El
miércoles 5 de febrero la Corte Internacional ordenó a
los Estados Unidos la suspensión de las ejecuciones de
tres ciudadanos mejicanos condenados a pena de muerte, y
este país se ve en la necesidad de acatar dicha orden.
El
problema no es sólo que la decisión de la Corte Mundial
es correcta. Mejico ha alegado -y Estados Unidos admite-
que este país ha violado en repetidas oportunidades la
Convención de Viena sobre Relaciones Consulares al omitir
la notificación al Consulado mejicano cuando ciudadanos
de ese país eran arrestados por la comisión de crímenes
de gravedad. EEUU admite que la Corte Internacional tiene
jurisdicción sobre este caso. Méjico sostiene que si los
ciudadanos oriundos de ese país hubieran contado con la
asistencia del consulado, ellos, en este momento, podrían
no estar condenados a la pena de muerte. La orden de la
Corte Internacional fue votada por unanimidad e incluye el
voto de un prestigioso juez estadounidense.
Las
apuestas son mayores ahora que en el pasado. En 1998 y
1999 los
Estados Unidos desobedecieron ordenes similares en casos
iniciados por Paraguay y por Alemania. Pero el caso que
nos ocupa ahora significa mucho más para Méjico que lo
que los anteriores significaban para Paraguay y para
Alemania, además de que EEUU necesita credibilidad como
una nación que cumple con las normas y las instituciones
internacionales.
La
relación entre Méjico y EEUU está en su punto más bajo
desde hace algunos años. El presidente Bush alguna vez
hizo alarde sobre su buena relación con el presidente
Vicente Fox, un líder pro-empresariado quien comparte
muchos valores con aquél. Pero los hechos ocurridos el 11
de septiembre han revertido el progreso alcanzado en un
esperado acuerdo inmigratorio. Con cientos de ciudadanos
mejicanos muriendo anualmente durante el cruce ilegal del
desierto, México ve a EEUU como indiferente ante la
situación, dado que cerca de cinco millones de Mejicanos
ilegales forman la base de la mano de obra de la
agricultura estadounidense y en la prestación de otros
servicios. El tratamiento que se le da a los Mejicanos en
los Estados Unidos es un tema de vital importancia dentro
de la agenda política de Méjico.
Los
Estados Unidos esperan que las autoridades mejicanas
respeten sus obligaciones legales en relación con los
derechos fluviales, tarifas agrícolas bajas, extradición
y trafico de estupefacientes, sin mencionar el respeto a
lo establecido por la Convención de Viena con relación a
los requisitos para la notificación consular cuando un
ciudadano estadounidense es arrestado en Méjico. Estados
Unidos deberá pagar un precio alto al querer conseguir
sus objetivos políticos si ignora la normativa
internacional en un tema que Méjico considera de vital
importancia.
Pero
quizás la consecuencia más costosa de desafiar a la
Corte Internacional será el efecto inmediato que esto
surtirá sobre nuestra reputación internacional. Los
Estados Unidos no pueden ignorar al brazo judicial de las
Naciones Unidas en un momento en que Colin Powell hace
aparecer a Irak como un caso peligroso de “burla a la
ley”. Por supuesto que las amenazas a la paz mundial son
diversas, pero
cualquier nación que se encuentra abrogando por una acción
multilateral cuando un estado deja de cumplir con las
resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas debería mostrar respeto por las instituciones
legales internacionales.
El
presidente Bush debería enviar una Orden Ejecutiva
paralizando todas las ejecuciones que la Corte
Internacional ordena suspender. Mientras que la Corte
Internacional puede ordenar que se vuelva a realizar el
juicio en algunos casos, faltan años para que se logre
cualquier decisión final sobre ese tema. A diferencia del
presidente Clinton en la decada del ’90, el presidente
Bush no tiene necesidad de probar su apoyo a la pena de
muerte. Sus credenciales a favor de esta pena demostradas
durante su etapa de gobernador de Texas son
incuestionables.
Algunos
gobernadores y miembros del Congreso pueden llegar a
quejarse sosteniendo que una Orden Ejecutiva interfiere
con los derechos de los Estados. De todas maneras, Estados
Unidos tiene una larga historia de Ordenes Ejecutivas en
las arenas de los asuntos internacionales que restringen
leyes y litigios propios de los estados miembros.
Generalmente estos casos han versado sobre cuestiones
monetarias – bonos rusos u obligaciones Iraníes
renegociadas en el marco del acuerdo de hospitalidad- pero
el principio básico, que las Ordenes Ejecutivas en nombre
de la política exterior pueden truncar la normativa de
los estados, se encuentra bien establecido.
El
costo para los Estados Unidos de cumplir con la orden es
bajo y el costo de no cumplir con la misma es elevado. Por
ahora, todo lo que se está requiriendo es una demora en
algunas ejecuciones. Pero el ganar posición en la política
exterior depende de la reputación además del poder.
Jonathan
Miller, profesor de derecho, enseña protección
internacional de los derechos humanos en la Facultad de
Derecho de la Universidad de Southwestern, Los Angeles,
California, EE.UU..