|
Parafraseando
a la introducción a Rayuela, de CORTÁZAR, podriamos
decir que el libro de CAIMARI no es un libro, sino dos o,
tal vez, varios libros. Ello es así pues la autora, de
profesión historiadora, desarrolla un estudio de la
historia institucional de los saberes y las instituciones de
castigo en la Argentina, pero también se preocupa por
indagar las representaciones sociales de la delincuencia y
el castigo que circularon por la Argentina desde comienzos
de siglo XX.
Pero
la obra de CAIMARI también es “varios libros” porque se
multiplica a partir de una diversa (y en algunos casos
exhaustiva) investigación de archivo. Esta investigación
abarca desde las tesis doctorales en derecho penal
presentadas en la Universidad de Buenos Aires, en el siglo
XIX, a los planos de la Penitenciaria Nacional, pasando por
los registros de historias criminológicas, casos y juicios
difundidos por la prensa escrita y radioteatros policiales.
Finalmente,
“las obras” de esta historiadora multiplican los cortes
temporales usuales y, de esta manera, asoman a las polémicas
ilustradas sobre el castigo y la pena de muerte a mediados
del XIX, para explayarse con las intervenciones académicas
e institucionales del movimiento positivista argentino desde
fines de aquel siglo y concluir con una mirada de las
concepciones sobre delincuencia y castigo, en la cárcel,
durante el peronismo.
En
este orden de ideas, si bien el desarrollo académico e
institucional del movimiento positivista criminológico
argentino, las historias de la Penitenciaria Nacional y el
penal de Ushuaia son lugares frecuentes en los escasos
estudios históricos o sociológicos sobre el tema, la
atención de Caimari a los momentos previos, y
particularmente, a las décadas posteriores a 1930
(recordemos que en el caso, el estudio abarca desde 1880 a
1955, aunque para ello también indaga fechas anteriores)
hacen de este trabajo un aporte muy apreciable.
Como
la misma autora sugiere, los estudios históricos con relación
a las prácticas del castigo tienen un despertar indudable a
partir de la obra de FOUCAULT, Vigilar y Castigar (1975),
y un impulso interdisciplinario aún más reciente en los
Estados Unidos, donde también se han intersado por los
estudios latioamericanos con relación a este tema. Éste es
el marco en el que se desarrolla la obra que comentamos.
Justamente,
el vasto trabajo de archivo señalado no se desorienta, pues
cobra dimensión teórica en los interrogantes que el texto
de FOUCAULT deja suspendidos, pero también dialoga con los
enfoques de otros autores como SPIERENBURG y
SALVATORE/AGUIRRE que introducen la dimensión
representaciones sociales y formación del Estado
latinoamericano, respectivamente, entre las guías
interpretativas de sus investigaciones.
De
esta manera, a lo largo del libro en comentario
encontraremos variados interrogantes (a veces sustentados en
aparentes paradojas o inconsecuencias) que aportan puntos de
interés al trabajo. Algunos pretenden contestarse en el
libro; otros, sin embargo, quedan flotando en él sin quitar
mérito a la obra, pues aún sin tratamiento plantean
reflexiones de lucidez.
En
este sentido, resulta un acierto examinar cómo ingresa el
discurso iluminista en la Argentina decimonónica que se
debate entre “civilizacion y barbarie”, y de qué formas
se ajustan a aquel discurso los exponentes locales.
También
es sugestiva la pregunta por la verdadera dimensión y
finalidad del programa penal modernizador, la relación
entre los proyectos de prisión moderna y los conflictos en
las prácticas efectivas ya sea dentro de la arquetípica
Penitenciaría Nacional o a la luz de las cárceles de viejo
cuño, “pantanos
punitivos” que constituían la regla en el resto del país.
De
igual modo, el texto aborda el rol de la delincuencia en una
sociedad que muda y se expande intensamente a principios del
siglo XX, resalta la paradójica adhesion de anarquistas,
socialistas y comunistas a la causa criminológica que se
convertiría en una de las primeras justifiicaciones teóricas
de la persecucion penal de aquéllos y se pregunta por las vías
de ingreso de las nociones de esta nueva concepción del
delito en las imágenes ciudadanas en momentos de expansión
de los medios de comunicación.
|