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En este número especial de la revista Punishment & Society, David GARLAND (New York University, EE.UU.) reúne trece trabajos de varios autores
de prestigio internacional, en los que se propone al lector un análisis
multifacético del fenómeno de “encarcelamiento masivo” que se registra en
la actualidad –y desde hace ya dos décadas– en los Estados Unidos de América.
Para el editor, quien abre la publicación con un breve capítulo
introductorio ("The meaning of mass imprisonment"), este fenómeno se
caracteriza por dos elementos principales.
En primer lugar, por las impresionantes cifras que surgen de
las estadísticas en torno a la cantidad y la proporción comparativa de población
carcelaria norteamericana. GARLAND indica que, según estimaciones del gobierno
norteamericano, la población total de personas privadas de la libertad en las cárceles
y prisiones de Estados Unidos superaría en el curso del año 2001, por primera
vez en la historia, los dos millones. Asimismo, el autor señala que, durante
casi todo el siglo XX, la tasa de encarcelamiento de Estados Unidos fluctuó
alrededor de 110 detenidos por cada 100 mil habitantes, tasa que comenzó a
subir hasta llegar, hoy en día, a una de más de 450 privados de libertad por
cada 100 mil habitantes. Pero, además, indica que, si se suman a estas cifras
la población privada de libertad en cárceles locales, la tasa llega a la
impresionante cifra de 680 detenidos por cada cien mil habitantes, números que
–como pone de resalto el autor- son de seis a diez veces más altos que
aquellos correspondientes a los países europeos.
El segundo elemento caracterizador sería la constatación
de que la privación de la libertad ha dejado de centrarse en un individuo
determinado (en el delincuente que es declarado como tal por una sentencia
condenatoria), para redirigirse hacia la sistemática punición de un grupo
poblacional bien identificado: el de los jóvenes negros de grandes centros
urbanos.
GARLAND pone de resalto que la prisión
de hoy en día se ha transformado en una de las instituciones sociales que
estructuran la vida y el proceso de socialización de ese grupo, en la medida en
que cada familia y cada individuo del sector mantiene contactos directos con la
prisión, a través de las vivencias personales o las de los amigos, vecinos o
parientes, motivo por el cual aquélla ha dejado de ser el destino de algunas
pocas personas aisladas.
Al respecto, el autor señala que las bibliotecas están llenas de
investigaciones criminológicas relacionadas con el efecto que causa la prisión
en la persona que ha sufrido su experiencia, pero que falta información sobre
los efectos sociales que esta institución proyecta sobre las comunidades y los
barrios, y de ahí que sea necesario, según su opinión, ahondar en la búsqueda
de respuestas a distintos interrogantes que surgen a poco que el observador se
acerca a este tema de tanta trascendencia.
¿Qué
pasó con una sociedad para la cual, hace treinta años atrás, la prisión era
una institución fracasada y destinada a la abolición? ¿Cuáles son los límites
de este proceso de encarcelamiento? ¿Cómo puede ser enfrentado y revertido,
sabiendo que las demandas sociales de seguridad no se reducirán? ¿Qué efectos
producirá en la política criminal de otras latitudes del planeta? Luego de
formular estas preguntas y de advertir que recién ahora comienzan a ser
conocidos los costos sociales y financieros de este proceso de encarcelamiento
masivo, GARLAND cede la palabra a sus colegas e invita a una urgente
reflexión sobre esta nueva institución social, que no surgió como herramienta
de una política criminal estudiada, debatida y democráticamente acordada, sino
como producto incoherente de una serie convergente de decisiones.
El primer trabajo presentado es el de Marc MAUER
(The Sentencing Project, EE.UU.), y se
llama "The causes and consequences of
prison growth in the United State”. En éste, el autor se propone explorar
los cambios de política criminal que contribuyeron al actual frenesí de
construcción de cárceles, como así también el clima político que acompañó
al proceso de transformaciones del sistema penal norteamericano, cuya fisonomía
actual era inimaginable a principios de la década de los años setenta.
MAUER sostiene que el aumento sin
precedentes de la población carcelaria en Estados Unidos ha sido determinado
fundamentalmente por dos factores bien identificados: por un lado, por la
llamada “guerra a las drogas”,
iniciada por la administración de Ronald REAGAN en los años ochenta, gracias a
la cual durante esa década se multiplicó por dos el nivel de arrestos por
delitos relacionados con el consumo y el tráfico de estupefacientes (según MAUER,
los fondos presupuestarios federales asignados a la “guerra a las drogas” pasaron de mil quinientos millones de dólares
en 1981 a seis mil seiscientos millones en 1989, continuando su ascenso hasta
llegar a los 17 mil millones en 1999); y, por otro, por la crisis del modelo
rehabilitador y del uso de sentencias indeterminadas (que aseguraban un cierto
grado de poder discrecional en manos del juez), en virtud de la cual surgieron
las guías federales y estatales para el dictado de sentencias (“sentencing
guidelines systems”) y, más recientemente, las leyes denominadas “three
strikes and you´re out”, que provocan el aumento desproporcionado del período
de encierro efectivo de los condenados, según el delito cometido y los
antecedentes condenatorios.
En el segundo artículo, "Fear
and loathing in late modernity. Reflections on the cultural sources of mass
imprisonment in the United States", Jonathan SIMON
(University of Miami, EE.UU.) se
pregunta por qué motivos un cierto problema logra atraer la atención pública
en un momento determinado, aun cuando los problemas principales anteriores no
han desaparecido. Y, con respecto a la cuestión penal, consecuentemente, SIMON
trata de indagar las causas por las cuales el miedo al delito creció tanto en
los Estados Unidos a partir de la década de los ochenta, remplazando así a los
miedos propios de años anteriores, como, por ejemplo, la polución ambiental.
En este trabajo, SIMON
se centra en los cambios de la cultura política norteamericana y en los
factores que provocaron que el miedo al delito se haya convertido en un tema
prioritario en la política nacional, y concluye, sobre la base del modelo de análisis
de riesgos que idearon DOUGLAS
y WILDAVSKY
(Risk and Culture, Berkeley,
California, University of California Press, 1982), que resulta inadecuado pensar
que el miedo es la respuesta natural a una amenaza o que es el resultado de una
manipulación proveniente de las elites de poder. Según su posición, el
investigador debe comenzar por indagar cuáles son las tradiciones culturales,
las influencias ideológicas y los tipos de organización social que aún
permanecen intactos en cada sociedad, a pesar de la tendencia común hacia la
globalización y la postmodernidad.
Thomas MATHIESSEN (University of Oslo, Noruega) tiene a su cargo el tercer artículo de
la publicación ("Television, public
space and prison population. A commentary on Mauer and Simon"). En éste, el autor citado efectúa
un comentario con respecto a los trabajos de MAUER y SIMON, y discute acerca de la
influencia de la televisión “en” y “sobre” el denominado “espacio público”.
Fundamentalmente, MATHIESSEN
sostiene que la televisión, si bien no puede ser considerada como el único
factor de crecimiento de los niveles de encarcelamiento, sí constituye un
factor que los facilita, toda vez que corroe valores propios del derecho
moderno, como los principios de legalidad y de humanidad.
En el trabajo se formula un llamado a la construcción de un “espacio
público alternativo” para el diseño de la política penal, que se oponga
o distinga claramente del concepto de “opinión
pública” y contenga tres ingredientes: la liberación del poder de los
medios masivos de comunicación; el restablecimiento de la autoestima de los
movimientos sociales que, gracias a la televisión, perdieron la fe en sí
mismos; y, por último, el restablecimiento del sentimiento de responsabilidad
de parte de los intelectuales (artistas, escritores, científicos, etc.),
quienes deberían, por ejemplo, rehusarse a participar en el “show
business” de la televisión. En definitiva, dice MATHIESSEN,
“el punto es precisamente el de tratar
de crear un espacio público alternativo donde la argumentación y el
pensamiento principista sean valores dominantes, un espacio público que al
final pueda competir con el espacio público superficial de los medios masivos
de comunicación”.
A continuación se encuentra el artículo "Governing
social marginality. Welfare, incarceration, and the transformation of state
policy", de Katherine BECKETT
(University of Washington, EE.UU.) y Bruce WESTERN (Princeton University, EE.UU.), en el cual se examina el aumento de
la población penitenciaria norteamericana en el contexto de la reducción del
estado de bienestar social, soslayando así las consideraciones puramente políticas,
económicas o penales.
Estos autores sostienen, sobre la base de las tasas de encarcelamiento
del período 1975-1995, que los grandes sistemas penales se hallan en sistemas
de bienestar débiles. Principalmente, ambos plantean que en la actualidad se
verifica un gran cambio respecto del manejo de la marginalidad social y que el
declinante apoyo respecto de las políticas de bienestar social es parte del
desarrollo de una política punitiva en la cual el estado cumple un papel
sustancial.
En el trabajo siguiente, "The
macho penal economy. Mass incarceration in the United States –a European
perspective", David DOWNES
(London School of Economics, Reino
Unido) señala que en ciertos países europeos se están ensamblando los
componentes de una expansión penal considerable: altas tasas de graves delitos
contra la propiedad; un cambio en las políticas de “ley
y orden”, que ahora se basan en una cultura punitiva populista y la “gobernabilidad
a través del delito”; y, por otra parte, la creciente ansiedad con
respecto a la inseguridad y los riesgos, en particular en lo que toca a las
minorías étnicas.
Tras delinear los caracteres excepcionales que diferencian la situación
de Estados Unidos, e indicar los datos que permiten percibir que, en un futuro,
Europa podría experimentar un diagnóstico similar, DOWNES
expone tres conclusiones: 1) que es improbable que Europa pueda igualar a
Estados Unidos, no obstante lo cual se constata que existen datos de un
significativo aumento de población penitenciaria, sobre todo en Gran Bretaña;
2) que Europa no necesita igualar los números de Estados Unidos para
experimentar un grave desastre social y político; y 3) que, ciertamente, Europa
y otras sociedades deberían resistir el ejemplo penal norteamericano, aunque,
en los hechos, internamente, la capacidad de resistencia en estas sociedades
tenga elementos comunes a los de Estados Unidos.
Seguidamente, David F. GREENBERG
(New York University, EE.UU.), en "Novus
ordo saeclorum? A commentary on Downes, and on Beckett and Western",
efectúa comentarios sobre cuestiones metodológicas introducidas en el trabajo
presentado por BECKETT
y WESTERN,
analiza el argumento de DOWNES
de que las economías de mercado generan altas tasas de delitos y altos niveles
de castigo y, por último, se pregunta si la historia penal europea seguirá los
pasos que actualmente marca su par norteamericana. Entre otros puntos, GREENBERG
pone en duda que los niveles de encarcelamiento jueguen un papel significativo
en la reducción de los niveles de desempleo; piensa que es un tanto erróneo
afirmar que la reducción de las políticas de bienestar puede predecir el mayor
uso de políticas de encarcelamiento, y viceversa; y critica la suposición de BECKETT
y WESTERN
de que las políticas de los estados norteamericanos son formuladas en forma
independiente una de otra.
Loïc WACQUANT
(University of California,
Berkeley, EE.UU.) se encarga del séptimo artículo, llamado "Deadly
symbiosis. When ghetto and prison meet and mesh", y en éste propone
formular un análisis que se aleje del paradigma “delito-castigo”, para explicar por qué la población negra ha
sido encarcelada en masa en los Estados Unidos.
Para WACQUANT, el masivo encarcelamiento
de la población negra es sólo un nuevo capítulo en la secuencia histórica de
instituciones que han manejado y definido a los grupos desposeídos, secuencia
que tuvo comienzo con la esclavitud y que siguió con la aparición del llamado “régimen
de Jim Crow” (WACQUANT
hace referencia aquí al sistema de segregación racial que surgió en Estados
Unidos con posterioridad a la Guerra de Secesión, y que se extendió, por lo
menos en los estados del sur, desde 1865 hasta 1965) y, posteriormente, con el
gueto urbano. En este orden de ideas, el encarcelamiento masivo de “afro-americanos”
no sería sino la indicación de que el gueto ya no sirve como instrumento
de control sobre este grupo poblacional.
Fundamentalmente, para WACQUANT,
la simbiosis resultante de la combinación entre “gueto” y “prisión” no
sólo prolonga la marginalidad socioeconómica y el estigma del sub-proletariado
negro, sino que también juega un papel principal en la redefinición del
concepto de ciudadanía, a través de la producción de una cultura pública
racializada de vilipendio hacia los delincuentes y la construcción de un estado
post-keynesiano que reemplaza, con el gerenciamiento penal, la respuesta propia
de un estado de bienestar.
El artículo del autor citado finaliza con la siguiente conclusión: “La
astronómica sobrerepresentación de negros en casas de confinamiento penal y el
engranaje crecientemente fuerte entre el hipergueto con el sistema carcelario
sugiere que, debido a la adopción de Estados Unidos del encarcelamiento masivo
como extraña política social diseñada para disciplinar a los pobres y
contener a los deshonrados, la clase baja de afro-americanos vive, no en una
sociedad con prisiones como lo hacen sus compatriotas blancos, sino en la
primera genuina sociedad-prisión de la historia”.
Seguidamente, sin abandonar la cuestión racial, Elijah ANDERSON
(University of Pennsylvania, EE.UU.)
narra en "Going straight. The story
of a young inner-city ex-convict" la historia de un joven ex detenido
que logra con éxito vivir una vida alejada del delito en una comunidad negra
pobre y urbana, a pesar de tener que enfrentarse en su barrio a “la
ley de la calle”, que, comúnmente, suele oponerse a las normas imperantes
en la sociedad dominante. Con un estilo casi literario, el autor cuenta la
evolución laboral del protagonista de su relato, y se encarga de poner de
resalto que el éxito de algunos no debe ser confundido con las posibilidades de
éxito de los demás o con la existencia de una estructura ocupacional abierta y
justa.
El autor sostiene que el éxito trae movilidad social para unos pocos
afortunados, pero que ese éxito sirve para reproducir o legitimar las
estructuras de clase y status racializadas que continúan oprimiendo a aquellos que, o no
encuentran las mismas oportunidades, o eligen no “venderse” con el fin de
alcanzar el “éxito” en la versión que pretende imponer la sociedad
dominante.
A continuación, Jerome MILLER
(National Center on Institutions and
Alternatives, EE.UU.) comenta los artículos de WACQUANT y ANDERSON
en un trabajo llamado "Bringing the
individual back in. A commentary on Wacquant and Anderson", en el que,
por otra parte, aprovecha para estudiar las consecuencias no queridas de las
metodologías que han caracterizado la investigación criminológica contemporánea.
"Imprisonment rates
and the new politics of criminal punishment"
es un breve trabajo que presenta Franklin E. ZIMRING (University of California, Berkeley,
EE.UU.), en el que el autor une el reciente aumento de las tasas de
encarcelamiento en Estados Unidos con lo que identifica como una nueva política
de
severidad penal.
ZIMRING expresa que las más recientes
políticas penales tienen tres características salientes: 1) un corte en la
tradicional relación entre los efectos simbólicos y los reales de la legislación
penal, circunstancia que el autor ejemplifica con la ley “three
strikes and you´re out” del Estado de California, que ha producido mayor
grado de encarcelamiento que lo que la ley en sí permitía entrever; 2) una
aceptada presuposición de que cualquier aumento de dolor sobre los condenados
produce como consecuencia un beneficio paralelo para las víctimas de hechos
delictivos (relación que se ha llamado “falacia
de la suma cero”), presuposición que es conveniente para, precisamente,
evitar al poder tener que explicar de qué forma un aumento en la respuesta
punitiva es favorable para los reclamos de la víctima; y 3) una paradójica
desconfianza en las instituciones del estado, frente a la cual se reacciona
forzando la imposición de medidas penales severas.
A continuación, Michael TONRY (University of
Minnesota, EE.UU.) escribe “Unthought
thoughts. The
influence of changing sensibilities on penal policies”,
un artículo en el que nos recuerda que las modas punitivas varían con los
cambios en las sensibilidades, hecho que lleva a que en ciertas épocas sea
impensable la aplicación de medidas que en otra época distinta se transforman
en cosa cotidiana. A modo de ejemplo, entre otros, TONRY examina la desaparición en
Estados Unidos del debate sobre la prisión preventiva y sobre las facultades
recursivas de los fiscales, el cual, durante la década de los años setenta no
permitía vislumbrar que hoy en día aquéllas serían dos instituciones
aceptadas en el proceso penal.
Las palabras finales están destinadas a recordar a los operadores políticos
que mucho de lo que se hace en nombre de la seguridad pública es cruel y
excesivo, constatación que debería llevarlos a hacer un mayor uso de la
memoria y a separar lo efímero y lo emocional de lo duradero y reflexivo.
James B. JACOBS (New
York University, EE.UU.) presenta el texto número doce, denominado “Facts,
values and prison policies. A commentary on Zimring and Tonry”. En
éste efectúa un comentario con relación a los artículos de ZIMRING
y TONRY,
reclamando precaución a la hora de formular críticas morales a la política
penal y los niveles de encarcelamiento en Estados Unidos, advirtiendo que aún
no existe una línea metodológica objetiva que permita medir la severidad de
las condenas penales en los distintos países.
Finalmente, en “The
private and the public in penal history. A commentary on Zimring and Tonry”,
Alex LICHTENSTEIN
(Florida International University,
EE.UU.) también formula un comentario acerca de los trabajos de ZIMRING
y TONRY.
En este artículo, por otra parte, agrega un examen sobre lo que
considera dos constantes en la historia penal norteamericana, las cuales hacen
improbable una genuina reforma en el futuro: que en Estados Unidos la ley penal
ha sido usada para el disciplinamiento y el control de las minorías raciales, y
que las formas y la frecuencia del castigo penal han estado basados en los
deseos privados de venganza y retribución más que en nociones abstractas de
justicia.
David GARLAND
cierra este importante número de la revista Punishment
& Society con un epílogo que lleva por subtítulo la frase: “The
new iron cage”.
En este texto, el autor recuerda que Max WEBER,
en su famoso libro “La ética
protestante y el espíritu del capitalismo”, describió cómo las
instituciones del capitalismo sobrevivieron al espíritu de los puritanos que
ayudaron a construirlas pensando en satisfacer sus propias aspiraciones
personales y religiosas, motivo por el cual, como corolario, aquéllas se
transformaron en la “jaula de hierro”
de las generaciones subsiguientes, que no pudieron escapar al sistema. Y, en
este sentido, haciendo uso de la metáfora weberiana, afirma que es probable que
el encarcelamiento masivo se convierta en el futuro en la “nueva
jaula de hierro”, sobre todo porque, una vez establecido este sistema, el
mismo ha mostrado ciertas características que se separan de las causas que le
dieron origen (entre ellas, el surgimiento del complejo penal-industrial, con
intereses depositados en los contratos comerciales en torno a la construcción y
el manejo de las prisiones) y que, por tanto, pueden perpetrarlo sin fecha límite
conocible hoy en día.
En los comienzos del siglo XXI, afirma GARLAND,
Estados Unidos vive un “boom” económico
sin precedentes, con bajas tasas de desocupación, niveles de vida en ascenso,
un superavit fiscal nacional y presupuestos estatales saludables. Señala, además,
que los niveles de delincuencia han bajado desde 1992 y que, sin embargo, la
tendencia hacia el encarcelamiento masivo continúa.
Ahora bien, para finalizar, expresa asimismo que parece haberse
registrado cierto cambio de actitud en algunos representantes de la clase política
y la clase académica conservadora. Se refiere a comentarios efectuados por el
ex Procurador General de Estados Unidos, Edwin MEESE,
criticando la sanción de leyes penales simbólicas y la creciente intervención
del gobierno federal en el control del delito; por John DIIULIO
Jr., quien, como uno de los promotores del “boom”
carcelario, ha sostenido recientemente que 2 millones de detenidos “son
suficientes”; y por Al GORE,
quien, frente a una pregunta sobre raza y prisión, afirmó en un discurso de
campaña que se necesita buscar educación con tanta energía como se buscan los
encarcelamientos. Este cambio lo lleva a formular un interrogante final: si no
ha llegado el momento en que comienza a observarse que el encarcelamiento masivo
no es parte de la solución sino parte del problema.
Reseña
de Emilio Antonio CAPPUCCIO
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