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Hay
muchas formas de recordar a un maestro. Hay muchas formas de
recordar a un amigo. Cuando se recuerda a un maestro que nos
honró con la amistad, las posibilidades se multiplican. Así,
cada vez que ponemos en práctica algo que nos enseño,
reafirmamos su presencia.
Cómo
no asociar la interpretación de la Constitución Nacional,
con el recuerdo a las enseñanzas del maestro. Cómo no tomar
como un imperativo por el inculcado propagar y propiciar los
principios republicanos de gobierno, como forma de
afianzamiento de las instituciones de la Nación y de
consolidación del estado democrático. Como no recordar el
castigo por él propiciado al legislador renuente a cumplir
con su función, bajo la admonisión de castigar dicha
conducta con la figura por
él pensada denominada inconstitucionalidad
por omisión.
Como
no evocar la soledad en la que cuestionó el orden jerárquico
que a partir de la década del sesenta se le asignara a los
Tratados Internacionales, contrariando las compromisos
asumidos por la ratificación de la Convención de Viena
de 1968. Tuvieron que pasar veintitrés años para que
jurisprudencialmente el Alto Tribunal lo rectificara, y
veintiséis años para que tu teoría hallara consagración
constitucional.
Tampoco
se puede dejar de soslayar el encomio puesto a fin de
concientizar a los Poderes del Estado respecto de su obligación
para con la Constitución Nacional.
Y
es que el desafío constante que sirvió de su guía,
fue operativizar el Texto Constitucional, a fin de que
el mismo llegara de la forma más limpia y clara a cada uno
de los habitantes de esta nación.
Querido
maestro, como se multiplica tu sombra, para todos aquellos
que fuimos testigos de que no solo predicaste la Constitución,
sino que la viviste a partir del ejemplo.
Estas
y muchas otras razones hacen que Germán Bidart Campos,
forme parte de esa contradicción nacional, que
despierta mundialmente curiosidad: cómo es posible que un país
que alumbra este tipo de talentos halla llegado a donde
llego, y esté donde esté. Será acaso por que no supimos
aprovecharlo en su totalidad, a partir de que su genialidad
incomoda? Profundizar esta línea de pensamiento, sería algo
ajeno a este recordatorio.
Estimado
maestro, a quien tu humildad de notable nos concedió la
descontractura de dirigirnos hacia tu persona a partir del
nombre “German”: Dios nos bendijo con tu presencia que
inculcó en nosotros la curiosidad por la investigación. No
tuviste hijos, pero tuviste y tendrás por siempre discípulo.
Tu nombre estará por siempre inscripto en el derecho
constitucional argentino y latinoamericano. Para tenerlo
siempre en cuenta y presente.
Simplemente gracias, muchas gracias y hasta siempre.
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