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diciembre  7, 2022

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La llama no se apagará: Fe y esperanza en acción

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Copyright 2022 - elDial.com - editorial albrematica - Tucumán 1440 (1050) - Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina

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La llama no se apagará: Fe y esperanza en acción

 

Por Juan Antonio Travieso

 

 

Los portales y periódicos de todo el mundo anuncian una noticia que conocemos y que hemos adelantado en otras editoriales en ocasión de otras acciones de Rusia:

 

“Rusia y Ucrania: La invasión de Ucrania es un acto de agresión y una catástrofe para los derechos humanos”

 

Las fotos en los medios nos invaden en la realidad.

 

Lo cierto es que la invasión de Ucrania ya se ha traducido en ataques indiscriminados a zonas residenciales, instituciones médicas, infraestructura social y otros bienes e infraestructura de carácter civil, y ha causado muertes y heridas entre la población civil. Ha provocado un desplazamiento masivo y la destrucción de viviendas civiles. En los combates en Donetsk y Luhansk, sobre todo en 2014-2015, hubo ejecuciones extrajudiciales, tortura y otros malos tratos, desapariciones forzadas y privación ilegítima de libertad.

 

Esa es la realidad y constituyen las crónicas de un desastre anunciado.

 

En tanto otros adelantaron lo que iba a suceder.

 

Dicen con razón que los filósofos van un paso adelante y es así que hace tres años dos pensadores, Bernard-Henri Lévy francés y Aleksandr Duguin ruso, participaron de un simposio en el que discutieron con pasión visiones que iban a modelar la invasión de Ucrania.

 

Lévy afirmó que “La invasión de Ucrania por Rusia es una violación manifiesta de la Carta de las Naciones Unidas y un acto de agresión que constituye un crimen de derecho internacional”

 

Ahora escuchemos a Duguin:

 

“Creo que nos acercamos al final de la hegemonía occidental, del dominio estadounidense o del liberalismo global. Me gustaría preguntarle por qué sigue defendiendo este sistema cada vez más abiertamente nihilista, por qué lucha por esta modernidad decadente, en decadencia, y por qué invierte todo su poder intelectual para defenderla”.

Lévy contesta sin dudas:

 

“Lucho por la modernidad política, porque significa democracia, libertad, igualdad entre mujeres y hombres, laicismo, etc.”, contesta el francés. “Aunque la modernidad política probablemente esté en crisis, rechazo la idea de su decadencia irreversible y, peor aún, de su desaparición. Y lo rechazo porque creo firmemente que la supervivencia de la democracia liberal es una ventaja para el mundo entero”.

 

Duguin replica:

 

Desafío que el sujeto de la libertad sea el individuo”, “Por ejemplo, en nuestra tradición rusa, el sujeto de la libertad o el sujeto humano no es individual, es colectivo. Y eso fue en la época de los zares, eso lo definió la iglesia, después el comunismo. Pero la identidad colectiva siempre fue dominante en nuestra cultura. (...) Solo cuestiono que la única forma de interpretar la democracia es como el gobierno de las minorías contra la mayoría, que la única forma de interpretar la libertad es como la libertad individual, y que la única forma de interpretar los derechos humanos es proyectando un estilo moderno, occidental, versión individualista de lo que significa ser humano en otras culturas”.

 

Pero Lévy también replica:

 

“Veo una pura y rabiosa agresión y violación del derecho internacional, veo un intento de reescribir y revisar la historia que, por cierto, si te entiendo bien, hoy persigues. Cuando dices que Ucrania es un estado nuevo, esto es lo que escuché: ¿cómo puedes decir eso? Ucrania existió antes que Rusia”, “Ucrania es un país antiguo, más antiguo que Rusia”.

 

Sin argumentos Duguin invade con la palabra:

 

“Es Rusia”.

 

Cuando se acaban las palabras comienza la fuerza: Es Rusia

 

Pero el derecho internacional tiene mucho que hacer.

 

El mensaje es que hay que requerir a los Estados miembros de la ONU que protejan y defiendan la Carta de la ONU, que prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de un Estado. Recordemos que las únicas excepciones de estas disposiciones son la legítima defensa y que este uso de la fuerza sea autorizado por el Consejo de Seguridad de la ONU, ninguna de las cuales se aplica a esta crisis.

 

Tampoco dejemos de recordar que, según el derecho internacional, corresponde a todos los Estados resolver las controversias internacionales por medios pacíficos y sin que se ponga en peligro la paz, la seguridad y la justicia internacionales.

 

En síntesis: “La invasión de Ucrania por Rusia es importante, grave y está definida por una sola característica: la agresión.

 

“Rusia incumple claramente sus obligaciones internacionales. Sus actos son abiertamente contrarios a las normas y principios en los que se fundaron las Naciones Unidas. Todos los miembros de la ONU deben condenar rotundamente esta conducta. No se puede permitir que el flagrante desprecio de Rusia envalentone a otros a seguir su ejemplo ni que debilite la capacidad de la ONU para contener esta conducta”.

 

Es hora de parar esta guerra absurda.

 

La escena ahora se desarrolla en la Asamblea de Naciones Unidas, lejos de los misiles y bombas:

 

Con 140 votos a favor, 5 en contra y 38 abstenciones, el mensaje de una gran mayoría de países del mundo fue claro: las “consecuencias humanitarias de la agresión contra Ucrania” deben ya ser evaluadas y tomadas en cuenta.

 

La primera línea de la resolución es tan realista como contundente: “Reafirmando su determinación de preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”.

 

Su tercer elemento no es menos importante: “Recordando la obligación que incumbe a todos los Estados, con arreglo al artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas, de abstenerse en sus relaciones internacionales de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial (…)”

 

Así lo transmite con emotividad el preámbulo de la Carta de la ONU que estamos enseñando desde hace medio siglo:

 

“Nosotros, los pueblos de las Naciones Unidas, resolvieron preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la humanidad sufrimientos indecibles…”.

 

Para terminar y para comenzar escuchemos el discurso de Charles de Gaulle el 18 de junio de 1940.

 

“Pero, ¿se ha dicho la última palabra? ¿La esperanza debe desaparecer? ¿La derrota es definitiva?¡No!

 

Pase lo que pase, la llama no debe apagarse y no se apagará.”

 

Eso es todo. Ahora Fe y Esperanza.

 

 

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