" es un breve trabajo que presenta Franklin E. ZIMRING (University of California, Berkeley, EE.UU.), en el que el autor une el reciente aumento de las tasas de encarcelamiento en Estados Unidos con lo que identifica como una nueva política de severidad penal.

            ZIMRING expresa que las más recientes políticas penales tienen tres características salientes: 1) un corte en la tradicional relación entre los efectos simbólicos y los reales de la legislación penal, circunstancia que el autor ejemplifica con la ley “three strikes and you´re out” del Estado de California, que ha producido mayor grado de encarcelamiento que lo que la ley en sí permitía entrever; 2) una aceptada presuposición de que cualquier aumento de dolor sobre los condenados produce como consecuencia un beneficio paralelo para las víctimas de hechos delictivos (relación que se ha llamado “falacia de la suma cero”), presuposición que es conveniente para, precisamente, evitar al poder tener que explicar de qué forma un aumento en la respuesta punitiva es favorable para los reclamos de la víctima; y 3) una paradójica desconfianza en las instituciones del estado, frente a la cual se reacciona forzando la imposición de medidas penales severas.

            A continuación, Michael TONRY (University of Minnesota, EE.UU.) escribe “Unthought thoughts. The influence of changing sensibilities on penal policies”, un artículo en el que nos recuerda que las modas punitivas varían con los cambios en las sensibilidades, hecho que lleva a que en ciertas épocas sea impensable la aplicación de medidas que en otra época distinta se transforman en cosa cotidiana. A modo de ejemplo, entre otros, TONRY examina la desaparición en Estados Unidos del debate sobre la prisión preventiva y sobre las facultades recursivas de los fiscales, el cual, durante la década de los años setenta no permitía vislumbrar que hoy en día aquéllas serían dos instituciones aceptadas en el proceso penal.

            Las palabras finales están destinadas a recordar a los operadores políticos que mucho de lo que se hace en nombre de la seguridad pública es cruel y excesivo, constatación que debería llevarlos a hacer un mayor uso de la memoria y a separar lo efímero y lo emocional de lo duradero y reflexivo.

            James B. JACOBS (New York University, EE.UU.) presenta el texto número doce, denominado “Facts, values and prison policies. A commentary on Zimring and Tonry”. En éste efectúa un comentario con relación a los artículos de ZIMRING y TONRY, reclamando precaución a la hora de formular críticas morales a la política penal y los niveles de encarcelamiento en Estados Unidos, advirtiendo que aún no existe una línea metodológica objetiva que permita medir la severidad de las condenas penales en los distintos países.

            Finalmente, en “The private and the public in penal history. A commentary on Zimring and Tonry”, Alex LICHTENSTEIN (Florida International University, EE.UU.) también formula un comentario acerca de los trabajos de ZIMRING y TONRY.

            En este artículo, por otra parte, agrega un examen sobre lo que considera dos constantes en la historia penal norteamericana, las cuales hacen improbable una genuina reforma en el futuro: que en Estados Unidos la ley penal ha sido usada para el disciplinamiento y el control de las minorías raciales, y que las formas y la frecuencia del castigo penal han estado basados en los deseos privados de venganza y retribución más que en nociones abstractas de justicia.

David GARLAND cierra este importante número de la revista Punishment & Society con un epílogo que lleva por subtítulo la frase: “The new iron cage”.

            En este texto, el autor recuerda que Max WEBER, en su famoso libro “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, describió cómo las instituciones del capitalismo sobrevivieron al espíritu de los puritanos que ayudaron a construirlas pensando en satisfacer sus propias aspiraciones personales y religiosas, motivo por el cual, como corolario, aquéllas se transformaron en la “jaula de hierro” de las generaciones subsiguientes, que no pudieron escapar al sistema. Y, en este sentido, haciendo uso de la metáfora weberiana, afirma que es probable que el encarcelamiento masivo se convierta en el futuro en la “nueva jaula de hierro”, sobre todo porque, una vez establecido este sistema, el mismo ha mostrado ciertas características que se separan de las causas que le dieron origen (entre ellas, el surgimiento del complejo penal-industrial, con intereses depositados en los contratos comerciales en torno a la construcción y el manejo de las prisiones) y que, por tanto, pueden perpetrarlo sin fecha límite conocible hoy en día.

            En los comienzos del siglo XXI, afirma GARLAND, Estados Unidos vive un “boom” económico sin precedentes, con bajas tasas de desocupación, niveles de vida en ascenso, un superavit fiscal nacional y presupuestos estatales saludables. Señala, además, que los niveles de delincuencia han bajado desde 1992 y que, sin embargo, la tendencia hacia el encarcelamiento masivo continúa.

            Ahora bien, para finalizar, expresa asimismo que parece haberse registrado cierto cambio de actitud en algunos representantes de la clase política y la clase académica conservadora. Se refiere a comentarios efectuados por el ex Procurador General de Estados Unidos, Edwin MEESE, criticando la sanción de leyes penales simbólicas y la creciente intervención del gobierno federal en el control del delito; por John DIIULIO Jr., quien, como uno de los promotores del “boom” carcelario, ha sostenido recientemente que 2 millones de detenidos “son suficientes”; y por Al GORE, quien, frente a una pregunta sobre raza y prisión, afirmó en un discurso de campaña que se necesita buscar educación con tanta energía como se buscan los encarcelamientos. Este cambio lo lleva a formular un interrogante final: si no ha llegado el momento en que comienza a observarse que el encarcelamiento masivo no es parte de la solución sino parte del problema.

 

Reseña de Emilio Antonio CAPPUCCIO

 

 

 


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