- Año XI Quienes Somos | Cómo Anunciar | Suscribirse
  administrativo
  ambiental
  constitucional
  consumidor
  contravencional
  deportivo
  económico
  internac. privado
  penal
  procesal
  propiedad industrial
  público
  seguros
  tributario
  Edición Córdoba
  La página del Dr. Sirkin
 
 
  SUPLEMENTO DE DERECHO PENAL 

EDITORIAL

 
     
 
 

El juicio a las juntas y la democracia

 

por Ricardo Gil Lavedra(*)  

 
 

Hace veinte años daba comienzo la audiencia oral pública de recepción de pruebas en el proceso que se siguió contra los integrantes de las Juntas Militares que gobernaron el país entre 1976/1983. Esta circunstancia convoca a reflexionar acerca de la importancia que cabe asignar a ese juicio en el desenvolvimiento de nuestra joven democracia.-

 

Por muchas razones se trató de un proceso inusual y singular. Lo fue por su tamaño, seguramente no hubo en la historia argentina un caso judicial de tal volumen; baste recordar que la sentencia llevó casi dos mil fojas y que los expedientes agregados sobrepasaron los veinte mil. También lo fue por las graves dificultades, tanto de índole legal como material, que hubo que enfrentar para llevarlo a cabo. No fue tarea fácil encontrar el marco procesal que, asegurando las reglas del debido proceso, permitiera establecer la comisión de miles de delitos cometidos en distintas partes del país por diferentes autores, sobre la base de órdenes generales emitidas por los imputados.-

 

Pero también fue un juicio inédito. No existían antecedentes en el mundo de que un tribunal civil, aplicando la ley penal común, enjuiciara la comisión de graves crímenes por parte de una dictadura saliente.-

 

Debe tenerse presente que cuando asumió el nuevo gobierno constitucional en 1983, todos nuestros vecinos (Chile, Uruguay, Brasil, Paraguay) padecían aún regímenes militares. De otra parte, Argentina venía de medio siglo de alternancia entre gobiernos militares y civiles, habiéndose llegado a un punto en que tenía el mismo valor jurídico una norma emanada de un órgano proveniente de la soberanía popular y otra dictada sin más legitimidad que el uso de la fuerza. Tantos años de dictadura habían dejado en la sociedad profundas raíces autoritarias, un pensamiento corporativo y una peligrosa inclinación a la ajuridicidad y a la anomia que todavía padecemos.-

 

Además, no se tenía clara noción de cuál era la envergadura y la extensión de los delitos cometidos en la represión de la violencia guerrillera. Gran parte de la sociedad creía la versión oficial que proporcionaban las autoridades militares: no hubo torturas ni vejámenes, los casos aislados fueron sancionados, los desaparecidos no existen (se encuentran fugados en el exterior), pero de cualquier modo se trató de una guerra "sucia" y en la guerra vale todo.-

 

Muchos sectores propiciaban el olvido, argumentando la posibilidad de "reconciliación" y de "pacificación". Pero enterrar el pasado hubiera significado sepultar también ciertos principios y valores en los que se sustentaba la democracia naciente. Era también una obligación ética impostergable "reparar" a las víctimas y el camino para hacerlo era la verdad y la justicia. Creo que el juicio no sólo permitió conocer la verdad de modo convincente (completando el extraordinario informe de la Conadep), reestableció el valor de la ley y la punibilidad de los poderosos, sino que la condena simbolizó el repudio social a la arbitrariedad y el terror. En ese sentido, contribuyó a formar la conciencia moral de la sociedad y a desterrar a los golpes militares del ideario colectivo.-

 

Por ello, el juicio a las juntas militares (como se lo conoce habitualmente) se encuentra en el corazón mismo de la consolidación de nuestra democracia. Digo esto porque no se trató sólo de un juicio en el que se condenó a una serie de personas por gravísimas violaciones a los derechos humanos. En el banquillo de los acusados estaban también los métodos dictatoriales, la prepotencia, el actuar al margen de la ley, la falta de respeto a derechos básicos del ser humano. Desde ese ángulo, fue un juicio contra la dictadura misma.-

 

A veinte años de la realización de ese proceso, mucho hemos progresado los argentinos, pero pareciera que respecto de algunos principios como el imperio de la ley y la no punibilidad de los poderosos, aún quedan cosas por hacer.-

 

(*) Ex juez de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Ciudad de Buenos Aires. Ex Ministro de Justicia y Derechos Humanos de la Nación.-