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  SUPLEMENTO DE DERECHO PENAL 

EDITORIAL

 
     
 
 

Heredarás el viento... [1]
Algunas reflexiones sobre los "nuevos" horizontes de la política de seguridad

 

por Analía V. Ploskenos 

 

Antes de comenzar con la tarea que nos convoca, propongo un rápido y fácil ejercicio mental, que nos permitirá constatar qué es lo que realmente sabemos (sí es que sabemos algo, claro) acerca de  la política de seguridad implementada en los últimos tiempos.

Si se pregunta, entonces, qué es lo primero que viene a la mente al hablar de este tipo de políticas en el país, seguramente voces más o menos unívocas responderán “inseguridad”, “Blumberg”, “más penas”, “más cárcel”, “más funciones para la policía”, “secuestros”, “armas”, “drogas”, “leyes más duras”, etc. Más difícil, en cambio, será encontrar personas que vinculen a este concepto con “criminalización de la pobreza”, “fuerzas de seguridad militarizadas”, “figuras penales abusivas”, “abuso del encarcelamiento preventivo”, “agravamiento en las condiciones de ejecución de las condenas”. La conclusión -parcial- ante esto, parece indicar que el concepto “seguridad” varía dependiendo del auditorio al cual va dirigido.

Tampoco ayuda el escenario actual, ya que no resulta fácil dilucidar si las últimas reformas implementadas han coadyuvado efectivamente a reducir los niveles de inseguridad objetiva o si, por el contrario, han tenido por única función la de contribuir a calmar la voracidad punitiva de manera simbólica, con el plus de perpetuar y recrudecer las múltiples violaciones a los derechos humanos. Veamos

En los últimos tiempos, tanto el gobierno de la provincia de Buenos Aires como el Estado nacional han aunado fuerzas y esfuerzos para tratar de (re)impulsar a la política de seguridad. Ejemplo de lo expuesto conforma la llamada “Policía de Buenos Aires 2”, proyecto ideado por el Ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, León Arslanián, tendiente a represtigiar a la policía bonaerense.

Esta “nueva policía” tiene, en su primera promoción, un conjunto de 340 oficiales que trabajarán, en forma inicial, con la Gendarmería en el primer cordón del conurbano bonaerense, tristemente célebre por ser parada obligada de los últimos secuestros. Con la “nueva policía” se buscará, además, construir espacios de cooperación local con los barrios, estilo implementado por los modelos de policías comunitarias. Sin embargo, unir el trabajo de la Policía con la Gendarmería no parece la mejor opción, sobre todo si lo que se pretende es purgar resabios militaristas en las nuevas fuerzas de seguridad.

También desde el Estado nacional las ideas en materia de seguridad parecen ir por el carril de lo “novedoso”. La provincia de Córdoba, días pasados, ha sido sede de una reunión entre el Consejo de Seguridad Interior –que nuclea a ministros y secretarios de Seguridad y Gobierno de las distintas regiones del país-, con el objetivo de elaborar un plan de coordinación del funcionamiento de las fuerzas federales y las policías provinciales. Otro de los ejes de la reunión, fue trabajar la idea impulsada por el ministro del Interior, Aníbal Fernández, de instaurar en Argentina una agencia similar al FBI. Todo esto, reitero, en el marco del lanzamiento de una “nueva política de seguridad”.

La Ciudad de Buenos Aires tampoco es ajena a la renovación en materia securitaria, sobre todo luego de la tragedia sucedida en el boliche República Cromañon. Así, a un proyecto inicial de Ibarra de incorporar 500 nuevos agentes a la Policía Comunitaria de la Ciudad de Buenos Aires, otro librará batalla de la mano del flamante secretario de Seguridad de la Ciudad, Juan José Alvarez, con el objetivo de lograr la derogación del art. 7° de la Ley 24.588 (llamada “Ley Cafiero”), que imposibilita que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires disponga de una fuerza propia de seguridad armada.

Como puede verse, todos estos proyectos tienen por objetivo no sólo insuflar nuevos aires en el manejo de las cuestiones de seguridad, sino también afrontar el clamor social que exige menos inseguridad. Y aquí es hora de retomar nuestro ejercicio inicial y preguntarnos, ¿qué pedimos cuando exigimos seguridad?, ó mejor aún ¿éstas reformas brindarán mayor seguridad?.

En primer lugar, debemos tener en claro que la demanda colectiva de seguridad no debe circunscribirse solamente al ámbito del derecho penal, ya que el derecho a la seguridad, en un Estado de derecho, comprende todos los espacios necesarios para una vida plena, equitativa y en libertad, a saber: acceso a los servicios sociales y sanitarios; concretas posibilidades de acceder a la educación; a una vivienda digna; a los servicios públicos indispensables; en fin, posibilidad de hacer efectivos y concretos todos los derechos sociales establecidos en nuestra Carta Magna y en los Tratados internacionales con rango constitucional. Si tomamos como norte al Derecho Penal para dar solución al reclamo de mayor seguridad, nos encontraremos con soluciones simbólicas, y desde los poderes estatales, con populismos punitivos.

Dicho esto, me animo a aventurar que las reformas enunciadas, como así también las ocurridas el último año, vinculadas con las modificaciones en la etapa de prevención de los delitos, en el procedimiento penal y en la ejecución de la pena privativa de la libertad, con el plus de la reorganización de la justicia penal porteña, entre otras, sólo producirán variaciones cosméticas y efectistas, tendientes al impacto público más que a la verdadera transformación de la realidad, o al menos a la percepción que se tenga de ella.

Una de las principales consecuencias que puede extraerse de nuestro ejercicio inicial es la fuerte desinformación, en torno a las cuestiones de seguridad, que existe en nuestra sociedad. Esto, amén de las responsabilidades individuales, es producto de la campaña oficial y mediática que, mayormente, tiende a la confusión pública, sugiriendo la conveniencia en la adopción de este tipo de legislaciones de emergencia en aras de lograr tranquilidad social. En este marco, difícilmente sabremos que pedir cuando exijamos mayor seguridad.

Si se aspira a construir un país verdaderamente inclusivo, el Estado debe dar satisfacción a todos los derechos que poseemos por ser ciudadanos, efectuando campañas de conscientización y promoción de los mismos. Sólo así podremos realizar una verdadera demanda colectiva y democrática de seguridad.

No busquemos soluciones mesiánicas en el Derecho Penal; antes bien, interpelemos al Estado para que de cumplimiento a nuestros derechos, a nuestras necesidades básicas. Ese será el inicio del camino a recorrer. Ya que, como bien dice Martín Fierro:

Derecho ande el sol se esconde

tierra adentro hay que tirar;

algún día hemos de llegar...

después sabremos a dónde”.



[1] Título extraído del film “Heredarás el viento”, dirigido por Stanley Kramer, E.E.U.U., 1960.