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A partir de esta primera edición de 2002 del
Suplemento Penal de El Dial ponemos en práctica algunas
modificaciones.
Ante todo, se incorpora a la dirección Emilio A.
Cappuccio, abogado de la Universidad de Buenos Aires y
docente de su Facultad de Derecho en la Cátedra del Prof.
Dr. Edmundo Hendler. Además, es Master por la Universidad de
Barcelona en Sistema penal y problemas sociales y actual
doctorando en Derecho Penal en dicha Universidad y bajo la
dirección de Santiago Mir Puig. Cappuccio registra numerosas
e interesantísimas publicaciones en el campo de nuestro
interés y en los últimos años, producto sobre todo de su
enriquecedora experiencia en Europa, se ha inclinado
decididamente a los problemas sociales y culturales del
castigo estatal, con lo cual su codirección del Suplemento
significará también una ampliación de su temática que
debe ser bienvenida.
Por otra parte, de aquí en más el Suplemento será
renovado mensualmente y contará con una nueva Sección,
“Comentarios bibliográficos”, primera iniciativa de
Emilio Cappuccio.
Son tiempos trágicos para el país y especialmente
tristes para sus juristas. La economía se desmorona, el
bienestar mínimo no alcanza ni al tercio de la población,
la educación pública se ha reducido a su más modesta
expresión, la salud pública es una mueca macabra, la
seguridad jurídica una utopía, el orden social está
desintegrado y hasta el Estado de derecho mismo está en
peligro. Y en medio de este apocalipsis venimos con nuestra página,
como si nada pasara, a discutir sobre el recurso de queja en
materia penal, sobre las condiciones de un registro
domiciliario válido y a comentar el último libro de Mike
Davis y el número especial de Punishment & Society
dedicado a la pena y editado por David Garland. ¿Seremos
marcianos? No, somos personas simples que tratamos de hacer
bien lo que nos toca hacer. Y ya se sabe, la suma de todo el
bien que hacen, cada uno en lo suyo, los que hacen las cosas
bien, es el bien común, el bienestar general. Un personaje
de la novela El nombre de la rosa de Umberto Eco se
maravillaba del trabajo de aquellos que, en el tiempo de esa
historia (1300 y tantos) y envueltos en una tragedia,
reproducían y transmitían no obstante la cultura del mundo
de entonces; y observándoles decía: “durante siglos y
siglos, hombres como estos han asistido a la irrupción de
los bárbaros, al saqueo..., han visto precipitarse reinos en
vórtices de fuego y, sin embargo, han seguido ocupándose
con amor de sus pergaminos y sus tintas, y han seguido
leyendo en voz baja unas palabras transmitidas a través de
los siglos y que ellos transmitirían a los siglos venideros.
Si habían seguido leyendo y copiando cuando se acercaba el
milenio, ¿por qué dejarían de hacerlo ahora?”
Mutatis
mutandi eso
es lo que hacemos y seguiremos haciendo, claro que más
modestamente. Al finalizar el año desde las páginas de El
Dial el Dr. con diploma Horacio Granero, dueño de una pluma
tan infatigable como lúcida, se ocupaba de la crisis y
citaba una canción popular para invitarnos a empezar de
nuevo. Para seguir la senda del maestro, queremos resumir
nuestros propósitos con el nombre de otra canción, porque a
pesar de todo, “we are shaking the tree”.
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