- Año XI Quienes Somos | Cómo Anunciar | Suscribirse
  administrativo
  ambiental
  constitucional
  consumidor
  contravencional
  deportivo
  económico
  internac. privado
  penal
  procesal
  propiedad industrial
  público
  seguros
  tributario
  Edición Córdoba
  La página del Dr. Sirkin
 
 
  SUPLEMENTO DE DERECHO PENAL 

INFORMACION BIBLIOGRAFICA

 
      
 
 
 

 

"Derecho penal economico y de la empresa", Mariano Borinsky, Ad-Hoc, 2004, 364 pags.

Del prólogo de David Baigún:

       
  Un enfoque original preside el esquema de este libro de Mariano Borinsky. Aprovechando su experiencia en el fuero penal económico, en el que lleva varios años y sensible a las necesidades de la práctica judicial, ha pensado, con muy buen criterio, en la conveniencia de suministrar a los litigantes, abogados y funcionarios una obra sobre las cuestiones troncales que allí se ventilan.
Como dije en alguna otra ocasión, no es de buen estilo comentar en un prólogo el contenido del texto; tampoco polemizar sobre sus ideas, marcar adhesiones o señalar disidencias. Pero mi renuencia a repetir este vicio no me impide incursionar en la metodología o advertir cuales son los rasgos de creatividad que registra la obra; apenas comenzada la lectura se me ocurrió que estas dos consideraciones podían ser de interés para el lector, no por un principio de autoridad -el cielo me libre de tal pretensión- sino porque el esfuerzo de Mariano exige que le dediquemos algunas reflexiones; veremos que están plenamente justificadas.
En las obras de la naturaleza que registra este trabajo -me refiero a la acumulación de temas de índole diverso- no es fácil hallar el rigor sistemático; en general, y temo no equivocarme, se suman opiniones teóricas, se invocan fallos jurisprudenciales, se resumen criterios contrapuestos pero al lector no le llega la idea matriz que resuelve el conflicto. Tenemos la sensación que estamos frente a un texto informativo y no ante una oferta inédita.
Borinsky, como él mismo lo explica en la Introducción, no pretende trascender los límites del campo jurídico; en este sentido su monografía respeta los cánones de los lineamientos tradicionales pero, aún dentro de este marco acotado, aparece visible y prolija su preocupación por no apartarse de un sistema, una especie de modelo que ilumina de manera homogénea cada uno de los puntos tratados.
En cada uno de los temas, está presente su conexidad intrínseca y, lo que es mayor mérito, la sincronización de cada uno de sus pareceres con el eje central de la materia examinada. Desde el sumario, en que anticipa las cuestiones que serán objeto del análisis, hasta las conclusiones, en que resume su opinión sobre los puntos propuestos, cada uno de los contenidos se ajusta a una misma metodología. En los capítulos que componen la obra siempre aflora el núcleo del problema, acompañado de los enfoques diversos y de la infaltable opinión personal. Tal vez, el mayor elogio que podamos hacerle, resida en el sentimiento de plena satisfacción que sentimos al finalizar la lectura de cada capítulo, en el instante de advertir que hemos incorporado, sin esfuerzo, un nuevo conocimiento, un saber, claro y preciso.
No se me escapa que la nota metodológica está signada por la monodisciplinariedad; es una exigencia de los tópicos del libro pero, en los casos en que debe abordar saberes provenientes de otras fuentes, por ejemplo al tratar el derecho penal de la libre competencia (Capítulo V) se desplaza de uno a otro con la comodidad de jurista experimentado. Como ya lo señalara en otra ocasión (Prólogo al libro de Gonzalo Fernandez, "Culpabilidad y teoría del delito") no siempre, cuando concurren conocimientos de distintas disciplinas, se llega a una nueva adquisición huerística pero es logro suficiente visualizar las corrientes hacia adentro y desde el centro hacia fuera, y la circulación activa de los distintos saberes; sin duda, un atributo no frecuente en nuestro medio, que pronostica en este joven autor, su uso provechoso en trabajos futuros.
Hasta aquí y en pocas líneas los aciertos metodológicos del libro. Quiero detenerme ahora en otro aspecto saliente que integra, en mi opinión, todo juicio objetivo sobre la obra de un autor; me refiero, como lo anticipara, a los rasgos de creatividad que transparenta el trabajo y que conforma el baremo con el cual, en definitiva, se justifica plenamente su publicación. 
No es tarea fácil, en el ámbito jurídico, alcanzar la genuinidad creadora. No se trata de aplicar el criterio fundado en la previa clasificación de la obra, es decir, examinar su calidad de tratado, manual o, simplemente, ensayo, para luego decidir el juicio. No es ésta, en mi modesto entender, una formulación válida pues responde más al uso práctico que al sentido auténtico de creación; por oficio todos sabemos lo que esto significa en el campo del derecho, inundado, en esto últimos años, por un arsenal de publicaciones de valoración harto diversa. Lo que me importa destacar en este prólogo es que, a la manera de Graf. Zu Dohna en "La estructura de la teoría del delito" -y esto no intenta una comparación- Mariano Borinsky suministra, en el momento en que cierra un tema y en pocas pinceladas, su propia interpretación a partir siempre del núcleo de la discusión, sin dejarse tentar por los problemas colaterales. Se trate de un concepto teórico o de una apreciación valorativa sobre un fallo judicial, Mariano se aferra, sin hesitaciones, al eje principal, nunca pierde de vista el objetivo central y es aquí, precisamente, donde el agregado del dato cualitativamente diferente muestra ese grado de creatividad que lo define. 
Va de suyo, no pretendo afirmar que la regla es aplicable a cada uno de los capítulos pero asoma nítidamente cuando la materia lo requiere; es el ejemplo del análisis en torno a la ley sobre competencia 25.156 que Mariano incluye en el universo del sistema penal después de abordar holisticamente los componentes de las distintas fuentes legitimantes de su posición.
No debo ocultar que al ensayar estas reflexiones mi propósito va más allá de los límites de la monografía porque las cualidades que he señalado forman parte de las exigencias de cualquier modelo idóneo que se utilice para la elaboración de una obra teórica con independencia del campo en que se actúe; naturalmente, tiene vigencia en el estudio del sistema penal y, es obvio también, están dirigidas a la nueva generación de investigadores que ya, por derecho propio, integran el escenario de la renovación de ideas.
Pero, al margen de estas consideraciones y de los aportes de Mariano Borinsky, mi prólogo quedaría inconcluso si no me refiriera a otros perfiles relevantes del autor Mariano, no trepido en proclamarlo, exhibe una sólida formación teórica; sus incursiones en la dogmática revelan concisión y claridad; nada de lo que interesa al sistema penal le es ajeno. Tentado estuve de hacer silencio sobre lo que voy a decir, pero mis impulsos superan la decisión primera. Aunque mis expresiones aparezcan como una fatuidad tardía -no olvido mi carácter de director de la carrera de especialización en el Universidad de Buenos Aires- arriesgo en afirmar que el paso de Borinsky por las aulas de posgrado ha contribuido a fortalecer su conocimiento y estimular su imaginación; me atrevo a sostener que este libro que hoy me toca prologar, denuncia la impronta de la epistemología y de la metodología de la investigación, disciplinas que Mariano cursara con renovado entusiasmo; no me cuesta agregar que fue alumno brillante en cada una de las materias y que epilogó su carrera con una evaluación de excelencia.
Es un lugar común afirma que la obra, una vez publicada, ya no es propiedad del autor; es el lector quien juzgará su valor y quien, en definitiva, acoplará los adjetivos. En este juicio, mi intervención carecerá de gravitación; pero me queda un intersticio, espacio en el cual me siento autorizado a anticipar un pronóstico. No abrigo duda alguna que la recepción del libro satisfará las expectativas de Mariano y las nuestras, que será obra de permanente consulta y dejará su impacto en las decisiones judiciales. Pero más importante que estos resultados es el camino que se ha trazado Mariano y que recorre serena y tenazmente; me refiero a su crecimiento como jurista y su disciplinada tarea al servicio de la verdad y las causas justas. En esta faena tendrá siempre nuestra compañía y la de quienes lo rodean.