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Editorial (Noviembre, 2021)
¿Desea abrir una sucursal del Estudio en la realidad virtual del metaverso?

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Editorial (Noviembre, 2021)

¿Desea abrir una sucursal del Estudio en la realidad virtual del metaverso?

 

Por Horacio R. Granero

 

El metaverso es una definición que engloba a las interacciones sociales en un mundo virtual, una nueva forma de interactuar con la tecnología más allá de las pantallas, lo que no deja de ser alucinante, si bien el nombre en castellano –más aún en lenguaje argentino contemporáneo…– suena bastante peyorativo…

 

Recientemente vi la presentación de Mark Zuckerberg sobre el futuro que vislumbra de Facebook (ahora llamada Meta) dentro de este metaverso, que pretende crear, un mundo virtual siempre activo en el que las personas puedan vivir, trabajar, jugar y socializar con otros, en cualquier parte del mundo. “Inmersión de todo el día en el ciber espacio”, para usar sus palabras... 

 

No es el primer intento de un mundo virtual en línea, cuando ya conocimos en su momento Second Life, y en aquella oportunidad un estudio jurídico europeo, Fieldfisher se convirtió en el primer bufete de abogados en abrir una oficina virtual en esa plataforma, en 2007.

 

¿No puede ahora con el “metaverso” ocurrir lo mismo? Me pregunté si mi reacción, bastante negativa en un principio, no fue similar a la de quien veía con pesimismo a finales del siglo XIX el fin de los carros tirados por caballo. No debemos olvidar que muchos de los actuales abogados pertenecen a la denominada Generación Z, que han nacido a partir de 1995, o sea generaciones que han crecido en los albores de la sociedad digital. Con respecto a sus hábitos y usos concretos, se diferencian en su percepción del entorno y en matices sobre su visión del futuro. En particular, en lo que se refiere a ciertos valores y su relación con el trabajo debido, principalmente, a la diferencia del contexto socioeconómico en el que se han criado una y otra más que al entorno tecnológico. Más que una generación cuya identidad se define por la edad, está enmarcada en lo que probablemente es el cambio más importante: la llegada de Internet y la digitalización que ha trasformado irreversiblemente la forma en la que se comunican y relacionan. La confluencia de Internet y el auge de los teléfonos inteligentes están siendo de tal calado, que han transformado el mundo tal y como lo conocíamos, influyendo por tanto en la identidad de las nuevas generaciones. 

 

La forma en la que esta generación se relaciona, se forma e informa no puede entenderse sin la irrupción y combinación de estas tecnologías. Lo que les une, y seguramente lo que ha constituido la base principal de su comportamiento, permitiendo establecer conexiones entre sectores y procedencias diversas, es la importancia que adquiere la tecnología en sus vidas. Es una generación que ha nacido digital, que se ha educado en un entorno tecnológico con capacidad de adoptar nuevas tecnologías que en pocos años serán utilizadas de manera masiva por el resto de la sociedad, y se puede afirmar que se ha convertido en la primera cultura global, favorecida por la digitalización y que a pesar de ciertas peculiaridades regionales o sociales es la más homogénea de la era moderna. 

 

¿Cabe entonces preguntarse cómo se informan los jóvenes pertenecientes a la Generación Z, a qué recursos acceden, cómo está cambiando su forma de aprender? Recordemos que las herramientas digitales, ya forman parte de su idiosincrasia, son terminales de sus sentidos, no se entiende su vida sin la tecnología: han nacido rodeados de artefactos, los cuales simbolizan y aglutinan muchos impactos en el campo de la educación. No les gustan las clases magistrales, que el profesorado muestre prepotencia en conocimientos, inflexibilidad y falta de empatía. Prefieren que la formación sea experimental, práctica, que use innovaciones y trabajos en grupo, interactividad presencial y digital. La metodología tradicional abunda, con libros en papel, apuntes y procedimientos reproducidos desde hace muchos años. No obstante, cada vez más el cambio se introduce en las aulas, fruto de otras prospectivas educativas y adaptación a las nuevas realidades: aprendizaje significativo, educación personalizada, trabajo cooperativo, aprender haciendo, enseñanza competencial, métodos más activos con el alumnado como centro de atención. Entenderlos es el mejor punto de partida para educarla. Su enorme potencial exige comprensión, flexibilidad, innovación y participación, dentro de una sociedad del conocimiento que ha de orientarse también hacia un humanismo tecnológico. 

 

Esta generación, al ser nativos digitales que creció con la tecnología como centro de sus vidas desde sus primeros recuerdos, espera que en el futuro de su trabajo en Estudios se les brinden todas esas herramientas tecnológicas, que para ellos forman parte de su vida y que les ahorran tiempo de espera, trámites inútiles y trabajo automático y no se conforman con lo que para ellos es evidente y no aceptarán es vivir en un pasado del que ellos nunca han formado parte, que ni conocen ni se plantearían conocer nunca jamás y por eso valora la optimización de posibilidades en herramientas de búsqueda de información jurídica, siendo una de las cuestiones más valoradas la visualización simultánea de resultados, y por eso pueden ser de una extraordinaria ayuda para los que proponen sistemas que ellos van a utilizar y, por ello, necesitan encontrar las herramientas de trabajo necesarias para desarrollar todo su potencial.

 

Cabe preguntarnos cómo el "estado de derecho" del mundo real interactuará con el del metaverso. Lo cierto es que, las transacciones reales tienen lugar hoy día en plataformas, las disputas, destinadas a ser resueltas hoy se tratan en tribunales virtuales, si bien todavía a veces se extienden a los tribunales de la vida real. Desde el confinamiento por el Covid-19, todos nos hemos acostumbrado a trabajar de forma remota, colaborando en la medida de lo posible (pero no tan bien como nos gustaría) a través de videoconferencias y otras herramientas colaborativas. Las reuniones habilitadas por la realidad virtual (VR) o la realidad aumentada (AR) o una mezcla de estas (realidad mixta) podrían llevar lo que ahora tenemos a un nivel completamente nuevo. Hace tan solo tres o cuatro años, los proveedores que ofrecían aplicaciones de reuniones habilitadas para realidad virtual se limitaban a avatares que se parecían a personas torpes, cada uno etiquetado con el nombre de la persona que se pretendía representar. Los avatares de hoy en día se están volviendo mucho más realistas, con rasgos faciales convincentes y ropa realista. Demuestran emoción. Pueden hablar varios idiomas. Los espacios para reuniones se pueden adaptar a casi cualquier preferencia. Una sala de juntas bien marcada es una alternativa, por supuesto, pero ¿por qué no un claro de bosque, una playa en las Bahamas o el espacio exterior tal vez?

 

Por su parte, bajo el nombre de Mesh, Microsoft Teams busca construir también un espacio que brinde más opciones de interacciones en las reuniones virtuales, más allá de las conocidas video llamadas y los encuentros online como lo anunciara su CIO, Satya Natyela a comienzos de noviembre. Con avatares 3D y espacios virtuales tridimensionales, la compañía busca reducir la fatiga que generan esta modalidad de reuniones grupales remotas. Bajo esta propuesta, Microsoft Teams sumará avatares tridimensionales, un primer paso con la mira puesta en un entorno al estilo metaverso. En este caso, Mesh no necesitará que los usuarios utilicen un visor de realidad virtual, ya que estas representaciones animadas en 2D o 3D funcionarán como un recurso de reemplazo para aquellas personas que no desean encender su cámara web.

 

Muchos de los atributos cruciales de las interacciones de la vida real, que echamos de menos con las tecnologías de colaboración remota convencionales actuales, se están cumpliendo e incluso superando a medida que se dispone de nuevas capacidades y mejoran los anchos de banda. 

 

¿Cómo afectará todo esto a los abogados, a nuestros lugares de trabajo, cómo interactuamos con los clientes? ¿Cómo cambiará esto el negocio de nuestros clientes y, por lo tanto, las necesidades legales, la propuesta de valor al cliente que debemos ofrecer para satisfacer esas necesidades?

 

Ciertamente sería peligroso subestimar el impacto de las tecnologías emergentes de hoy. Lo que está claro es que el metaverso tal como está articulado daría lugar posiblemente a estudios de abogados y servicios legales, que son muy diferentes a aquellos con los que hoy estamos familiarizados y a los abogados quizás prefiramos instruirnos, a través de cursos en los que podremos interactuar a través de nuestros avatares.

 

El desafío parece interesante.

 

Citar: elDial.com - CC72C1

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