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  SUPLEMENTO DE DERECHO PENAL 

EDITORIAL

 
     
 

¿Que nos trae el año nuevo en materia de seguridad?

 

Por Analía V. Ploskenos   

 

Ha comenzado un nuevo año, en donde, tal como resulta típico y hasta ritualista, nuevos deseos y anhelos son convocados al unísono. Así, algunos desean salud, otros dinero, otros amor, y algunos, más seguridad. O a la inversa, menos inseguridad. Sin embargo, para modificar ciertas situaciones no alcanzan las meras expresiones de deseos, sino que se requieren soluciones que excedan al mero pragmatismo mediático. Así lo exige la política de seguridad. Empero, no parece ser el rumbo que  pretenden adoptar nuestros gobernantes. Veamos si no que ha sucedido por estos días.

El tema estrella sigue siendo los secuestros. Este debate parece no querer abandonar el dudoso privilegio de ocupar el primer lugar en las agendas públicas, particularmente en la Provincia de Buenos Aires. El fuego aquí parece reavivado, sobre todo en este último tiempo en que los blancos resultan ser individuos con alto perfil mediático.

A esto se suman las nuevas modalidades en esta práctica delictiva: las bandas no sólo poseen la ayuda logística y práctica de policías exonerados de la bonaerense, sino que cuentan con amplias zonas liberadas y guiñadas de ojos de los vigiladores privados, quienes conforman verdaderas fuentes de información.

Desde el Estado, la meta directa es frenar esta "locura" criminal. En pos de esto,  nuevas directivas se están adoptando, sobre todo desde el despacho del gobernador Solá. Así, entre las novedades securitarias nos encontramos con el diseño de planes piloto que intentarán conectar a los vigiladores privados de la zona norte -y rica- con las comisarías lindantes, y la instalación en la zona sur -y pobre- de nuevos comandos departamentales policiales, con el objetivo de colocar más patrullas en las calles y lograr una mayor conexión entre el llamado de auxilio de la población y el arrivo de los móviles. Asimismo, persiste la voluntad política de que la Prefectura continúe rodeando villas como La Cava, en donde no sólo se les exige a sus habitantes la exhibición de sus documentos de identidad para acceder a sus hogares, sino que los que tienen "cara de sospechosos" deben pasar por un control de antecedentes penales (Lombroso dixit). Estas disposiciones, sin embargo, no sorprenden. Las mismas se encuentran, mutatis mutandi, en sintonía con las últimas reformas legislativas de emergencia que se vienen implementando en el país desde hace más de diez años, políticas que logran únicamente reformas cosméticas y golpes efectistas, más que soluciones reales y cambios verdaderos.

Por estos pagos la cosa no cambia mucho; el plan de Ibarra de traspasar 500 efectivos de la Policía Federal al ámbito autónomico de la Ciudad de Buenos Aires - con idea futura de incorporar a un total de 2000 efectivos policiales -, el cual pretende instaurar un modelo de policía comunitaria, famoso allá por las europas (se sabe de nuestra debilidad por los modelos securitarios extranjeros) díficilmente alcance su meta con éxito; con el conocido tráfico de influencias, la escasa educación cívica y el paupérrimo nivel de la institución policial, parece destinado a una muerte prematura.

Empero, es cierto que existe una demanda de seguridad por parte de la sociedad. Sin embargo, el maestro Alessandro Baratta nos indica que esta necesidad de los ciudadanos no es solamente una necesidad de protección de la criminalidad y de los procesos de criminalización, sino que corresponde a la necesidad de estar y sentirse garantizados en el ejercicio de todos los propios derechos: derecho a la vida, a la libertad, al libre desarrollo de la personalidad y de las propias capacidades, a expresarse y comunicarse, a la calidad de vida, así como el derecho de controlar y a influir sobre las condiciones de las cuales depende la existencia de cada uno[1], porque, en el último de los casos, el derecho a la seguridad no es otra cosa que el derecho a los derechos[2].

Lo cierto es que si el norte en materia de seguridad continúa siendo implementar políticas belicistas, plagadas de la más pura ideología de la seguridad urbana, el futuro se presenta no sólo desolador, sino extremadamente represivo. Susan Sontag nos brinda nuestras últimas palabras al respecto: "De acuerdo, suframos juntos. Pero no hagamos el estúpido todos juntos. Un poco de conciencia histórica puede ayudarnos a entender qué es exactamente lo que ha sucedido y qué más podría suceder"[3].



[1] Baratta, Alessandro, “La política criminal y el derecho penal de la constitución: nuevas reflexiones sobre el modelo integrado de las ciencias penales”, Trad. Marianela Pérez Lugo y Patricia Chiantera, en Capítulo Criminológico, Vol. 26, Nº 2, 1998, p. 41.

[2] Baratta, A., “El concepte actual de seguretat a Europa”, Trad. Leticia Quiroz Ignacio, en Congrés internacional sobre les eines per a l`anàlisi de la seguretat. L´estat de la recerca, 13 de junio de 2000,  p. 3

[3] Sontag, Susan, "Seamos realistas", en Le Monde Diplomatique, 2001.

 


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