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SUPLEMENTO DE DERECHO PENAL - EDITORIALES

Zaffaroni

Por Fernando Díaz Cantón, Daniel Pastor y Diego Zysman Quirós

 

Eugenio Raúl Zaffaroni ha asumido como Juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Sin duda se trata del hecho más trascendente para nuestro Poder Judicial desde 1989. Por primera vez, desde entonces, el puesto de Ministro del más alto tribunal del país ha sido confiado a alguien cuyos méritos, que son la primera garantía de una elevada calidad de gestión, provienen de diplomas indiscutibles. En efecto, si la vacancia producida en la Corte debía ser cubierta con un experto en derecho penal pero que además fuera un agudo conocedor del derecho constitucional, del sistema de protección de los derechos fundamentales, de la teoría general del derecho y su filosofía, la elección de Zaffaroni no podría haber sido más atinada.

 

¿Qué se puede decir de Zaffaroni? ¿Qué se puede decir de su obra (pues eso justamente es Zaffaroni en gran e imperecedera medida), que por su magnitud, su profundidad, su intensidad, llevaría décadas sólo el hecho de leerla y entenderla? ¿Qué podemos decir nosotros, pobres y humildes principiantes, ante la estatura del maestro y su erudición que, en cierto modo, nos humillan? Modesta y resumidamente, sólo podemos mencionar que se trata de un jurista notable, profesor de la Universidad de Buenos Aires, Director del Departamento de Derecho Penal y Criminología de su Facultad de Derecho, reconocido tratadista de su materia y publicista grandioso e infatigable sobre todas las cuestiones vinculadas al problema criminal. Su prestigio trasciende las fronteras de Argentina. Sus obras son guía y fuente de discusión para expertos y estudiantes de toda Latinoamérica, incluido Brasil a través de numerosas traducciones. En Europa su nombre y su obra también son conocidos, hasta el punto de que recientemente una Universidad italiana, para orgullo de todos los argentinos, lo ha distinguido con el grado de doctor honoris causae. Por lo demás, el nuevo Juez de la Corte es, conocidamente, una persona de bien, de decencia comprobada y de honradez inconmovible.

 

Entonces, la elección de Zaffaroni, insistimos, no podría haber sido más atinada. Guste o no la idea, el derecho es también un saber —ciencia o seudociencia, no interesa— que se aprende, se enseña y se cultiva académicamente. Es por ello que, para ser Juez, primero hay que ser abogado, esto es, haber aprendido el oficio de jurista durante largos años de estudio en una Universidad. Y esos abogados han sido formados (sólo en Argentina no huelga recordarlo) por profesores universitarios. Así pues, si el cargo de Juez de la Corte debe ser cubierto, en términos ideales, por el mejor en su puesto, la lógica indica que quien tiene la venia de profesor para formar abogados, que podrían ser jueces, es quien, por lógicas razones, debería estar en el primer lugar para ocupar el cargo. Por ello, la designación de Zaffaroni recibió la calurosa, contundente y mayoritaria aprobación en los círculos académicos más importantes y prestigiosos. Si bien la legislación y su aplicación judicial son cosa pública, el derecho (que es de lo que en definitiva se trata) requiere, para su funcionamiento racional y adecuado, de los conocimientos técnicos que demandan esos duros años de estudio universitario. Todos  podemos opinar y tratar de decidir también en materia de política sanitaria, pero cuánto mejor sería que la cuestión quede en manos de médicos o, mejor, de profesores formadores de médicos y sanitaristas.

 

La gestión de Zaffaroni en la Corte marcará una gran diferencia. Los graves problemas de la administración de justicia, especialmente los referidos al ejercicio del poder penal estatal, confrontarán ahora, en la cúspide de la organización judicial, con un jurista inteligente, serio, responsable, sensible y comprometido, que en la medida de sus fuerzas irá imponiendo soluciones de calidad para esos problemas, pues sus cualidades humanas y jurídicas aseguran la calidad de sus productos.

 
 


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