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SUPLEMENTO DE DERECHO PENAL - COMENTARIOS BIBLIOGRAFICOS

A LAS NIÑAS BUENAS NO LES PASA NADA MALO. El miedo a la delincuencia en la vida de las mujeres.
Esther MADRIZ.
México, Siglo XXI, (traducción de Stella Mastrángelo), 2001, 199 pp.

 


Comentario de Analía MONFERRER

 

             

       

Esther MADRIZ impartió varios cursos sobre criminología, delincuencia juvenil y violencia contra las mujeres en la Universidad de Vanderbilt,  en el Hunter College de la ciudad de New York, en la Universidad Católica de Caracas, Venezuela, y en la Universidad Iberoamericana de Tijuana, México. Se desempeñó como Profesora Asistente en el Departamento de Sociología de la Universidad de San Francisco, California; fue Vicejefa de la Sección Mujeres y Minorías de la Academy of Criminal Justice Science; y recibió su maestría en Administración de Justicia Criminal en la California State University, y su doctorado en la Universidad de Vanderbilt, en 1992. Por la obra que comentamos, que fue publicada en inglés en 1997 y traducida al castellano poco después de la muerte de su autora (2001), Esther MADRIZ fue nominada al premio Charles Wright Mills, uno de los más prestigiosos en el campo de la sociología.

Para escribir este libro, la autora acudió al relato directo de mujeres, por lo que decidió realizar grupos de encuentro y entrevistas “en profundidad” -que llevó a cabo en el ámbito de las ciudades de New York y New Jersey- con mujeres blancas, afroamericanas y latinas, adolescentes, adultas y mayores, todas ellas de diversos sectores sociales y económicos. El grupo de mujeres pertenecientes a minorías y adolescentes superó al resto,  en forma deliberada, ya que MADRIZ considera que esos grupos, en la mayoría de los estudios relacionados con la delincuencia, se encuentran subrepresentados. El método utilizado permitió una mayor comodidad y sinceridad de las participantes  –que fueron voluntarias- y una mayor flexibilidad de los interrogantes de la coordinadora –la propia autora- para lograr una mayor comprensión de los sentimientos de las mujeres y sus preocupaciones respecto de la delincuencia.

El título de la obra se inspira en una frase que la madre de MADRIZ le decía “Si eres una niña buena, nada malo te pasará” y, a su juicio, ese dicho describe el control social y político que el miedo a la delincuencia ejerce en la vida de las mujeres.

El libro se estructura en ocho capítulos: 1. INTRODUCCIÓN. El contexto del miedo a la delincuencia. Viviendo con el fantasma del miedo. La construcción social de la delincuencia. El miedo a la delincuencia entre las mujeres: la paradoja del miedo. La representación de delitos contra las mujeres en los medios de comunicación. 2. CÓMO SE HACE UNA NIÑA BUENA. Se buscan chivos expiatorios. Perspectivas sobre la delincuencia y las mujeres. La delincuencia, las mujeres insumisas y el control social. Por tu propio bien. 3. EL MIEDO A LA DELINCUENCIA COMO CONTROL SOCIAL. ¿Preocupada, inquieta, asustada o simplemente furiosa? ¿Diferentes palabras o diferentes mundos? Una posición de miedo. Miedo a la delincuencia y vulnerabilidad social. ¿Y qué pasa contigo? El acoso sexual y el miedo a la delincuencia. La violencia íntima y el miedo a la delincuencia. ¿A quién le tienes miedo? Una vida limitada. 4. VÍCTIMAS INOCENTES Y CULPABLES. La construcción social de la víctima. Imágenes de mujeres como víctimas. Las mujeres blancas como víctimas. Dicotomía de las víctimas. Sexualidad y ataque sexual. Hacia una tipología de las mujeres víctimas. 5. LA CREACIÓN DE PROSCRITOS. El delincuente como proscrito. Los delincuentes como animales. Criminales deshumanizados. Lo que creemos sobre las causas de la delincuencia. Los actos delictivos como encuentros al azar. 6. EL MANEJO DEL MIEDO. La estrategia del aislamiento. Endurecer el blanco. Estrategias de disfraz. En busca de guardianes. Ignorar o negar el miedo. Proteger a los niños. Protección portátil. Devolver el golpe. La protección policial y el miedo a la delincuencia. ¿Qué pueden hacer las mujeres? 7. CONCLUSIONES. Enfrentando los miedos. Reflexiones sobre estudios anteriores del miedo a la delincuencia. ¿Qué hacer? APÉNDICE. Cómo estudiamos el miedo a la delincuencia.

En ellos, MADRIZ analiza -desde el punto de vista de teorías constructivistas sociales y feministas- cómo las mujeres perciben el miedo a la violencia en sus vidas y cómo ese miedo afecta y controla sus comportamientos cotidianos.

La Introducción comienza con una ilustración general de cómo la delincuencia ha llegado a ser, en Estados Unidos, la primera preocupación de sus habitantes, a pesar de que los registros oficiales muestran que las tasas indicadoras de aquélla han disminuido; también –siempre en referencia a esos registros- se destaca que la mayoría de los delitos cometidos se tratan de delitos contra la propiedad, en contra de las imágenes que transmiten los medios de comunicación, según los cuales, son los delitos más violentos –homicidios, violaciones- los que ocurren con más frecuencia; y cómo el miedo a la delincuencia refuerza el sentimiento de solidaridad de la comunidad y propicia políticas más represivas, como las de “three strikes and you are out”. Asimismo, resalta la “paradoja del miedo” de las mujeres a la delincuencia: a pesar de que las estadísticas demuestran que el porcentaje de mujeres víctimas de delitos es menor al de los hombres, son ellas quienes manifiestan más temor a ser víctimas de algún ataque, por lo que trata de descubrir de dónde surge ese miedo. También analiza el papel que juegan los medios de comunicación en el miedo de las mujers a la delincuencia, señalando que –en contra de lo que muestran las tasas indicadoras- las noticias de mujeres víctimas de hechos violentos son a las que se les otorga mayor difusión, construyendo de esta manera una amenaza que controla e influye en sus vidas.

En el Capítulo 2 MADRIZ se concentra en varios interrogantes, algunos ya mencionados en el capítulo anterior y retomados ahora: “¿por qué los estadounidenses tienen tanto miedo a la delincuencia? ¿Por qué su miedo ha aumentado en los últimos años a pesar de que los índices de delincuencia están disminuyendo? ¿Por qué las mujeres tienen más miedo que los hombres? ¿Por qué algunas mujeres tratan de ‘camaleonizarse’, de ‘confundirse’, de verse más masculinas?”. Y trata de buscar algunas respuestas. En ese sentido, examina los chivos expiatorios, según ella, preferidos: los inmigrantes y las madres adolescentes. Al respecto, concluye que el miedo a la delincuencia es una fuerza en extremo dominante para el control de las mujeres, ya que busca controlar sus vidas para lograr que se formen a imagen y semejanza de lo que se considera una “niña buena” de manera de evitar convertirse en víctimas. Imagen que se encuentra presente en la socialización de las mujeres desde muy temprana edad.

El Capítulo 3 ilustra acerca de los sentimientos de las mujeres cuando examinan la posibilidad de ser víctimas de la delincuencia y cómo los expresan. Luego de afirmar que los estudios realizados hasta ahora muestran que las mujeres tienen más miedo que los hombres, se señala que ello puede estar basado en la utilización de métodos erróneos y que esos estudios no demuestran lo que realmente piensan los entrevistados, ya que muchas veces las mujeres están más propensas a admitir sus temores que los hombres. Analiza en profundidad el contenido de esos sentimientos y las consecuencias positivas del método elegido, ya que el llenar un simple formulario no permite interiorizarse acerca de los motivos que llevaron a una persona a contestar por “sí” o por “no”. Asimismo, estudia las reacciones frente a la delincuencia, y el temor de las mujeres no sólo a ser ellas mismas víctimas de algún delito, sino el temor de que alguno de los integrantes de su familia lo sea, en especial, sus hijos. Es interesante también el examen que se realiza de la relación entre el miedo a la delincuencia y la vulnerabilidad social, prestando especial atención a las mujeres inmigrantes, indocumentadas, y que no hablan inglés. Finalmente, la conexión entre el miedo a la delincuencia en general y los actos violentos cometidos típicamente contra las mujeres (el acoso sexual y la violencia doméstica), y cómo no se les ha dado la importancia que merecen a pesar de que -según los datos obtenidos en el estudio de MADRIZ- la mayoría de las mujeres expresó haber sufrido algún ataque de este tipo.

En el Capítulo 4 critica los primeros estudios acerca del feminismo que ven a las mujeres como un grupo homogéneo sin tomar en cuenta variables importantes como la raza, la edad, y la clase social y/o económica, y analiza la construcción social de la víctima y cómo su comportamiento anterior la califica como “inocente” o “culpable”. En este sentido, señala que la víctima “buena” es la imagen típica de la mujer blanca estadounidense de clase media, que es atacada en su hogar por un delincuente extraño o llevando a cabo una actividad de las consideradas “apropiadas”. La mayoría de las mujeres entrevistadas creía que una mujer blanca tenía mayores posibilidades de ser atacada. La víctima “mala” es, en cambio, y por ejemplo, una mujer de reputación dudosa, afroamericana o latina, que es atacada debido a que se encontraba realizando alguna actividad inapropiada o en algún lugar peligroso. Debe prestarse atención al cuadro que se presenta acerca de la tipología de la mujer víctima, en el que se señalan los aspectos característicos de la víctima inocente y la culpable, y la visión que tienen los medios de comunicación de la imagen de la víctima mujer. En especial, cuando menciona que aparece en los titulares la noticia de que ha sido víctima de algún delito una mujer afroamericana o latina, sólo si ésta se ha destacado notablemente en sus estudios o en su trabajo. De esta manera –concluye- esta división entre las víctimas contribuye a mantener el miedo que las mujeres tienen a la delincuencia y a la construcción de la imagen “ideal” que se pretende de ellas. El mensaje que esta idea transmite es que la mujer que no respeta los códigos establecidos se expone a “riesgos innecesarios” y, de ese modo, la responsabilidad por ser víctima de algún delito es algo que se encuentra a cargo de la mujer.

Así como en el capítulo anterior se analiza la imagen de la víctima, en el Capítulo 5 se examina la imagen del delincuente. La mayoría de las entrevistadas coincidían en que este es un sujeto extraño, que ataca al azar, de repente y, en lo posible, de raza negra o latina. Fueron minoría quienes describieron como delincuentes a alguien cercano a ellas, incluso convivientes. Resulta llamativo cómo la mayoría de las mujeres, y de las personas en general, perciben a la delincuencia como un acto violento que se produce por azar, y cómo resulta una creencia común que son los delitos de características más violentas los que con más frecuencia ocurren. En cuanto a lo que se cree sobre las causas de la delincuencia, una de las entrevistadas señaló a la desintegración familiar como una de aquéllas y sobre todo el hecho de que ambos padres trabajen. Esta apreciación nos conecta con los papeles tradicionales que en la familia se otorga a los padres. El padre trabaja y la madre se queda en casa, y cuando esto no ocurre así, los hijos pueden sufrir trastornos y ser llevados por el “mal camino”, es decir, a la delincuencia. Se refuerza de esta manera el papel asignado en la sociedad a la mujer, atribuyéndole una doble responsabilidad, la de proteger su propia vida y también la de los hijos.

El Capítulo 6 nos muestra los distintos rituales que llevan a cabo las mujeres para protegerse de la delincuencia. Así, el aislarse, el no realizar determinadas actividades, incluso el no estudiar si las clases se dictan en horarios nocturnos, no trabajar en determinados lugares, salir a la calle sólo si pueden ser acompañadas (por un hombre –amigo, hermano, padre, novio, esposo- o por mujeres -siempre que sea un grupo numeroso-), modificar su apariencia (ser menos femeninas), asegurar el hogar, llevar consigo objetos que las protejan, entre otros, y cómo influyen –negativamente- en sus vidas.

En el Capítulo 7 MADRIZ señala que uno de los objetivos del libro es mostrar cómo las decisiones que en forma cotidiana realizan las mujeres en sus vidas están condicionadas, en realidad, por el contexto social, económico y político, y por las ideologías dominantes sobre la delincuencia que las rodean. Concluye que las imágenes provenientes de esas ideologías acerca de la delincuencia perpetúan el status quo ya que las condiciones sociales, económicas y políticas nunca se cuestionan; por otra parte, que las imágenes de la delincuencia ayudan a construir “la realidad” que luego es aceptada por la sociedad en vez de discutir acerca de los determinantes estructurales que provocan “esa realidad”.

Finalmente, se encuentra el Apéndice, en el que explica con detalle las características del método de investigación elegido.

Esta obra es una interesante aproximación al estudio de la delincuencia, los delincuentes y las víctimas, y su relación con la posición social, económica y política que ocupa la mujer. Su lectura nos permite comprender cómo el miedo surge como respuesta a las imágenes de delincuentes y víctimas proporcionadas por quienes detentan y ejercen el control social, y que esas imágenes reflejan el ordenamiento de la sociedad en general por clase, raza y género. De esa manera, a través del miedo a la delincuencia, se limita la actividad de la mujer, se pone en marcha un mecanismo de control informal que perpetúa su situación de desigualdad en la sociedad y determina su “comportamiento responsable”, mantiene vigente las relaciones de características patriarcales y afecta en forma negativa los derechos de las mujeres disminuyendo su poder en la sociedad. Asimismo, nos ayuda a pensar en estrategias para modificar nuestra actitud frente a la delincuencia: “Las niñas buenas van al cielo. Las demás vamos a todas partes”.



 


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