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Entrevista al Dr. Martín Zapiola Guerrico
-elegido por la publicación británica Latin Lawyer como "el abogado pro bono del año"-

Citar: elDial.com - CC3EA9

Copyright 2021 - elDial.com - editorial albrematica - Tucumán 1440 (1050) - Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina

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Entrevista al Dr. Martín Zapiola Guerrico
-elegido por la publicación británica Latin Lawyer como "el abogado pro bono del año"-
 


 

Buenos Aires, 5 de Mayo de 2015

 

Martín Zapiola Guerrico es abogado,  miembro de la Comisión de Trabajo Pro Bono e Interés Público del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires. Recientemente ha sido elegido por la publicación británica Latin Lawyer como “el abogado pro bono del año” por su compromiso en la promoción de este ejercicio de la profesión.

 

Por eso, desde elDial.com quisimos entrevistarlo. 

 

¿Qué es y cómo fue la creación de la Comisión Pro Bono del Colegio?

 

La Comisión Pro Bono es un espacio que convoca y reúne a un grupo de abogados que trabajan por el bien común  y cuenta con una Red de estudios jurídicos prestigiosos que actúan gratuitamente en casos de interés público. Entendemos al Derecho como una herramienta útil para el cambio social y la modificación de políticas públicas.

 

Comenzó como un movimiento de diversos directores y socios del Colegio de Abogados de la Ciudad  de Buenos Aires durante el año 2000.  Fue creciendo y sumando nuevos estudios a la Red, que actualmente cuenta con 20 de ellos.

 

Los estudios son sumamente importantes para el trabajo de  la Comisión y, asimismo, son lo que sostienen financieramente a la misma. Los estudios miembros de la Red deben pagar una matrícula anual y una cuota mensual.

 

Gracias a este financiamiento pudimos contratar en su momento a una coordinadora y a una asistente, lo que cambió mucho la dinámica y aceleró el crecimiento.

 

¿Las aéreas de expertise son determinantes al momento de tomar un caso por parte del abogado?

 

En el trabajo pro bono no  es indispensable  manejar un área de expertise determinada para tomar un caso, pero si es determinante la motivación  y el interés por tomar el caso. En el trabajo pro bono es clave cuánto me sensibiliza o apasiona el caso que estoy aceptando, ello –sumado a la responsabilidad del profesional– determina en gran medida la calidad y eficiencia de la gestión. Por supuesto, el abogado tiene que estar dispuesto a estudiar lo que no sabe y a consultar a otros colegas probonistas con mayor experiencia en casos similares.

 

Un elemento de la cultura pro bono, que no se encuentra en el trabajo rentado,  es que es muy horizontal y colaborativa. En gran medida el trabajo se practica en red y es habitual consultar libremente a nuestros colegas. En el Pro Bono “copiar no es malo”: al no existir el elemento competitivo de otras areas –dado que todos trabajamos por un interés público– es habitual compartir conocimientos y “know-how” profesional. De alguna medida, todos somos parte de algo más grande, un proyecto que nos excede y nos enorgullece al mismo tiempo.

 

¿Qué pasa con el conflicto de interés entre los estudios y los clientes de pro bono?

 

El chequeo del posible conflicto de intereses es una norma ética esencial en nuestra profesión, ya sea que la ejerzamos en forma pro bono o en forma rentada. Un abogado no puede representar intereses contrapuestos en forma simultánea y ello se aplica en todos los órdenes del ejercicio profesional. Dado que la Red de nuestra Comisión cuenta con muchos estudios jurídicos, y que los casos se toman sobre una base estrictamente voluntaria, si  existe conflicto de intereses para uno de los estudios nada obsta a que el caso sea tomado por otro.

 

¿Cuál es su motivación en el trabajo de promover el Pro Bono? ¿Qué es lo que lo llevó (y lo lleva) a trabajar “por el bien público”?

 

A mí siempre me interesó la “cosa pública” y tengo un vínculo afectivo muy fuerte con el país. Pero alrededor del 2001, con la crisis económica y con las escenas que uno veía en la calle, de la gente revolviendo en la basura, cinco presidentes en una semana, default, congelamiento de depósitos bancarios, 50% de la gente debajo de la línea de pobreza, mi “autoestima ciudadana” tocó fondo, me sentí muy frustrado.

 

Esto sucedió –no por casualidad– en un momento en que, con un grupo de consocios del Colegio deAbogados de la Ciudad de Buenos Aires, estábamos intentando armar una red de  estudios dispuestos a hacer trabajo voluntario y gratuito en causas de Interés Público. Todos sentíamos que las causas de la crisis que estaba viviendo el país no eran meramente “circunstanciales”,  sino que tenían un carácter más profundo y vinculado con lo institucional y el no-imperio de la ley.

 

Así es que empecé a tener la posibilidad de trabajar en causas judiciales vinculadas con temas de Interés Público y, de tal manera, aportar mi “granito de arena” en el terreno legal-institucional. Intervine en el 2001, junto con otro estudio probonista, en la causa contra el Senado  de la Nación por su negativa a hacer públicas las declaraciones patrimoniales de los senadores (en violación a la Ley de Ética Pública) y luego en otras causas de alto impacto.

Para mí el pro bono funciona como una suerte de “laborterapia”, que me ayuda a calmar mi angustia  como ciudadano.

 

¿Cuáles son los principales desafíos/obstáculos a la hora de realizar trabajo pro bono en Argentina?

 

No creo que haya obstáculos materiales importantes, ya que no hay limitaciones regulatorias o normas que impidan o limiten la práctica pro bono. Sí existen desafíos culturales, ya que nuestra profesión está hoy muy focalizada en la abogacía como medio de subsistencia personal (algo que por supuesto es muy válido) y muy desentendida de su eminente función institucional. Si los abogados argentinos del siglo XIX hubieran tenido la misma actitud, no sé si hoy tendríamos un país. 

 

En el caso del abogado que trabaja en forma independiente, éste puede sentir  que la falta de  “expertise” específica pueda llegar a ser una limitación, pero si el abogado tiene la voluntad de estudiar y de consultar a sus colegas, eso se supera.

 

En el caso del abogado que trabaja dentro de una organización, puede ser un poco más complicado, ya que necesita un apoyo muy fuerte de la organización para que le permita, dentro de su horario laboral, dedicarse a  temas pro bono.

 

La Comisión trabaja mucho con los estudios para mejorar las condiciones de esos abogados con vocación pro bonista, para que haya condiciones favorables y la práctica pro bono no vaya en detrimento de sus posibilidades de crecer profesionalmente dentro de la organización. Muchos de los estudios de la Red han suscripto un Compromiso de Buenas Prácticas Pro Bono que vá en esa dirección y es un hecho muy positivo.

 

¿Ha crecido la activad pro bono en el país en estos últimos años?

 

Hablando desde la Red Pro Bono de la Comisión, la actividad ha crecido mucho; ésta ya cuenta con  20 estudios, desde los más grandes a los más chicos, que atienden a cientos de ONG e individuos en problemáticas legales de Interés Público. Los estudios han avanzado mucho en la institucionalización interna del trabajo Pro Bono y participan en muchos proyectos de impacto social. También hemos avanzado a niver de Universidades: la Comisión trabaja con la UBA y universidades privadas en charlas y talleres para difundir la importancia del trabajo Pro Bono entre los futuros abogados.

 

El nuestro es un proyecto de cambio cultural en la profesión y, como tal, su avance requerirá se mide en décadas y no en años.

 

Seguramente tendrá muchas experiencias y anécdotas como abogado pro bono, pero ¿podría contarnos alguna que recuerde especialmente?

 

Hay muchas, pero recuerdo una con especial cariño. Es un caso que llevó un estudio de la red, para lograr que las escuelas públicas y privadas de la Ciudad fueran accesibles para personas con discapacidad.

 

El 85% de las escuelas de la Ciudad no eran accesibles. Esto quiere decir, que para que un chico pudiera entrar al colegio tenía que ser “izado” por varios compañeros en su silla de ruedas (y muchas otras dificultades mayores, claramente indignas e inhumanas). Es así que un estudio jurídico de la Red patrocinó a una ONG dedicada al tema, que se llama “Acceso Ya”.

 

Iniciaron un amparo que tuvo sentencia favorable en primera instancia; el GCBA apeló la sentencia, pero luego se inició un canal de diálogo con el Gobierno de la Ciudad y la ONG. Yo participé en las reuniones de negociación –en razón del involucramiento institucional de la Comisión Pro Bono con el caso– y era fascinante observar como el Gobierno y la “sociedad civil” mantenían maratónicas sesiones de diálogo en busca de un acuerdo para dotar de accesibilidad física a cientos de escuelas escuelas de la Ciudad, con un cronograma realista y proactivo a la vez.

Finalmente se firmó un acuerdo  entre el Ministerio de Educación y la ONG, y en ese acto solemne tomé conciencia de los cambios sistémicos que se pueden generar cuando se unen las ONG con abogados probonistas comprometidos.

 

¿Qué consejos le daría a abogados que tienen interés en realizar trabajo pro bono (abogados particulares o miembros de estudios que no son parte de la comisión pro bono) pero que no se animan a arrancar?

 

Lo primero que les recomendaría es que busquen un tema que los sensibilice, que los movilice: tiene que haber una motivación personal.

 

Después les diría que no sean tímidos a la hora de consultar a sus colegas, obviamente sobre la base de la reciprocidad. En ese sentido, la Comisión Pro Bono genera ámbitos muy propicios para el intercambio de ideas y para compartir conocimientos y know how (pueden ver más información en www.probono.org.ar). Para quienes ejercen la profesión en forma individual, es importante contar con una “red de contención y consulta”.

 

Cuéntenos qué sucede en América Latina y en el resto del mundo. ¿Se ha extendido la cultura Pro Bono?

 

El movimiento comenzó en Buenos Aires y Santiago de Chile en el año 2000 aproximadamente, y luego se sumó Colombia. Posteriormente se han sumando varios países, como Brasil, México, Perú y Venezuela.

 

Para un mejor trabajo contamos con una red de iniciativas latinoamericanas que se llama “Red Pro Bono para las Américas”, y justamente es una especie de “organización de segundo piso” para que las distintas iniciativas regionales puedan comunicarse, compartir experiencias y derivarse casos pro bono transnacionales.

 

Por último, Zapiola Guerrico mencionó que la Comisión está organizando el Primer Foro Argentino de Abogacía Pro Bono en el mes de septiembre de este año. El evento estará dirigido a abogados, estudiantes de derecho y ONGs. Un objetivo importante de las jornadas es convocar a abogados del Interior del país para ayudar a “federalizar” la práctica del Pro Bono. “También haremos mucho foco en cuestiones candentes de Interés Público y cómo la sociedad civil y los abogados pueden involucrarse positivamente en las mismas” –agregó–.

 

Citar: elDial.com - CC3EA9

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