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  La página del Dr. Sirkin
 
 
  SUPLEMENTO DE DERECHO PENAL 

EDITORIAL

 
     
 
 

A propósito del juicio de la AMIA

 

Institucional - INECIP  

 

El Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP) desea manifestar su profunda preocupación por el resultado del debate oral en la causa por el atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina.

 

En este sentido deseamos resaltar una de las causas que han incidido en el presente cuadro de impunidad: el modelo de organización judicial y el obsoleto ordenamiento procesal que se ha empleado para la investigación y el juzgamiento de crímenes de semejante gravedad.

 

Entre los elementos particularmente objetables de las reglas con que funciona nuestro sistema de justicia penal federal encontramos la concentración de funciones en el juez de instrucción, una única persona que investiga y se autocontrola eliminando toda forma de imparcialidad, se deja a los fiscales con funciones desdibujadas, habilita una muy escasa participación para las víctimas, y genera morosidad y exceso en los plazos de la mano de la  burocrática tramitación del expediente escrito.

 

El mensaje del Tribunal oral ha sido contundente: nos dice a todos que en este país no se puede condenar a nadie por ningún hecho (por más grave que sea) si las investigaciones son deficientes y se realizan echando mano de la irregularidad, impiden probar con claridad y dificultan el control.  Si el caso AMIA hubiera sido fruto de un trabajo realizado con indudable apego a las leyes y un respeto irrestricto por la Constitución Nacional el resultado seguramente hubiera sido distinto. En cambio vemos, y descaradamente les mostramos a las víctimas, cómo la irregularidad nos ha conducido directamente a la impunidad.

 

Ningún sector que actúe en forma responsable puede desconocer que la conflictividad actual demanda un debate serio para la erradicación de un modelo de investigación del siglo pasado, que distribuye mal el trabajo,  favorece la corrupción y diluye responsabilidades. 

 

Afortunadamente la necesidad del cambio va instalándose progresivamente. Desde su asunción hasta la fecha el Procurador General ha manifestado en reiteradas ocasiones la necesidad de abandonar este sistema confuso que gobierna el aparato de justicia penal federal, el parlamento tiene proyectos de reforma procesal penal y no pocos sectores de la magistratura han señalado la necesidad de abandonar este modelo y distintos actores de la sociedad reclaman, en definitiva, que se genere un debate al servicio del cambio. 

 

Es tiempo entonces de avanzar hacia transformaciones que garanticen una justicia democrática y eficiente que pueda presentarse, en mucho menos que 10 años, como una respuesta confiable y justa ante las víctimas.